
La cultura,¿puede formar parte de una política de salud y longevidad?
Por: Lic Sandra Campos (*)
Leer, cantar, bailar, escribir, visitar un museo, actuar o participar de un taller artístico no reemplaza un medicamento ni una consulta médica, pero puede fortalecer vínculos, estimular capacidades cognitivas, reducir aislamiento y mejorar el bienestar. En una sociedad que envejece, quizás haya llegado el momento de incorporar la cultura a las políticas de longevidad.
En febrero de 2026, la Organización Mundial de la Salud para Europa anunció, junto con la Unión Europea, una iniciativa destinada a integrar de manera más sistemática las artes y la cultura en los sistemas de salud como herramientas complementarias frente a cuestiones como salud mental, aislamiento social, estrés, recuperación y envejecimiento saludable.
La noticia debería interesarnos, particularmente, en una sociedad que vivirá cada vez más años porque el desafío de la longevidad no consiste solamente en evitar enfermedades sino en conservar durante el mayor tiempo posible aquello que hace que una persona continúe siendo parte del mundo: relaciones, curiosidad, pensamiento, movimiento, aprendizaje, identidad, participación y propósito.Y la cultura trabaja precisamente sobre esos territorios.
Para 2050 habrá alrededor de 2.100 millones de personas de 60 años o más en el mundo. El organismo señala a la soledad y al aislamiento social como factores importantes de riesgo en la vejez y menciona expresamente entre las intervenciones útiles los grupos comunitarios, las actividades artísticas, los servicios recreativos y educativos y los programas de voluntariado.
Esto introduce una idea que deberíamos incorporar al debate público: la cultura también puede ser prevención porque la salud es mucho más que la ausencia de enfermedad.
Una persona que sale de su casa para asistir a un taller camina, organiza su tiempo, conversa, aprende, recuerda, presta atención, se vincula y espera algo de la semana siguiente. Todos esos pequeños actos forman parte de la capacidad de continuar viviendo de manera autónoma y significativa.
El cerebro necesita experiencias
La investigación científica viene explorando estos efectos. Una revisión sistemática sobre participación artística en personas mayores encontró asociaciones favorables entre actividades como pintar, visitar museos y galerías o asistir al teatro y variables relacionadas con funcionamiento cognitivo, bienestar y calidad de vida, aunque los investigadores también advierten que todavía se necesita más evidencia de largo plazo.
Una revisión y meta análisis de ensayos aleatorios publicada en 2025 analizó intervenciones musicales en adultos mayores cognitivamente sanos y encontró mejoras en cognición global, memoria y funciones ejecutivas. La cultura no es una medicina milagrosa pero tampoco debería seguir siendo tratada como algo accesorio cuando hablamos de bienestar.
De la medicación a la participación
En algunos países comenzó a desarrollarse un concepto particularmente interesante: la “prescripción social”.
No significa que un médico escriba en una receta “ir al teatro tres veces por semana”, significa que, junto con la atención clínica, una persona puede ser conectada con recursos comunitarios capaces de responder a necesidades que un medicamento no puede resolver: soledad, pérdida de vínculos, sedentarismo, necesidad de propósito o desconexión social.
Un proyecto británico denominado “Museums on Prescription”, por ejemplo, vinculó a 115 personas mayores en situación de soledad o aislamiento con programas de diez semanas desarrollados en museos, utilizando actividades creativas y participativas.
No iban al museo para “mirar cuadros”, iban para volver a formar parte de una experiencia compartida. Ese cambio de perspectiva resulta fascinante porque convierte al museo, la biblioteca o el centro cultural en algo más que un edificio donde se conserva patrimonio, los transforma en activos comunitarios de salud, tal como desde la UNLP se lleva a cabo, en el Museo de La Plata ,”Un museo con todas las edades” y consiste en visitas guiadas gratuitas para personas mayores.
Infraestructura cultural de longevidad
Hace poco empezamos a hablar de infraestructura de longevidad para referirnos a aquello que permite vivir más años con autonomía: veredas transitables, vivienda adaptable, sombra, transporte accesible, servicios próximos y tecnología,…Tal vez debamos incorporar una nueva capa: “ la infraestructura cultural de longevidad “como territorios donde continuar produciendo vínculos, conocimiento y sentido.
Una política cultural para la longevidad no debería consistir en llenar una agenda con actividades “para abuelos” ya que eso sería reproducir el mismo edadismo que pretendemos combatir. Las personas de 60, 70, 80 o 90 años no conforman una categoría cultural homogénea. Algunos quieren tango y otros, rock; algunos quieren pintar, otros quieren aprender inteligencia artificial, otros escribir poesía, hacer fotografía, teatro, cine, historia, periodismo o diseño…y muchos quieren participar junto con generaciones diferentes.
Longevidad cultural no significa cultura para viejos. Significa garantizar el derecho a seguir creando durante toda la vida
Cultura combate soledad
Este punto adquiere una dimensión sanitaria. La Comisión de la OMS sobre Conexión Social estima que aproximadamente una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad y que cerca de una de cada cuatro personas mayores se encuentra socialmente aislada. La OMS reclama que la conexión social sea tratada como una prioridad de salud pública.
No toda persona que vive sola está sola y no toda soledad se resuelve asistiendo a una actividad pero existe una diferencia enorme entre una ciudad donde una persona mayor puede elegir entre diez espacios de participación próximos y otra donde su única interacción de la semana ocurre en una farmacia.
Por eso la política de longevidad no puede limitarse a preguntar “¿Tiene cobertura médica?, también deberá empezar a preguntar: ¿Tiene dónde encontrarse con otros?
Un estudio británico publicado en 2026 sobre participación cultural de personas mayores mostró justamente que abrir la puerta de una institución no garantiza inclusión. La confianza, el sentido de pertenencia, la accesibilidad y la capacidad de compartir decisiones son determinantes para sostener la participación. La prescripción cultural fracasa si la persona recibe una invitación para asistir a un lugar en el que siente que no pertenece.
La oportunidad de La Plata
En ciudades como La Plata esta conversación puede tener una aplicación extraordinariamente concreta. Tenemos universidades, teatros, museos, bibliotecas, clubes, centros culturales, colectividades, instituciones barriales, escritores, músicos, artistas y una enorme tradición asociativa.
El recurso existe, la pregunta es si estamos dispuestos a conectarlo.El costo de muchas de estas intervenciones podría ser relativamente bajo porque buena parte de la infraestructura ya está construida, lo que falta es articulación.
La verdadera innovación consiste precisamente en comprender que salud, cultura, educación y comunidad no viven en compartimentos separados en la vida de las personas, aunque nuestros gobiernos continúen organizándolos en secretarías distintas.
Conclusión
Quizás en algunos años consideremos tan normal que un sistema de salud articule con un museo, un coro o una biblioteca como hoy consideramos normal recomendar actividad física, no porque la cultura vaya a reemplazar al médico sino porque finalmente habremos comprendido algo mucho más elemental: una vida saludable necesita motivos para ser vivida.
La longevidad no puede medirse solamente en años adicionales. Debe medirse también en historias que todavía podemos contar, canciones que podemos cantar, cosas que todavía deseamos aprender, lugares a los que queremos volver y personas con quienes queremos compartirlos.
Un hospital puede ayudarnos a vivir más, una política cultural puede contribuir a que sigamos sintiendo que vale la pena hacerlo y por eso, cuando discutamos el futuro de la salud y la longevidad, quizás debamos reservar una silla en esa mesa para artistas, bibliotecarios, músicos, escritores, gestores culturales y clubes.
Porque la cultura no es solamente aquello que hacemos cuando estamos sanos, también puede ser una de las cosas que nos ayudan a seguir estándolo.
(*) Directora de Masa Madre Consultora
Especialista en Economía Plateada y Longevidad Positiva.
Directora de la Cátedra Libre “Economia Plateada y Longevidad Positiva” (UNLP).


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