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title: "El fin de la burbuja criptobro: caen proyectos y el mercado vuelve a exigir negocios que produzcan"
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description: "Más de 100 proyectos cripto desaparecieron durante 2026 y las altcoins perdieron hasta 90%. No es el final de las criptomonedas, sino de un modelo financiado por tokens, capital barato y la promesa de enriquecimiento perpetuo."
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date_published: "2026-08-11T21:34:00-03:00"
date_modified: "2026-08-11T21:35:58-03:00"
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# El fin de la burbuja criptobro: caen proyectos y el mercado vuelve a exigir negocios que produzcan

![NOTA CRIPTO](/download/multimedia.normal.a3c3863216fc63c2.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)La fiesta criptobro empieza a recibir la cuenta. Más de 100 proyectos cerraron, quebraron o abandonaron sus operaciones durante 2026, según datos de RootData. Las altcoins perdieron entre 70% y 90% de su valor y el capital dejó de financiar cualquier proyecto acompañado por una blockchain, un token y una promesa de riqueza futura. Las criptomonedas no están desapareciendo. Lo que empieza a desaparecer es algo bastante menos tecnológico: la fantasía de que emitir un activo y conseguir compradores constituye por sí mismo un negocio.

La diferencia es fundamental. Una tecnología puede sobrevivir al derrumbe de las empresas construidas alrededor suyo. Ocurrió con internet después de la burbuja puntocom. Miles de millones de dólares desaparecieron, centenares de compañías quedaron en el camino y la red siguió transformando la economía mundial. El mercado cripto parece haber ingresado en una depuración parecida.

La crisis atraviesa exchanges, billeteras, NFT, protocolos DeFi y redes blockchain. El problema común es financiero antes que tecnológico. Muchos proyectos pagaban desarrolladores, incentivaban usuarios y financiaban operaciones mediante tokens propios. Mientras esos activos subían, la contabilidad parecía maravillosa. Cuando perdieron 70%, 80% o 90%, quedó expuesta una pregunta incómodamente antigua: ¿de dónde salen los ingresos?

Algunas respuestas fueron demoledoras. Tally llegó a prestar servicios a más de 500 protocolos y procesó más de US$1.000 millones en pagos, pero no consiguió convertir semejante utilización en un negocio sostenible. Everclear movía hasta US$500 millones mensuales entre blockchains y también agotó su capital. Mucho tráfico, mucha tecnología y poca caja.

Cuando el token deja de reemplazar al negocio

La comparación con las puntocom sirve precisamente por eso. No quebró internet. Quebraron empresas cuya valuación suponía que tener usuarios era suficiente aunque nadie hubiera descubierto todavía cómo cobrarles. En 2026 el mercado cripto empezó a formular la misma pregunta brutal: quién paga y por qué.

La restricción financiera aceleró la selección. Según RootData, más de un centenar de proyectos ya desapareció este año. A eso se agregó la vulnerabilidad tecnológica. Blockaid calcula que los ataques on-chain provocaron pérdidas por US$1.100 millones solamente durante el primer semestre, superando todo 2025. Con tokens depreciados y fondos de inversión menos dispuestos a financiar rescates, un hackeo que antes podía absorberse ahora puede significar el cierre.

Los sobrevivientes ofrecen una pista. Hyperliquid superó US$1.000 millones en comisiones acumuladas. Aave mantenía más de US$12.000 millones en depósitos y generaba más de US$100 millones anualizados en comisiones. Ether.fi consiguió diversificar ingresos. No sobreviven porque hayan encontrado una alquimia financiera superior, sino porque alguien paga por utilizar lo que ofrecen.

El cambio coincide además con un mundo financiero bastante menos enamorado de las promesas. Oro, energía, minerales estratégicos, infraestructura, industria y activos capaces de producir flujos concretos recuperaron centralidad en un escenario de tensiones geopolíticas y capital más selectivo. La realidad volvió a cobrar derecho de admisión.

Eso no sentencia a Bitcoin, Ethereum ni a toda la economía blockchain. Sería tan simplista como haber anunciado en 2001 la muerte de internet. Puede ocurrir exactamente lo contrario: que sobreviva una industria menor, más concentrada y bastante más útil.

Lo que sí parece agotarse es aquella adolescencia financiera donde cada token podía presentarse como la próxima revolución y cada muchacho con una notebook como futuro millonario. El mercado tardó años y miles de millones de dólares en redescubrir una verdad que cualquier almacenero conocía: una cosa vale porque alguien necesita lo que produce. Todo lo demás puede subir durante mucho tiempo. Hasta que deja de hacerlo.

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