
Cerimedo, de la guerra digital de Milei a una causa por tentativa de femicidio en Bolivia
Fernando Cerimedo construyó poder en un terreno donde durante años casi nadie miraba demasiado: redes sociales, ejércitos digitales, campañas negativas, medios militantes y operaciones destinadas a moldear opinión pública. Ese oficio lo llevó desde la campaña de Javier Milei hasta Jair Bolsonaro y, más recientemente, al círculo del presidente boliviano Rodrigo Paz. Ahora su carrera quedó atravesada por algo mucho más grave que una guerra de trolls: está aprehendido en Bolivia dentro de una investigación por tentativa de femicidio contra Nadia Beller, su expareja.
Beller recibió tres disparos frente a un hotel de Santa Cruz de la Sierra. Dos hombres vestidos como repartidores se acercaron, dispararon a corta distancia y escaparon. La mujer sobrevivió y, desde la clínica, señaló directamente a Cerimedo. Aseguró que minutos antes había hablado con él, que le había transmitido seguridad para salir del hotel y que existían episodios previos de violencia de género.
Las autoridades bolivianas detuvieron al consultor cuando se disponía a viajar hacia Buenos Aires. Después su situación procesal se agravó y quedó formalmente aprehendido mientras la Fiscalía intenta determinar si participó de la planificación del ataque. Esa responsabilidad todavía debe ser probada judicialmente. Pero la causa ya acumuló elementos que exceden ampliamente una ruptura sentimental.
Durante allanamientos a inmuebles vinculados con Cerimedo fueron secuestrados dinero en efectivo, un teléfono satelital, un vehículo con destellador, una motocicleta y otros objetos que ahora deberán ser peritados. Beller también difundió fotografías de lesiones anteriores y conversaciones en las que ambos hacían referencia a episodios violentos. Son elementos que la Justicia deberá ordenar dentro de una investigación que recién comienza.
De los trolls al poder regional
La caída de Cerimedo golpea porque su apellido no pertenece al decorado de la derecha sudamericana. Fue parte del dispositivo digital que acompañó el ascenso de Milei, dirigió estructuras de militancia en redes y fundó La Derecha Diario, uno de los medios más identificados con el universo libertario.
Su especialidad era convertir la comunicación política en guerra. Él mismo reconoció haber trabajado con miles de cuentas y definir campañas negativas como la difusión de información perjudicial para adversarios. Durante la campaña de 2023 llegó a ocupar lugares de confianza dentro del armado de Milei y participó también de tareas vinculadas con la fiscalización electoral.
Después apareció Brasil. Cerimedo trabajó alrededor de la campaña de Bolsonaro y su nombre quedó mencionado en investigaciones sobre la ofensiva contra el sistema electoral brasileño tras la derrota del expresidente. No está condenado por esos hechos, pero su participación en operaciones de desinformación fue observada por la Justicia de ese país.
El capítulo boliviano terminó de mostrar hasta dónde había llegado esa internacional informal. El vicepresidente Edman Lara confirmó públicamente que Cerimedo trabajaba como asesor personal de Rodrigo Paz y reclamó que esa cercanía no influyera sobre la causa. El gobierno boliviano intentó marcar distancia institucional, pero el vínculo político quedó expuesto.
Ahí está el problema que excede al propio Cerimedo.
Durante años, buena parte de las nuevas derechas regionales construyó una red que mezcló consultores, medios digitales, influencers, operadores, financiamiento y campañas transnacionales. Los mismos nombres cruzaban fronteras con rapidez, asesoraban candidatos, organizaban estructuras de redes y convertían la llamada "batalla cultural" en una industria política.
Cerimedo fue uno de sus halcones.
Su relación con el mileísmo había comenzado a deteriorarse antes de esta causa. Hubo choques por $LIBRA y su nombre apareció después alrededor del escándalo de los audios de Diego Spagnuolo y la Agencia Nacional de Discapacidad. La distancia posterior no borra el lugar que ocupó durante el ascenso libertario ni la red de contactos que construyó a partir de esa posición.
Eso explica por qué su detención no puede leerse únicamente como la desgracia personal de un consultor que cayó en una causa penal.
La Justicia boliviana deberá determinar si Cerimedo fue responsable intelectual del ataque contra Beller o si las acusaciones no logran sostenerse. Esa parte no se resuelve desde una columna política. Pero el expediente ya dejó al descubierto algo que durante años funcionó detrás de pantallas: una estructura de operadores que hizo de la guerra digital una forma de acumulación de poder regional.
Cerimedo quiso ser uno de los arquitectos de esa derecha continental. Hoy ya no dirige la conversación desde una computadora. Está sentado frente a fiscales que intentan establecer si detrás de una operación política terminó apareciendo algo infinitamente más oscuro: una operación criminal.


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