Salud pública y equidad: una nueva estrategia regional frente a la hipertensión

Un documento impulsado por la OPS plantea un cambio estructural en la atención primaria para enfrentar uno de los principales factores de riesgo cardiovascular en las Américas y reducir muertes evitables en la próxima década.

Actualidad 11 de enero de 2026
Capital 24 OPs

Por Florencia Belén Mogno.

 

Las enfermedades no transmisibles se consolidaron como uno de los principales desafíos sanitarios del continente americano, con un impacto sostenido en la mortalidad, la calidad de vida y los sistemas de salud. Dentro de ese conjunto, las patologías cardiovasculares mantuvieron una incidencia elevada y se vincularon de manera directa con condiciones prevenibles que atraviesan a amplios sectores de la población.

 

La carga que estas enfermedades representaron no se distribuyó de manera homogénea. Las brechas en el acceso a controles médicos, tratamientos oportunos y seguimiento continuo profundizaron las desigualdades sociales y territoriales, especialmente en los niveles de atención primaria, donde se concentran los primeros contactos de la población con el sistema sanitario.

 

Entre los factores que explicaron este escenario, la hipertensión arterial se afirmó como uno de los más determinantes. Su carácter asintomático en etapas tempranas, sumado a diagnósticos tardíos y esquemas de control fragmentados, contribuyó a que millones de personas convivieran con un riesgo elevado de infartos y accidentes cerebrovasculares sin una respuesta sanitaria adecuada.

 

En ese marco, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) presentó el nuevo Marco de Calidad HEARTS, una hoja de ruta regional orientada a mejorar el manejo de la hipertensión y del riesgo cardiovascular en la atención primaria. El documento, propuso lineamientos concretos para fortalecer los servicios de salud comunitarios y avanzar hacia una atención más equitativa y efectiva en toda la región.

 

Datos del análisis 

 

De acuerdo a los datos difundidos por la OPS, en la región las enfermedades cardíacas y los derrames cerebrales causaron más de 2,2 millones de muertes por año, muchas de ellas en personas en edad laboral activa. 

 

La presión arterial elevada se consolidó como el principal factor de riesgo, con una prevalencia cercana al 40 por ciento de la población adulta. Sin embargo, a pesar de la existencia de tratamientos accesibles y eficaces, solo una de cada tres personas con hipertensión logró mantener sus valores bajo control.

 

Desde el organismo señalaron que el Marco de Calidad HEARTS tradujo experiencias exitosas en un modelo estructurado, pensado para superar obstáculos persistentes en la atención sanitaria. 

 

Entre las principales barreras identificadas se encontraron las mediciones inexactas de la presión arterial por el uso de equipos obsoletos, la disponibilidad irregular de medicamentos esenciales, esquemas terapéuticos inadecuados y la exigencia de consultas mensuales innecesarias para la renovación de recetas.

 

Implicancias del organismo 

 

HEARTS en las Américas se constituyó como la mayor adaptación global de la iniciativa impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Al momento de la publicación del informe, el programa se encontraba activo en 33 países, alcanzaba a casi 10.000 centros de atención primaria y había incorporado a más de seis millones de personas a protocolos de tratamiento estandarizados. En los territorios donde su implementación fue completa, seis de cada diez pacientes lograron controlar su presión arterial, casi el doble del promedio regional.

 

El nuevo Marco de Calidad sistematizó estas experiencias y propuso su expansión mediante lineamientos claros y replicables. Entre las estrategias recomendadas figuraron la adopción obligatoria de tensiómetros automáticos validados, la garantía de un suministro continuo de medicamentos de calidad a precios accesibles mediante compras regionales conjuntas y la posibilidad de extender las recetas por varios meses. 

 

Asimismo, el documento incluyó herramientas sencillas de monitoreo mensual, destinadas a que los equipos de salud pudieran evaluar la evolución de los pacientes y realizar ajustes oportunos en los tratamientos. Estas acciones se orientaron a optimizar los recursos disponibles y a fortalecer la continuidad de la atención en el primer nivel del sistema sanitario.

 

El Marco de Calidad HEARTS también respaldó la meta conocida como “80-80-80” para el control de la hipertensión: que el 80 por ciento de las personas con presión arterial elevada fueran diagnosticadas, que el 80 por ciento de las diagnosticadas recibieran tratamiento y que el 80 por ciento de las tratadas alcanzaran un control efectivo. 

 

Según estimaciones de la Organización Panamericana de la Salud, alcanzar ese objetivo podría evitar más de 400 mil muertes y 2,4 millones de hospitalizaciones en las Américas hacia 2030.

 

Los resultados obtenidos en distintos países reforzaron la viabilidad del modelo. En Matanzas, Cuba, las tasas de control de la hipertensión aumentaron del 36 al 58 por ciento en un año. En Chile, los registros mostraron un incremento del 37 al 65 por ciento, junto con un retorno económico positivo, ya que el programa recuperó sus costos en menos de dos años al prevenir eventos cardiovasculares de alto costo. 

 

En la República Dominicana, la implementación de HEARTS se convirtió en una prioridad gubernamental y permitió brindar tratamiento gratuito a millones de personas. El Salvador extendió el programa a toda su red de atención primaria y alcanzó tasas de control cercanas al 70 por ciento, mientras que México inició su despliegue a escala nacional. 

 

Desde la OPS destacaron que estos avances demostraron que el control masivo de la hipertensión resultó posible cuando existió decisión política, planificación y fortalecimiento de la atención primaria.

 

El organismo concluyó que el Marco de Calidad HEARTS ofreció una oportunidad para transformar la respuesta regional frente a las enfermedades cardiovasculares. Al consolidar rutas clínicas estandarizadas, garantizar medicamentos confiables y fortalecer el trabajo en equipo en los centros de salud, la iniciativa se presentó como una herramienta para reducir desigualdades, salvar vidas y mejorar la calidad de la atención sanitaria en las Américas.

 

Fuente fotografías: OPS

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