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title: "El fútbol, de luto: talento senior, legado y pertenencia"
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description: "En apenas unas horas, el fútbol argentino despidió a dos hombres de generaciones distintas y recorridos muy diferentes, unidos por algo que va mucho más allá de un deporte: la capacidad de dejar huella en otros. Miguel Ubaldo Ignomiriello murió a los 99 años. Jorge Horacio Messi, padre y representante de Lionel, a los 68."
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date_published: "2026-08-11T08:29:00-03:00"
date_modified: "2026-08-11T08:30:23-03:00"
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# El fútbol, de luto: talento senior, legado y pertenencia

**![2](/download/multimedia.normal.9663866cf07ad53d.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)Por: Lic. Sandra Campos (*)**

Ambos construyeron desde el conocimiento y el amor. Uno fue maestro de generaciones y pionero de métodos. El otro, el padre que acompañó a un chico rosarino mucho antes de los Balones de Oro y la Copa del Mundo.

Dos vidas que invitan a hablar de fútbol, pero también de Nueva Edad, talento, instituciones y legado. En ambos casos, fueron personas que siguieron aportando cuando la edad, la salud o la vida podía haberlas corrido de escena. Y en medio, un tejido conectivo que sostuvo y que los hará eternos: las instituciones deportivas y culturales.

**Miguel Ignomiriello**

Miguel Ignomiriello encarna aquello que llamamos exactamente hoy “talento senior”. No simplemente experiencia, sino experiencia convertida en criterio: haber visto, acertado, aprendido y transformado ese recorrido en conocimiento útil para otros, y haberlo sostenido durante toda su historia.

Su nombre quedó unido a Estudiantes de La Plata y a aquella “Tercera que Mata” que formó en los años sesenta, y también a varias otras instituciones deportivas en las que volcó su saber. Pero su legado no se agota en nombres o títulos porque su aporte estuvo en una manera de entender la formación: método, disciplina, hábitos y una mirada que no separaba al jugador de la persona.

Ignomiriello siguió siendo referencia durante décadas y su activo estaba en la memoria, en el análisis y en la capacidad de transmitir esa lectura que sólo puede construirse después de muchos años de oficio. Aún en 2025 participaba de actividades vinculadas con aquella generación que había formado tantos años atrás.

Llegar a los 99 años es un dato biológico pero llegar a esa edad conservando un lugar de reconocimiento, consulta y pertenencia es otra cosa: es un modelo de longevidad con sentido.

Estudiantes fue fundamental en ese recorrido, no sólo como club, sino como casa, territorio e identidad. Y aquí aparece otra dimensión de la longevidad que muchas veces olvidamos: la importancia de las instituciones.

Una organización puede jubilar a una persona de una función y, sin embargo, seguir necesitando de su experiencia. Puede mantenerla vigente como fuente de conocimiento, como capital intelectual y modelo en valores, algo que se transmite con el ejemplo de la vida misma.

Estudiantes hizo de Ignomiriello parte de su propia memoria e identidad. Una institución que conserva a sus mayores no está mirando solamente hacia atrás, está cuidando su futuro porque la memoria institucional no vive en una vitrina, vive en el legado vivo de cada persona que formó y cuidó.

**Jorge Messi**

Jorge Messi representa otra forma del talento. Una que no nace de un método de entrenamiento sino del vínculo más primario: el de un padre con un hijo.

Cuando Lionel tenía 13 años y cruzó el Atlántico para incorporarse al Barcelona, era un adolescente con condiciones excepcionales y una carrera por construir. Jorge estuvo allí. Acompañó el comienzo, sostuvo decisiones difíciles y, con el tiempo, se convirtió también en su representante. El propio Barcelona recuerda que, durante una lesión importante en aquellos años formativos, Lionel estuvo cuidado en la ciudad por su padre y por el club.

Pero quizá la importancia de Jorge se comprende todavía mejor si dejamos de mirar solamente aquellos primeros años porque estuvo cuando Lionel necesitaba que alguien le abriera puertas, pero también cuando ya podía abrirlas todas solo, su padre estuvo siempre presente aún durante su plenitud.

Cuando Messi se transformó en figura mundial, dejó Barcelona, pasó por París, eligió Miami y alcanzó con la Selección Argentina la consagración mundial tan esperada, el padre continuó siendo una referencia. Incluso en 2023, cuando Lionel decidió continuar su carrera en Inter Miami, Jorge seguía interviniendo como su representante en las conversaciones sobre su futuro. La función había cambiado, pero el vínculo permanecía.

Y allí aparece una idea poderosa: acompañar no significa ocupar siempre el mismo lugar. Hay momentos para conducir y momentos para correrse. Para decidir y para confiar. Para proteger y para simplemente estar porque, incluso el mejor del mundo sigue siendo hijo ya que, hasta quien parece tener todas las respuestas, necesita un territorio íntimo donde volver a ser simplemente quién es.

**Las instituciones, su labor**

En esta historia las instituciones fueron esenciales. Newell’s fue el primer territorio futbolístico de Lionel. Barcelona fue el gran espacio de formación que recibió al adolescente y lo convirtió en profesional. Y la Selección Argentina terminó siendo un espacio de pertenencia inseparable de su identidad.

Los clubes son mucho más que estructuras administrativas. Cuando funcionan bien gracias a muchas personas que cada día abren sus puertas y contienen, ofrecen reglas, memoria, comunidad, afectos, rituales y sentido de pertenencia. Son una especie de mar que contiene, territorio que identifica y plataforma desde la cual despegar.

El talento necesita libertad para crecer, pero también necesita contornos. Necesita saber de dónde viene y la familia puede ser raíz, la institución puede ser alas y esta paradoja es necesaria para mantener los pies en la tierra cuando alrededor todo cambia.

En las historias de Ignomiriello y Messi, esas instituciones no fueron meros escenarios y banderas, fueron espacios desde los cuales construir, aprender, pertenecer y regresar.

Estudiantes para Miguel. Newell’s, Barcelona y la Selección en diferentes momentos de la vida de Lionel.

La relación, además, es de ida y vuelta: las instituciones contienen a las personas, pero las personas también dejan una impronta que transforma a las instituciones.

**El encuentro de dos historias**

Uno enseñó a generaciones de futbolistas, el otro acompañó a un hijo desde la incertidumbre de los comienzos hasta la cima de su realización. Los dos muestran que la formación puede expresarse como metodología y criterio, pero también como paciencia, escucha, confianza, pertenencia y amor.

No todo el capital acumulado durante una vida entra en un currículum.

Y quizá sea ése uno de los errores de nuestras sociedades cuando piensan el envejecimiento: medimos cuánto puede seguir produciendo una persona, pero no siempre cuánto puede seguir transmitiendo.

Vivimos más pero el desafío no es sólo agregar años a la vida: es ofrecer espacios para que las personas sigan siendo parte.

¿Tenemos instituciones capaces de aprovechar la experiencia de quienes llevan décadas aprendiendo?

¿Entendemos que acompañar, orientar y transmitir también es producir valor?

Eso es intergeneracionalidad: no elegir entre juventud y experiencia, sino construir con ambas.

Y finalmente aparece la pregunta más difícil.¿Qué queda de nosotros cuando físicamente ya no estamos?

**Lo que queda**

Quizás esa sea una de las formas más profundas de medir una vida, no sólo por los años vividos o los éxitos alcanzados, sino por aquello que continúa vivo en otros. Un entrenador deja más que métodos, deja maneras de pensar y actuar; un padre deja gestos, códigos, valores, frases, silencios, y una institución deja pertenencia.

Ignomiriello ya no estará físicamente para explicar cómo veía el fútbol, pero una parte de su mirada seguirá apareciendo en quienes aprendieron de él y en el club que convirtió su historia en identidad.

Jorge ya no estará físicamente junto a Lionel, pero los padres, cuando han dejado una impronta profunda, siguen apareciendo de otras formas: en una decisión, en la manera de afrontar una dificultad, en la forma de criar a los propios hijos, en una memoria que vuelve justo cuando hace falta.

El valor de la influencia no tiene edad. Miguel desde el conocimiento, Jorge desde el amor, las instituciones desde la pertenencia. Tres fuerzas capaces de sobrevivir a la ausencia y, por sobre todo de gestar valores y sostener personas de bien.

Tal vez el gran desafío de una vida, sin importar la edad cronológica, sea lograr que algo valioso de nosotros siga caminando cuando ya no estemos. En el fútbol, como en la vida, los mejores legados no siempre levantan una copa. A veces enseñan. A veces sostienen. A veces acompañan, pero casi siempre dejan, en quienes vienen detrás, una forma más firme de tener los pies en la tierra.

¡Gracias Miguel! ¡Gracias Jorge! Siempre presentes en el legado y en la huella.

**(*) Directora de Masa Madre Consultora**

**Especialista en Economía Plateada y Longevidad Positiva**

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