
Del Puerto logístico al ecosistema productivo para La Plata, Berisso y Ensenada
Por: Gabriel Ríos Malan
Para una región como La Plata, Berisso y Ensenada, esa mirada permite pensar al puerto como parte de una estructura productiva más amplia. La infraestructura portuaria podría relacionarse con empresas industriales, proveedores, universidades y centros de conocimiento que ya forman parte de la Región, al tiempo que las nuevas cadenas vinculadas con la transición energética podrían generar demandas que hoy no existen o que todavía tienen una participación limitada.
La transición energética abre una nueva discusión sobre el rol de los puertos y su capacidad para articular industria, proveedores, universidades, tecnología e inversiones.
Un puerto puede ser mucho más que un lugar donde llegan y parten buques. Esa afirmación, que hasta hace algunos años podía parecer una forma de ampliar la tradicional mirada sobre la actividad portuaria, adquiere una dimensión concreta cuando se observa el impacto que la transición energética está teniendo sobre las cadenas industriales y logísticas.
Uno de los conceptos que plantea la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), a través de su programa TrainForTrade, es el de los clústeres. La idea consiste en reunir en un mismo entorno a empresas, proveedores, instituciones educativas, centros de investigación y otros actores capaces de generar innovación, desarrollar tecnología y crear nuevas capacidades.
La importancia de este planteo para una región portuaria como el Gran La Plata, que concentra industrias, universidades y el Complejo Industrial Ingeniero Enrique Mosconi, el mayor centro de refinación de petróleo de la Argentina y uno de los más importantes de Sudamérica, permite ampliar la discusión. En lugar de pensar el puerto únicamente a partir de las cargas que moviliza, sus muelles, sus terminales o sus accesos, aparece la oportunidad de analizar qué actividades productivas pueden generarse alrededor de esa infraestructura y qué relación puede establecerse entre el puerto y el entramado industrial y tecnológico de su territorio.
Para UNCTAD, la creación de clústeres vinculados con la transición energética puede favorecer la innovación y el desarrollo tecnológico. La concentración de actividades permite que las empresas compartan conocimientos, desarrollen capacidades y trabajen sobre nuevas soluciones.
En el sector portuario, ese proceso adquiere características particulares. La incorporación de nuevas tecnologías puede abarcar desde los equipos utilizados en las terminales hasta los sistemas de suministro energético y las alternativas de propulsión.
Pero el impacto potencial va más allá de la propia operación portuaria.
La aparición de nuevas tecnologías genera también demanda de proveedores, servicios especializados y profesionales. De esta manera, una transformación que comienza vinculada con la energía puede terminar generando efectos sobre la industria, el empleo y la formación de recursos humanos.
Ese es uno de los aspectos más relevantes del concepto de clúster: la actividad no queda encerrada dentro de una empresa o de una terminal, sino que puede extenderse hacia el territorio.
Para una región como La Plata, Berisso y Ensenada, esa mirada permite pensar al puerto como parte de una estructura productiva más amplia. La infraestructura portuaria podría relacionarse con empresas industriales, proveedores, universidades y centros de conocimiento que ya forman parte de la Región, al tiempo que las nuevas cadenas vinculadas con la transición energética podrían generar demandas que hoy no existen o que todavía tienen una participación limitada.
El punto de partida, por lo tanto, no es imaginar que esas actividades ya están instaladas, sino preguntarse qué condiciones permitirían desarrollarlas.
Hamburgo como ejemplo
Clean Port & Logistic Cluster de Hamburgo, es una organización integrada por socios tecnológicos vinculados con el sector portuario europeo. La experiencia permite observar de manera concreta qué significa pensar un puerto como un ámbito de innovación.
Uno de los elementos centrales del clúster son los campos de prueba donde se ensayan prototipos de equipos destinados a operaciones portuarias de alta carga. Allí se desarrollan experiencias vinculadas con el uso de hidrógeno y electricidad en condiciones de operación cotidiana.
La iniciativa reúne diferentes grupos de trabajo. Algunos analizan aspectos específicos de los equipos necesarios para sistemas de propulsión de cero emisiones, mientras otros trabajan sobre el suministro confiable de energía y sobre los cambios que podrían requerir los futuros sistemas de operación.
También existe un nivel de trabajo dedicado a las condiciones necesarias para que estas tecnologías puedan desarrollarse en ciudades y ecosistemas.
La investigación científica forma parte del esquema. Las pruebas realizadas en instalaciones de los integrantes del clúster se complementan con la participación de socios científicos que estudian cómo ampliar el uso de estos equipos y desarrollan simulaciones.
El interés de esta experiencia no está necesariamente en trasladar el modelo de Hamburgo a La Plata. Su valor está en mostrar una forma diferente de relacionar infraestructura portuaria, empresas, tecnología y conocimiento.
El puerto deja de ser solamente el usuario de una tecnología desarrollada en otro lugar y puede transformarse en un espacio donde esa tecnología se prueba, se adapta y se incorpora a las operaciones.
La propuesta de UNCTAD también incorpora una dimensión económica. La concentración de empresas y tecnologías emergentes puede favorecer la llegada de inversiones y permitir que las compañías aprovechen redes de proveedores locales y economías de escala.
En ese proceso, el desarrollo de un clúster puede tener consecuencias sobre el empleo. La transición energética demanda conocimientos especializados y puede generar nuevas oportunidades laborales en áreas como las energías renovables, la eficiencia energética y las tecnologías vinculadas con el hidrógeno.
Esto plantea otro vínculo con el territorio: la formación.
Para la UNCTAD la concentración de empresas y centros de investigación permite desarrollar programas educativos y de investigación especializados. Las universidades pueden trabajar junto con las empresas para adaptar la formación a las necesidades que surgen del mercado.
En el caso de La Plata, esta dimensión adquiere una relevancia particular por la presencia de universidades y centros vinculados con la ciencia y la tecnología. La discusión sobre el futuro del puerto podría, entonces, exceder la infraestructura física y abarcar también el conocimiento necesario para acompañar las transformaciones de la actividad productiva.
La pregunta deja de ser solamente qué cargas puede movilizar un puerto y comienza a incorporar otra dimensión: qué capacidades puede ayudar a desarrollar en su entorno.
Pensar esta posibilidad no implica desconocer el papel tradicional del Puerto La Plata ni reemplazar la agenda logística por una agenda energética. Por el contrario, la logística seguiría siendo una de las bases sobre las que podría construirse cualquier desarrollo futuro.
Lo que cambia es la perspectiva.
Un puerto puede ser considerado una infraestructura que facilita el movimiento de mercancías. Pero también puede ser entendido como un punto de articulación entre distintas actividades económicas.
Esa mirada resulta especialmente relevante al pensar el Hub Logístico Puerto La Plata. Más allá de las funciones específicas que pueda asumir, la discusión sobre un hub permite incorporar una pregunta más amplia sobre el tipo de ecosistema que podría desarrollarse alrededor del puerto.
La experiencia analizada por UNCTAD muestra que un ecosistema de transición energética no se construye solamente con infraestructura. Necesita empresas, proveedores, conocimiento, capacitación, tecnología e instituciones capaces de trabajar de manera coordinada.
En ese sentido, el desafío no sería simplemente preguntarse cómo aumentar la actividad portuaria, sino también cómo hacer que esa actividad genere mayores vínculos con el aparato productivo de la Región.
Una eventual expansión de las nuevas cadenas energéticas podría requerir servicios de ingeniería, mantenimiento, equipamiento, logística especializada, tecnología y capacitación. La existencia de un entramado de empresas capaz de responder a esas demandas podría determinar cuánto valor queda en el territorio.
Esto también puede trasladarse al campo de la innovación. Si los puertos del futuro necesitan incorporar nuevas tecnologías, contar con espacios de prueba, desarrollar proveedores y trabajar con universidades, entonces la infraestructura portuaria puede convertirse en un escenario para la experimentación y no solamente en el destino final de tecnologías desarrolladas en otros lugares.
En fin, una nueva forma de mirar el puerto.


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