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title: "Cuando el cansancio también apaga el deseo"
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description: "Una encuesta entre más de 9.000 mujeres latinoamericanas encontró que la mitad percibe una fuerte caída de su deseo sexual. Estrés, rutina, falta de tiempo y cansancio aparecen detrás de un fenómeno que obliga a revisar una pregunta incómoda: ¿bajó la libido o estamos esperando deseo de cuerpos agotados?"
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date_published: "2026-09-30T07:42:00-03:00"
date_modified: "2026-09-30T07:42:56-03:00"
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# Cuando el cansancio también apaga el deseo

![NOTA 6](/download/multimedia.normal.abff90ee63e5f001.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)Hay noches en las que no falta amor, tampoco atracción. Falta resto.

Después del trabajo, los mensajes, la casa, las compras, los hijos, las cuentas, las pantallas y esa lista invisible de cosas que todavía queda por resolver, el deseo puede convertirse en otra tarea pendiente. Y cuando hasta el sexo empieza a sentirse como una obligación que debería cumplirse, algo de la intimidad se pierde antes de llegar a la cama.

Un relevamiento realizado entre 9.153 mujeres latinoamericanas puso números sobre esa sensación. El 48% aseguró sentir deseo sexual sólo en raras ocasiones y la mitad percibió que sus ganas disminuyeron fuertemente durante los últimos años. También aparecieron con peso el estrés, el cansancio, la falta de tiempo, los conflictos de pareja y la monotonía sexual.

El dato invita a salir de una explicación demasiado sencilla. El deseo no funciona como un interruptor que debería encenderse automáticamente porque existe una pareja estable, cariño o disponibilidad física.

También necesita espacio.

Y para muchas mujeres, justamente eso es lo que escasea.

No siempre faltan ganas: a veces sobra agotamiento

El mismo relevamiento encontró que el 77% describió algún grado de monotonía en sus relaciones sexuales y que siete de cada diez consideraban haber recibido poca o ninguna educación sexual. No alcanza para explicar por sí solo por qué cae el deseo, pero dibuja un escenario donde rutina, desconocimiento y cansancio se superponen.

La medicina y la sexología vienen insistiendo además en que la libido no depende solamente de hormonas. Descanso, estrés, estado emocional, vínculo de pareja, salud física y contexto cotidiano forman parte de una experiencia mucho más compleja.

El problema aparece cuando esa complejidad se convierte en exigencia.

Durante mucho tiempo a las mujeres se les pidió moderar el deseo. Ahora también puede aparecer el mandato contrario: tener una sexualidad activa, creativa, espontánea y satisfactoria mientras trabajan, cuidan, producen, entrenan, mantienen vínculos y administran una vida atravesada por estímulos permanentes.

La liberación sexual puede terminar fabricando su propio deber si convierte el placer en otra casilla que hay que completar.

Por eso hablar de deseo bajo no debería significar automáticamente hablar de una falla individual. Ni toda disminución necesita tratamiento ni toda mujer que tiene menos ganas está atravesando un trastorno.

También existe algo más sencillo: personas cansadas.

Y el cansancio tiene poca épica. No siempre produce una crisis visible. A veces se manifiesta apagando lentamente la curiosidad, la disponibilidad para encontrarse con otro o incluso el deseo de ser tocada después de haber pasado el día entero respondiendo demandas.

Las pantallas tampoco ayudan demasiado. Celulares, series, mensajes y redes ocupan parte del espacio mental y físico que antes quedaba disponible para la intimidad. Eso no convierte al teléfono en culpable universal, pero sí muestra que el deseo compite por atención con casi todo.

Quizás por eso la pregunta interesante no sea cuántas veces una mujer tiene ganas de tener sexo.

Tal vez sea cuánto espacio conserva en su vida para poder desear algo sin que alguien se lo esté pidiendo.

Porque no siempre falta deseo.

A veces lo que falta es silencio, tiempo y un cuerpo que todavía tenga energía cuando termina el día.

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