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title: "Libertad, Ley y Ética: el punto de partida peronista"
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description: "Para abordar este concepto, se debe considerar al peronismo como un sistema de pensamiento coherente, profundamente humanista y políticamente situado. Perón nunca habló por ocurrencia: cada afirmación sobre la libertad está anclada en una concepción integral del hombre, de la comunidad y del Estado."
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# Libertad, Ley y Ética: el punto de partida peronista

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**Por: Victor Hortel (*)**

Cuando Perón afirma que “lo más importante es que el pueblo sea libre, libre dentro de la ley y, además, dentro de una ética, sin la cual la libertad es un mito”, está delimitando con precisión quirúrgica el campo conceptual de la libertad. Para el peronismo, la libertad no es una abstracción metafísica ni un atributo individual desvinculado del orden social. Es una práctica concreta, posible únicamente dentro de un marco normativo y ético.

La ley, en esta formulación, no es un límite arbitrario sino una condición de posibilidad: sin reglas comunes no hay libertad sino ley del más fuerte. Y la ética cumple un rol aún más profundo: evita que la libertad se degrade en mero permiso para el abuso. Allí donde la ética desaparece, la libertad se convierte en un eslogan vacío, funcional a la dominación y no a la emancipación.

La célebre afirmación “se ha dicho que sin libertad no puede haber justicia social, y yo respondo que sin justicia social no puede haber libertad” invierte deliberadamente el razonamiento liberal clásico. Perón no niega la libertad; la redefine. Señala que la libertad formal, proclamada en abstracto, carece de contenido real si grandes sectores del pueblo están condenados a la miseria, la ignorancia o la exclusión.

En términos rigurosos, la justicia social es la condición material de la libertad. Un hombre sin trabajo digno, sin educación, sin salud, no es libre aunque el orden jurídico así lo declare. El peronismo introduce aquí una concepción sustantiva de la libertad: no basta con no estar jurídicamente impedido; es necesario estar socialmente habilitado.

Cuando Perón sostiene que “la libertad no puede discutirse; se conquista y se va realizando”, rechaza toda idea de libertad otorgada graciosamente desde el poder o garantizada de una vez y para siempre. La libertad es un proceso histórico, una construcción colectiva que se defiende y se amplía en el tiempo.

No se trata de una noción romántica ni voluntarista: Perón habla desde la experiencia concreta de un pueblo que conquistó derechos laborales, políticos y sociales mediante organización, conciencia y lucha. La libertad, en el pensamiento justicialista, no es un punto de partida sino un resultado siempre provisorio.

La frase “la libertad sin justicia es la peor de las ignominias” condensa el núcleo ético del justicialismo. Una sociedad que proclama libertades mientras tolera injusticias estructurales incurre en una hipocresía moral profunda. Esa libertad selectiva —que beneficia a unos pocos y excluye a las mayorías— no es libertad: es privilegio.

Perón advierte que este tipo de “libertad” es particularmente peligrosa porque se presenta como valor supremo mientras legitima la desigualdad. Por eso la califica no solo de error político, sino de ignominia, es decir, de afrenta ética.

Finalmente, cuando se afirma que “para el peronismo, que es profundamente humano, no hay nada más humano que la libertad”, se está lejos de cualquier autoritarismo doctrinario. El peronismo no niega la libertad; la coloca en su justa dimensión humana. Pero inmediatamente aclara su contenido: una libertad inseparable de la justicia y radicalmente incompatible con el daño al otro.

De allí que el justicialismo “no conciba libertad sin justicia, ni libertad para atentar contra la libertad”. Esta formulación excluye tanto el individualismo extremo como el despotismo. La libertad peronista es personal y social, individual y colectiva, siempre orientada al bien común.

La concepción peronista de la libertad no es ambigua ni contradictoria: es exigente. Exige ley, ética, justicia social y responsabilidad comunitaria. Frente a las libertades vacías del liberalismo formal y frente a las negaciones autoritarias de la libertad, el justicialismo propone una síntesis superadora: la libertad real de un pueblo socialmente justo, moralmente responsable y políticamente organizado.

Ese es el legado doctrinario del General Perón. No un conjunto de frases para citar, sino un pensamiento para comprender y, sobre todo, para realizar.

A ello debe agregarse, con la misma claridad doctrinaria, por qué el peronismo no comparte el concepto de libertad sostenido por el libertarismo que encarna Javier Milei. No se trata de una discrepancia meramente política o coyuntural, sino antropológica y filosófica. El libertarismo reduce la libertad a la ausencia de intervención estatal y la identifica casi exclusivamente con la lógica del mercado, como si el intercambio económico entre individuos formalmente libres agotara el problema de la emancipación humana.

Desde la doctrina justicialista, esa concepción es insuficiente y profundamente regresiva: ignora las desigualdades estructurales de partida, naturaliza la concentración del poder económico y confunde libertad con desprotección. Para el peronismo, un hombre abandonado a las fuerzas impersonales del mercado no es más libre, sino más vulnerable.

Allí donde el Estado se retira en nombre de una libertad abstracta, avanzan nuevas formas de dependencia y subordinación. Por eso el justicialismo no acepta una libertad que prescinde de la justicia social, que desentiende a la comunidad organizada y que convierte el derecho del más fuerte en regla general. Esa no es la libertad del pueblo: es la libertad de unos pocos a costa de la mayoría.

**(*) Abogado.**

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