Documento para la reconstrucción de la identidad peronista

Como todo el mundo sabe, el peronismo atraviesa una etapa de fragmentación profunda. La proliferación de corrientes, espacios, liderazgos y experiencias territoriales no constituye, en sí misma, una anomalía histórica: el peronismo siempre fue un movimiento amplio, diverso y conflictivo.
Actualidad 04 de febrero de 2026
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Por: Víctor Hortel (*), especial para Capital 24

Bases doctrinarias comunes para un consenso político mínimo.

Lo verdaderamente novedoso del presente es la debilidad del consenso identitario básico, es decir, la dificultad para reconocer qué elementos doctrinarios nos hacen parte de una misma tradición política.

Estas líneas no pretenden saldar debates estratégicos, programáticos ni de liderazgo. Tampoco busca uniformar ni clausurar discusiones. Su objetivo es mucho más elemental y, por ello, decisivo: “establecer un núcleo mínimo de acuerdos doctrinarios sin los cuales el peronismo pierde identidad histórica y se convierte en una mera denominación electoral.”

Desde esta base común -y solo desde ella- será posible reconstruir la unidad en la diversidad. 

I. Qué entendemos por identidad peronista. 

La identidad peronista ha sido, de manera recurrente, objeto de interpretaciones reductivas que la conciben como una etiqueta cultural, una adscripción emotiva o una pertenencia generacional. Tales enfoques, frecuentes tanto en lecturas liberales como en ciertas apropiaciones posmodernas, despojan al peronismo de su carácter histórico, político y doctrinario. Frente a ello, sostenemos que la identidad peronista no constituye una autoidentificación subjetiva sino una posición histórica frente a los problemas estructurales de la Nación, construida a partir de una doctrina orientada a la acción transformadora.

Como afirmaba Juan Domingo Perón: “Nuestra doctrina no es una ideología abstracta, sino una concepción práctica de la vida fundada en la realidad del pueblo”.

Ser peronista implica compartir una misma matriz de comprensión del pueblo, del Estado, de la Nación y del poder, aun cuando existan diferencias tácticas, estilos de liderazgo o prioridades coyunturales.

II.  Los diez acuerdos doctrinarios esenciales

Los siguientes puntos constituyen el piso común de identidad. No agotan el pensamiento peronista, pero delimitan su campo.

1. El Pueblo como sujeto central de la política

El peronismo reconoce al pueblo organizado como sujeto histórico y político.

No concibe la política como suma de individuos aislados ni como gestión tecnocrática, sino como expresión de intereses colectivos.

Sin pueblo organizado, no hay peronismo.

2. La Nación como comunidad histórica con destino propio

El peronismo es nacional porque parte de la existencia de una comunidad histórica concreta: la Nación argentina.

Defiende la soberanía política, económica y cultural como condiciones de cualquier proyecto popular.

No hay peronismo compatible con la subordinación estructural a poderes externos.

3. La Justicia Social como principio estructural

La justicia social no es una consigna declamativa ni una política compensatoria marginal.

Es un criterio ordenador de la vida social, que reconoce derechos allí donde existen necesidades.

Como expresó Evita: “Donde hay una necesidad, nace un derecho”.

4. El Estado como herramienta irrenunciable

El peronismo concibe al Estado como instrumento de conducción política, no como fin en sí mismo ni como enemigo a reducir.

Renunciar al Estado es renunciar a la posibilidad de transformar la realidad.

5. La Comunidad Organizada como modelo social

Frente al individualismo liberal y al colectivismo abstracto, el peronismo propone una sociedad articulada en organizaciones libres del pueblo: sindicatos, cooperativas, movimientos sociales, asociaciones intermedias.

La organización popular no es un obstáculo, sino una condición de la democracia real.

6. La primacía de la política sobre la economía

Para el peronismo, la economía no es neutral ni autónoma. Siempre expresa relaciones de poder.

Perón fue claro: “La economía nunca es libre; siempre sirve a alguien”.

La política debe conducir la economía en función del interés general.

7. La conducción como principio organizador

El peronismo se organiza a partir del principio de conducción.

Conducir no es mandar ni imponer, sino interpretar, orientar y organizar voluntades.

Sin conducción no hay movimiento; hay dispersión.

8. La lealtad como coherencia histórica

La lealtad peronista no es obediencia ciega. Es coherencia entre doctrina, práctica y pertenencia.

Implica priorizar el proyecto colectivo por sobre la conveniencia individual o sectorial.

Sin lealtad, el peronismo se disuelve en oportunismo.

9. El realismo político como método

El peronismo no actúa desde el idealismo abstracto, sino desde la lectura concreta de la realidad.

Perón advertía: “La política se hace con lo que hay, no con lo que uno quisiera que haya”. 

Esto no implica renunciar a principios, sino saber cómo realizarlos en contextos reales.

10. La vocación de mayorías

El peronismo es, por definición, un movimiento de mayorías populares.

No se concibe como identidad minoritaria, testimonial o de élites ilustradas.

Como señalaba Jauretche, es la expresión política de las mayorías nacionales cuando ingresan a la historia.

III. Unidad en la diversidad: el sentido del consenso

Que se entienda bien, no se niega la existencia de diferencias internas. Por el contrario, se las reconoce como parte constitutiva del peronismo.

Pero establece un límite claro: ninguna corriente puede reivindicar el nombre del peronismo negando estos principios básicos.

La reconstrucción del peronismo no vendrá de la imposición de una tribu sobre las demás, sino de la reafirmación de una identidad común que permita discutir estrategias, liderazgos y programas dentro de un mismo campo histórico.

En un contexto de dispersión y crisis de sentido, volver a la identidad peronista no es un gesto nostálgico, sino un acto de responsabilidad política.

Como afirmaba Juan Domingo Perón: “El peronismo no se hereda: se comprende y se practica”.

Lo que se promueve es precisamente eso: volver a comprender para poder volver a construir.

 

(*) Abogado.

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