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title: "La inteligencia que la inteligencia artificial no puede reemplazar"
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description: "Durante los últimos años escuchamos una frase repetida hasta el cansancio: la inteligencia artificial va a transformar el trabajo. Es cierto, pero quizá estamos prestando demasiada atención a lo que llega y demasiado poca a lo que estamos dejando ir."
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date_published: "2026-09-01T07:51:00-03:00"
date_modified: "2026-09-01T07:52:38-03:00"
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# La inteligencia que la inteligencia artificial no puede reemplazar

**![2](/download/multimedia.normal.ae95d0e2361e0e19.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)Por:****Sandra Campos (*)**

Automatizamos procesos. Incorporamos asistentes capaces de redactar, resumir, comparar, proyectar, clasificar información y producir respuestas en segundos. Celebramos la velocidad de la inteligencia artificial y, al mismo tiempo, muchas organizaciones continúan considerando que una persona de 55, 60 o 65 años se acerca inevitablemente al final de su vida productiva.

Hay una contradicción allí. Nunca tuvimos tanta capacidad para almacenar información y nunca corrimos tanto riesgo de perder experiencia.¿Por qué? Porque una cosa es disponer de información y otra muy diferente es saber qué significa.

La inteligencia artificial puede analizar miles de documentos en segundos. Puede detectar patrones, resumir antecedentes y proponer escenarios pero no ha pasado treinta años atendiendo clientes, resolviendo crisis, viendo fracasar proyectos aparentemente impecables o aprendiendo que determinada decisión, aunque sea correcta en un papel, puede resultar desastrosa en una organización determinada. Eso se llama contexto y el contexto también es inteligencia.

Joseph Fuller, profesor de Harvard Business School, lo señaló en el análisis de S&P Global: en la era de la IA aumentará el valor de la experiencia porque alguien deberá ser capaz de mirar una respuesta producida por una máquina y advertir que, simplemente, no tiene sentido. Ese pequeño “esto no me cierra” puede valer muchísimo dinero.

Podríamos llamar a esto “inteligencia experimentada” y es precisamente una de las capacidades que corremos el riesgo de desperdiciar cuando confundimos edad con obsolescencia.

**El edadismo empobrece**

El problema no es solamente cultural, tiene consecuencias económicas.

Una investigación de AARP actualizada en julio de 2026 encontró que el 64% de los trabajadores mayores de 50 años declaró haber visto o experimentado discriminación por edad en su lugar de trabajo. Un 22% siente incluso que está siendo empujado fuera de su empleo por su edad.

Entre los estereotipos mencionados aparecen algunos especialmente significativos para esta discusión: asumir que una persona mayor tiene menos habilidades tecnológicas, que se resiste al cambio o darle prioridad a trabajadores más jóvenes cuando se ofrecen capacitaciones.

Ahí aparece otra paradoja, decimos que alguien “no está actualizado” y, al mismo tiempo, dejamos de invertir en actualizarlo.

La OCDE advierte que los trabajadores mayores participan menos en instancias de capacitación: aproximadamente un tercio de las personas de entre 60 y 65 años había participado en formación durante 2023, frente a más de la mitad del grupo de 25 a 44 años. “¿Por qué una empresa invertiría millones en inteligencia artificial y no invertiría también en enseñársela a las personas que mejor conocen su negocio?”

**Senior más IA**

El debate suele presentarse de manera equivocada: “Humano contra máquina”, “Joven digital contra senior analógico”, “Experiencia contra innovación”.

Pero las organizaciones más competitivas no son aquellas que elijen un extremo, son las que saben construir la combinación correcta: Senior + IA.

Una persona experimentada utilizando inteligencia artificial puede aumentar extraordinariamente su capacidad, puede analizar en minutos información que antes le llevaba días, puede preparar escenarios, organizar antecedentes, automatizar tareas repetitivas y dedicar más tiempo precisamente a aquello donde su experiencia aporta mayor valor: interpretar, decidir, negociar, acompañar, detectar riesgos y enseñar.

La IA no necesariamente disminuye el valor del conocimiento acumulado, puede amplificarlo pero para eso tenemos que abandonar un prejuicio profundamente arraigado: creer que innovación pertenece a los jóvenes y experiencia pertenece al pasado.

Memoria institucional y nube

Toda organización posee dos tipos de conocimiento. Uno puede documentarse: procedimientos, estadísticas, contratos, informes, bases de datos, manuales. El otro vive dentro de las personas. Esa memoria institucional es difícil de digitalizar porque muchas veces ni siquiera es explícita, es conocimiento tácito, experiencia convertida en intuición, creatividad y alquimia pura.

Y allí la relación entre talento senior e inteligencia artificial se vuelve particularmente interesante. La IA necesita información pero también necesita alguien capaz de evaluar sus respuestas, necesita criterio, necesita supervisión, necesita personas que sepan formular buenas preguntas y, sobre todo, detectar malas respuestas...

Por eso quizá estamos entrando en una etapa en la que la experiencia vuelva a valorizarse, no a pesar de la inteligencia artificial sino precisamente por ella.

Argentina

En nuestro país, la discusión adquiere otra dimensión. Los datos del INDEC muestran que el 33,8% de las personas de entre 60 y 74 años participaba todavía del mercado laboral en 2024.

Algunas continúan trabajando por necesidad económica, otras porque quieren hacerlo y muchas combinan ambas razones. Pero detrás de esos números existe un enorme reservorio de conocimiento profesional, técnico, empresarial, artesanal e institucional.

Yo me pregunto, ¿estamos construyendo mecanismos para aprovecharlo? ¿O seguimos imaginando una frontera artificial según la cual una persona acumula conocimiento durante cuarenta años y, de un día para otro, deja de tener valor porque cumple determinada edad? La economía de la longevidad necesita cuestionar esa lógica.

**Crear una Reserva de Inteligencia Senior**

Tal vez las organizaciones deberían comenzar a identificar algo que pocas contabilizan: su “Reserva de Inteligencia Senior”.

¿Cuántas personas próximas a retirarse poseen conocimientos difíciles de reemplazar? ¿Qué relaciones construyeron? ¿Qué errores saben evitar? ¿Qué prácticas nunca fueron documentadas? ¿Quién podría enseñar ese conocimiento a nuevas generaciones? ¿Y cómo podría la inteligencia artificial ayudar a capturarlo, organizarlo y transmitirlo?

Ese podría ser uno de los grandes proyectos empresariales de los próximos años.No utilizar IA para sustituir experiencia, sino para multiplicarla y transferirla.

En esto estamos trabajando desde mi Consultora, diseñando equipos donde un profesional senior trabaja junto a una persona joven y ambos utilizan inteligencia artificial.

Uno aporta trayectoria, el otro puede aportar nuevas formas de relación con la tecnología y la IA amplifica las capacidades de ambos. Esta es la verdadera innovación.

Podemos liberar a las personas de tareas repetitivas y utilizar la tecnología para potenciar aquello que décadas de experiencia enseñaron.

Porque existen inteligencias que todavía no caben completamente dentro de un algoritmo: la inteligencia de haber cometido un error y recordarlo, la de reconocer un gesto, la de saber cuándo una regla debe aplicarse y cuándo una excepción es necesaria, la de comprender que dos problemas aparentemente iguales no lo son, la de haber acompañado personas, y muchas más

**Conclusión**

Quizás, mientras discutimos qué trabajos podrá reemplazar la inteligencia artificial, deberíamos hacernos una pregunta diferente: ¿qué inteligencia humana necesitamos preservar para que la inteligencia artificial realmente nos sirva? porque las empresas del futuro no competirán solamente por tener mejores algoritmos, competirán también por tener personas capaces de darles contexto, criterio y sentido.

Y en esa carrera, aquello que durante años fue considerado una desventaja puede convertirse en uno de los activos más escasos del mercado: “la experiencia”.

**(*) Directora de Masa Madre Consultora.**

**Especialista en Economía Plateada y Longevidad Positiva.**

**Directora de la Cátedra Libre “Economia Plateada y Longevidad Positiva” (UNLP).**

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