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title: "Se desploma la confianza del consumidor y el bolsillo vuelve a ponerle un límite al modelo económico"
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description: "El índice de la Universidad Torcuato Di Tella cayó a 40,23 puntos en agosto y acumula un derrumbe del 15,09% desde su máximo de enero de 2025. La paradoja es contundente: mejora la percepción macroeconómica, pero empeoran las finanzas personales y las posibilidades de realizar compras importantes."
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date_published: "2026-08-21T08:26:00-03:00"
date_modified: "2026-08-21T08:27:43-03:00"
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# Se desploma la confianza del consumidor y el bolsillo vuelve a ponerle un límite al modelo económico

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La economía puede ordenar algunas variables y, al mismo tiempo, no convencer al consumidor. Eso es exactamente lo que vuelve a mostrar el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella: en agosto descendió hasta 40,23 puntos y profundizó una tendencia que comenzó bastante antes. Desde el máximo de 47,38 registrado en enero de 2025, la confianza acumuló una caída del 15,09%.

No es una encuesta electoral ni mide simpatías partidarias. El ICC pregunta algo bastante más concreto: cómo observa cada persona su situación económica, qué espera para el futuro y si considera que llegó el momento de comprometer dinero en electrodomésticos, automóviles o una vivienda. En otras palabras, intenta medir la predisposición a consumir cuando la compra puede esperar.

Y allí aparece una señal problemática para el programa económico de Javier Milei. La desaceleración inflacionaria y el ordenamiento de determinadas variables macroeconómicas todavía no consiguieron transformarse en una expectativa suficientemente fuerte como para que las familias recuperen confianza en su propia capacidad de compra.

El contraste interno del indicador resulta incluso más revelador que el número general. La evaluación sobre la Situación Macroeconómica alcanzó 48,12 puntos y mejoró 3% respecto de julio. Pero la percepción sobre la Situación Personal cayó 3,3%, hasta 38,6 puntos. Bienes Durables e Inmuebles retrocedió todavía más: 4,03%, hasta ubicarse en 33,9.

Traducido de la jerga estadística: una persona puede creer que la inflación está más controlada y que la macroeconomía luce menos desordenada, pero eso no significa que se sienta en condiciones de cambiar la heladera, comprar un automóvil o meterse en una vivienda.

La macro mejora, pero el consumidor todavía no saca la billetera

Ese divorcio entre estabilización y economía doméstica es uno de los principales desafíos que enfrenta el Gobierno. Porque el consumo no se recupera solamente con expectativas. Necesita ingresos disponibles, capacidad de ahorro, acceso razonable al crédito y, sobre todo, cierta seguridad respecto de lo que ocurrirá con el empleo y el salario durante los próximos meses.

Los datos de la Universidad Torcuato Di Tella muestran además diferencias importantes según los ingresos. En los hogares de mayores recursos, el ICC se ubicó en 48,68 puntos. Entre los sectores de menores ingresos llegó apenas a 36,7. Ambos segmentos mejoraron frente a julio, pero la distancia entre ellos continúa mostrando que la misma macroeconomía se experimenta de maneras muy distintas según el bolsillo desde el cual se la mire.

También aparece una brecha territorial. Durante agosto, la confianza cayó 3,79% en el interior del país, mientras que en la provincia de Buenos Aires avanzó apenas 0,41% y en la Ciudad de Buenos Aires lo hizo 0,11%.

La información importa porque la confianza funciona como una variable anticipatoria. Cuando una familia observa con cautela su futuro económico, posterga gastos, evita asumir compromisos largos y privilegia conservar liquidez. Si millones hacen simultáneamente lo mismo, esa prudencia doméstica termina convirtiéndose en menor demanda para comercios, servicios e industrias.

Ahí está la trampa para cualquier estabilización que pretenda convertirse en crecimiento. Una inflación menor puede ordenar precios relativos y mejorar expectativas generales, pero ninguna planilla estadística obliga a una familia a consumir. Para eso necesita algo mucho más sencillo: creer que mañana tendrá dinero para pagar lo que compre hoy.

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