¿Qué esperan los adultos mayores de Navidad y Año Nuevo?

Las fiestas de Navidad y Año Nuevo se anuncian con luces, mesas generosas y promesas de alegría compartida. La escena se repite cada diciembre: familias reunidas, brindis, abrazos, balances y deseos. Sin embargo, para una parte creciente de la población —las personas mayores— estas fechas también pueden convertirse en uno de los momentos más difíciles del año debido a la sensación de no tener un lugar, sumado al balance emocional.
Actualidad 23 de diciembre de 2025
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Por: Lic. Sandra Campos (*), especial para Capital 24

 

Argentina, un país que envejece

 

Según datos del INDEC, el 15,7 % de la población tiene hoy 60 años o más y las proyecciones indican que para 2050 más de uno de cada cinco argentinos será adulto mayor. Este cambio demográfico, lejos de ser una estadística fría, impacta de lleno en la vida cotidiana, en las dinámicas familiares y en la forma en que se viven momentos simbólicos como las fiestas de fin de año.

Contrariamente a lo que muchas veces se supone, los adultos mayores no esperan grandes festejos ni despliegues materiales. Tampoco demandan protagonismo forzado. Lo que esperan —y muchas veces no se animan a pedir— es presencia real. Tiempo compartido sin apuro, conversaciones donde alguien escuche de verdad, una llamada que no sea automática, una visita que no tenga reloj ni pantallas, que se recupere el contacto, tal como menciona la nota publicada ayer lunes en este medio.

Esta expectativa adquiere mayor peso si se observa otro dato clave: entre el 30 % y el 35 % de las personas mayores en Argentina declara sentirse sola o poco acompañada, según relevan organizaciones sociales y humanitarias. Esa percepción no surge de la nada y se intensifica especialmente en fechas como Navidad y Año Nuevo, cuando el mandato social del “estar juntos” deja más expuestas las ausencias.

 

Uno de los mayores temores en estas fechas es sentirse una carga

 

 “No quiero molestar”, “no quiero que se compliquen por mí”, “arreglensé ustedes”, son frases frecuentes. Detrás de ellas hay una sensación dolorosa: la de ya no ser necesario. En una sociedad que valora la productividad, la velocidad y la juventud, muchos adultos mayores sienten que su presencia desordena la logística familiar o rompe el clima festivo.

La exclusión, además, no siempre es explícita. A veces ocurre en pequeños gestos: mesas donde nadie les pregunta qué quieren comer, música a un volumen que impide conversar, decisiones tomadas sin consultarlos o frases bienintencionadas pero que hacen daño, como “dejá, ya lo hago yo”, que, repetidas veces, refuerzan la -quizás falsa-idea de incapacidad.

El fenómeno se profundiza si se tiene en cuenta que una de cada cuatro personas mayores vive sola en Argentina, y que en grandes ciudades como La Plata y Gran La Plata, este porcentaje es aún mayor. Vivir solo no siempre es una elección, y tampoco implica necesariamente autonomía emocional. Muchas personas mayores están rodeadas de gente, pero igualmente se sienten solas.

 

Las fiestas también son un tiempo de memoria

 

 Para muchos, Navidad y Año Nuevo activan recuerdos de personas que ya no están, de mesas más grandes, de hijos chicos, de padres vivos... por eso los rituales tienen un valor enorme. Ejemplo de ello son una receta heredada, una canción, un brindis dicho de cierta manera...y cuando esos rituales desaparecen sin ser reemplazados por otros significativos, el sentimiento de desarraigo se profundiza.

Lo que esperan los adultos mayores no es que todo sea como antes, sino que algo de esa historia tenga lugar en el presente. Que su experiencia sea reconocida, que su recorrido importe, un “gracias por todo lo que hiciste” puede tener más impacto que cualquier regalo envuelto con papel brillante.

Este reconocimiento no es solo emocional ya que también tiene impacto en la salud. En columnas anteriores ya he  mencionado que estudios de organismos internacionales advierten que la soledad sostenida en personas mayores incrementa el riesgo de depresión, deterioro cognitivo y enfermedades cardiovasculares, con efectos comparables a factores de riesgo clásicos como el sedentarismo. En Argentina, donde la esperanza de vida supera los 76 años, vivir más no siempre significa vivir mejor si no existen redes afectivas activas.

 

Otro aspecto central es el clima emocional

 

 Las personas mayores valoran la calma. Las discusiones familiares, los reproches acumulados o las tensiones no resueltas se viven con mayor intensidad en esta etapa de la vida. Por eso, no son pocos los adultos mayores que prefieren pasar las fiestas en soledad antes que exponerse a un ambiente hostil. No es aislamiento voluntario: es autoprotección emocional.

También desean y, necesitan esperanza. Aunque a menudo se los imagine anclados en el pasado, la mayoría necesita proyectos, aunque sean pequeños: un viaje corto, un taller, una actividad comunitaria, un encuentro pendiente. Algo que dé sentido al año que comienza. ¡Algo que les recuerde que todavía hay futuro, y es esta una buena idea para obsequiarles cuando ya no se sabe que más regalarles!

Pensar las fiestas desde la perspectiva de los adultos mayores no implica hacer eventos especiales ni discursos grandilocuentes. Implica revisar prácticas cotidianas: incluirlos en las decisiones, respetar sus tiempos, escuchar sus historias, reconocer su aporte. Implica entender que envejecer no es desaparecer, sino transformarse.

 

Integrar verdaderamente a las personas mayores

 

Por ejemplo, ubicarlos cerca y con los jóvenes en la mesa —especialmente en fiestas— no es sentarlos juntos: es hacerlos parte del mismo diálogo, del mismo clima y del mismo sentido, esto es también educación y formación en valores para los más jóvenes.

Voy a citar  claves prácticas, simples y profundas, que funcionan en familias, comunidades y encuentros institucionales porque a veces con intención, pero muchas más por ignorancia, no generamos un buen momento. Dejo unos pequeños tips que ayudarán a que aprendamos cómo hacerlo bien, integrándonos todos pues es tiempo de cambios y de nuevos aprendizajes y enseñanzas, ¿no? Aquí van:

 

1)    La mesa se arma con intención:

 

a) Evitá “la mesa de los jóvenes” y “la mesa de los grandes”.

b) Alterná edades: una persona mayor + un joven + un adulto.

c) No sentar a las personas mayores todas juntas “para que estén cómodas”: eso suele aislarlas. La intergeneracionalidad provoca conversación; la segregación, silencio.

 

2. El volumen también integra

 

a) Pautar música más baja durante la comida.

b) Evitar hablar todos al mismo tiempo y respetar tiempos de escucha.

c) Muchas personas mayores se aíslan no por falta de interés, sino porque no logran seguir la conversación.

 

3. Temas puente

a)    Proponer conversaciones que conecten generaciones:

“¿Qué recuerdo tenés de tu primera Navidad?”

“¿Qué cosa de tu juventud te gustaría que no se pierda?”

“¿Qué aprendiste este año?”

“¿Qué te gustaría hacer el año que viene?”

 

     b) Evitar

Burlas sobre edad o tecnología

Monopolizar la charla con jerga joven

Convertir a la persona mayor en “archivo viviente” sin diálogo

 

4. Otorgarles un rol, Integrar no es cuidar: es confiar.

 

a) Que una persona mayor haga el brindis.

b) Que cuente el origen de una tradición o que enseñe una receta, un juego, una canción.

c) Que ayude a servir o coordinar algo (si lo desea). 5. Cuidar el lenguaje

 

5. Cambiar frases que excluyen sin querer:

 

“Dejá, ya lo hago yo”

“Esto es complicado para vos”

“Ellos no entienden”

 

Por:

“¿Querés hacerlo juntos?”

“¿Cómo lo hacías vos?”

“Contanos tu versión”

 

6. Intercambio

 

a) Mostrar fotos viejas en el celular.

b) Armar una playlist con canciones de distintas épocas.

c) Pedir ayuda cruzada: el joven explica algo digital, la persona mayor algo de la vida. El intercambio empodera a ambos.

 

7. Respetar tiempos y ritmos

 

a) No extender la sobremesa de forma agotadora.

b) Ofrecer espacios de pausa sin expulsar

c) No infantilizar ni sobreproteger.

 

8. Cerrar con un gesto compartido

 

a) Brindis colectivo donde todos digan una palabra.

b) Foto grupal real (no apurada, no forzada).

c) Agradecimiento explícito a las personas mayores presentes.

 

Las personas mayores no quieren una mesa especial, quieren una mesa donde su voz importe. Integrar generaciones en la mesa no es un gesto de cortesía: es una forma concreta de construir comunidad, memoria y futuro.

En definitiva, lo que esperan los adultos mayores en Navidad y Año Nuevo es simple y profundo a la vez: ser parte. No como invitados de compromiso, no como una carga, no como espectadores. Ser parte de una mesa, de una conversación, de una familia, de una comunidad, porque cuando eso ocurre, la fiesta deja de ser una fecha y vuelve a ser lo que siempre debió ser: un encuentro entre personas.

 

(*) Directora de  Masa Madre Consultora.

Especialista en Economía Plateada y Longevidad Positiva.

 

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