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title: "PAMI al límite: la atención sigue en riesgo mientras el Gobierno hace oídos sordos"
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description: "El paro de clínicas y sanatorios terminó, pero las causas que originaron el conflicto siguen sin resolverse. Prestadores, médicos, trabajadores de la salud, jubilados y familiares advierten que el atraso arancelario y las demoras en los pagos están llevando al sistema hacia un punto crítico. Mientras crece la incertidumbre, el Gobierno nacional continúa sin ofrecer una respuesta de fondo."
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date_published: "2026-09-15T12:07:00-03:00"
date_modified: "2026-09-15T12:08:10-03:00"
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# PAMI al límite: la atención sigue en riesgo mientras el Gobierno hace oídos sordos

![PROTESTA-PAMI.jpg](/download/multimedia.normal.9e75b966278711ac.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)La protesta de 48 horas realizada por clínicas, sanatorios y hospitales privados expuso una crisis que no comenzó con la medida de fuerza ni terminó cuando se reanudó la atención. El conflicto entre el PAMI y sus prestadores continúa abierto porque los problemas centrales permanecen intactos: aranceles desactualizados, pagos demorados, costos operativos en aumento y establecimientos que ya no encuentran margen financiero para sostener la atención de millones de jubilados.

Más de cien instituciones de distintas provincias participaron de la medida, que afectó consultas y prácticas programadas, aunque mantuvo la atención de urgencias y emergencias. Los prestadores explicaron que no se trató de una decisión contra los afiliados, sino de una advertencia ante el riesgo de que el sistema deje de ser sostenible. El reclamo alcanzó a clínicas y sanatorios del Conurbano bonaerense, además de establecimientos de Córdoba, Mendoza y San Juan. [Chequeado](https://chequeado.com/?utm_source=chatgpt.com) informó que el eje del conflicto se encuentra en el atraso de los valores reconocidos por las prestaciones y en las demoras de pago.

Sin embargo, después del paro, las respuestas oficiales siguen siendo insuficientes. No apareció una solución integral, tampoco un mecanismo automático que permita actualizar los aranceles según el incremento real de los costos sanitarios. Mucho menos existe una garantía de previsibilidad que les permita a las instituciones planificar su funcionamiento durante los próximos meses.

**Un desfasaje que asfixia a las clínicas**

Los establecimientos denuncian que los valores abonados por el PAMI quedaron muy por debajo de la evolución de la inflación y de los gastos necesarios para brindar atención médica. Según los prestadores, el atraso acumulado de los aranceles llega a rondar el 120% frente al incremento general de los precios.

Ese desfasaje no representa una discusión meramente contable. Detrás de cada prestación hay salarios médicos, personal de enfermería, medicamentos, insumos descartables, oxígeno, alimentación, mantenimiento, equipamiento, energía y servicios esenciales. Cuando los ingresos no acompañan esos costos, las instituciones comienzan a perder capacidad operativa.

Muchas clínicas sostienen la atención utilizando recursos propios, postergando inversiones, renegociando compromisos con proveedores o acumulando obligaciones. Pero esas herramientas tienen un límite. Ninguna institución puede financiar indefinidamente una prestación que recibe tarde y se paga por debajo de su costo real.

El problema se vuelve todavía más delicado porque el PAMI es el principal financiador de la atención sanitaria de los adultos mayores. Para numerosos establecimientos, particularmente los ubicados en el Conurbano, sus afiliados representan una parte central de la actividad diaria. Si ese circuito se interrumpe, no solo peligra una consulta o una práctica: queda comprometido el funcionamiento completo de la institución.

**Médicos agotados y prestaciones demoradas**

La crisis económica también golpea directamente a los profesionales. Médicos, enfermeros, técnicos y trabajadores de la salud conviven con una estructura de pagos que pierde valor todos los meses y con una demanda asistencial que no deja de crecer.

El desgaste acumulado ya comenzó a traducirse en dificultades para cubrir guardias, sostener especialidades y retener profesionales. Cada médico que abandona el sistema por la falta de reconocimiento económico representa menos turnos disponibles, mayores demoras y una sobrecarga adicional para quienes continúan trabajando.

Durante abril, una huelga de médicos y odontólogos ya había puesto en evidencia la profundidad de la situación. Entonces se informó que el conflicto comprendía a unos 11.700 profesionales y que la deuda acumulada con distintos prestadores podía rondar los $500.000 millones. Pese a los compromisos oficiales, tampoco se conocía un cronograma claro para resolverla, de acuerdo con [El País](https://elpais.com/argentina/2026-04-14/una-huelga-de-medicos-profundiza-la-crisis-del-pami-la-obra-social-mas-grande-de-latinoamerica.html?utm_source=chatgpt.com).

El paro posterior de clínicas y sanatorios confirmó que no se trataba de un episodio aislado. La continuidad de las medidas demuestra que el malestar atraviesa diferentes niveles del sistema y que las soluciones parciales no lograron corregir el problema estructural.

**Los jubilados, rehenes de una disputa que no provocaron**

Los principales perjudicados son los afiliados. Los adultos mayores necesitan una atención continua, previsible y accesible. Muchos deben realizar controles periódicos, tratamientos prolongados, estudios de diagnóstico o procedimientos que no pueden postergarse indefinidamente.

Cada turno cancelado puede significar semanas de espera. Cada estudio demorado puede retrasar un diagnóstico. Y cada institución que reduce servicios obliga a los pacientes y sus familias a comenzar nuevamente la búsqueda de un prestador.

El impacto no es únicamente sanitario. Los familiares también deben reorganizar sus horarios, conseguir nuevos turnos, trasladarse a establecimientos más alejados y enfrentar una incertidumbre permanente. En ese escenario, los jubilados quedan atrapados entre una obra social que no garantiza previsibilidad y prestadores que aseguran haber agotado todas las instancias posibles antes de llegar a una medida de fuerza.

La discusión no debería presentar a las clínicas y a los afiliados como sectores enfrentados. Ambos son víctimas de un sistema que dejó de ofrecer certezas. Los prestadores necesitan cobrar valores suficientes y en tiempo; los jubilados necesitan que la atención esté garantizada. Es responsabilidad del Estado asegurar las dos condiciones.

**El silencio oficial también es una respuesta**

Frente a la gravedad del reclamo, el Gobierno nacional eligió minimizar la crisis y evitar una respuesta política acorde con su dimensión. Pero la ausencia de soluciones no reduce el problema: lo profundiza.

No alcanza con liberar pagos atrasados de manera ocasional ni con anunciar aumentos que vuelven a quedar rezagados pocas semanas después. El sistema necesita una actualización real de los aranceles, regularidad en los pagos y una mesa permanente de trabajo entre el PAMI, las instituciones y los profesionales.

También resulta imprescindible transparentar la situación financiera del organismo. Los afiliados y los prestadores deben conocer cuánto se debe, cuándo se pagará, cómo se actualizarán las prestaciones y qué plan existe para garantizar la continuidad de la atención.

El Gobierno no puede continuar mirando hacia otro lado mientras clínicas, médicos, jubilados y familiares advierten sobre el mismo riesgo. La administración de una obra social de esta magnitud no puede reducirse a una planilla de ajuste fiscal. Detrás de cada número hay personas que necesitan medicamentos, consultas, tratamientos, internaciones y respuestas.

**Una crisis que puede agravarse**

El paro de 48 horas funcionó como una señal de alarma. Si no existe una solución concreta, el conflicto puede regresar con medidas más profundas, reducción permanente de prestaciones o salida de profesionales e instituciones del sistema.

Eso significaría menos capacidad de atención para una población que, por su edad y condiciones de salud, necesita precisamente lo contrario: más cobertura, mayor continuidad y mejores servicios.

La situación del PAMI sigue siendo crítica. Las clínicas aseguran que están al límite, los médicos manifiestan agotamiento y los jubilados padecen las consecuencias. Mientras tanto, el Gobierno nacional continúa haciendo oídos sordos ante un reclamo que ya no admite respuestas parciales.

La advertencia está planteada. El sistema todavía funciona por el esfuerzo de quienes sostienen diariamente la atención, pero ese esfuerzo no es infinito. Si el Estado no actúa, la próxima crisis podría no expresarse únicamente mediante un paro: podría verse en guardias sin profesionales, estudios sin fecha, camas fuera de servicio y afiliados sin un lugar donde atenderse.

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