
El Conurbano paga la cuenta: 4,9 millones de pobres y una indigencia del 9,9%
En los partidos del Gran Buenos Aires, casi 4,9 millones de personas viven en hogares cuyos ingresos no alcanzan para cubrir la canasta básica. La pobreza llegó al 36,9% durante el primer semestre de 2026 y la indigencia, que mide a quienes tampoco pueden pagar la alimentación mínima, al 9,9%. El INDEC mide al conjunto de los partidos, no a cada municipio.
El Gobierno de Javier Milei defiende la desaceleración de la inflación como señal de recuperación. Pero una inflación menor significa que los precios suben más despacio, no que bajan. Para salir de la pobreza, el ingreso debe alcanzar para una canasta que sigue aumentando. En el primer semestre, volvió a quedarse atrás.
En los 31 aglomerados urbanos que mide el INDEC, la pobreza pasó del 28,2% de las personas en la segunda mitad de 2025 al 32,3% en la primera mitad de 2026. La diferencia es de 4,1 puntos porcentuales. La indigencia subió del 6,3% al 7,5%. El relevamiento contó 9,7 millones de pobres y 2,2 millones de indigentes en esas ciudades. No es un censo de todo el país.
El Conurbano permite ver el problema con más nitidez. En los partidos del GBA, la tasa de pobreza había sido del 32,6% en el segundo semestre de 2025 y ahora alcanzó el 36,9%: 4,3 puntos más entre ambas mediciones. La indigencia pasó del 8% al 9,9%. Son diferencias propias de ese territorio. Entre los hogares del GBA bonaerense, la pobreza alcanzó al 29,7% y la indigencia, al 7,6%.
¿Qué cambió en la cuenta familiar? Según el INDEC, el ingreso por persona dentro de los hogares creció en promedio 11,5% respecto del semestre anterior. En el mismo lapso, las canastas alimentarias regionales aumentaron en promedio 21,4% y las canastas básicas totales, 19,6%. La primera sirve para medir indigencia.
Cuando la canasta se aleja del ingreso
La comparación explica una parte central de la suba, aunque ningún promedio describe la situación de todas las familias. Hay hogares que conservaron el trabajo y perdieron poder de compra; otros sufrieron una caída de horas trabajadas o dependen de ingresos informales. El INDEC mide ingresos monetarios del hogar y los compara con la canasta que corresponde a su composición. No pregunta si una familia se siente pobre: verifica si lo que entra alcanza para pagar ese conjunto de bienes y servicios.
La distancia se aprecia también dentro del grupo que ya está bajo la línea. En los 31 aglomerados, los hogares pobres tuvieron un ingreso familiar promedio de $922.755, frente a una canasta básica total promedio de $1.440.395 para esos mismos hogares. Faltaban $517.640, una brecha del 35,9% respecto del costo de la canasta. Es un promedio del grupo, no el presupuesto universal de una familia ni el precio mensual de una canasta idéntica para todas las casas.
En el Conurbano, donde millones dependen del salario, de changas, de jubilaciones o de pequeños comercios, esa diferencia no necesita una traducción solemne. Si entra menos dinero del que exige la canasta, pagar un gasto obliga a postergar otro. El informe no permite repartir la cifra entre Morón, Quilmes o Lomas de Zamora: publica una tasa para el conjunto del GBA bonaerense.
La infancia expone otra dimensión. En los 31 aglomerados, el 44,5% de los chicos de entre 0 y 14 años vive en hogares pobres. No significa que todos sufran la misma privación, pero sí que el ingreso de sus hogares queda por debajo de lo necesario para la canasta básica. Cuando el ingreso no alcanza, la caída afecta compras cotidianas, traslados y oportunidades de participar de actividades que también cuestan dinero. Esa cifra es del total urbano medido; no es una tasa infantil exclusiva del Conurbano.
La comparación temporal obliga, además, a no elegir únicamente el punto que conviene al discurso. El 32,3% de pobreza de la primera mitad de 2026 supera el 28,2% del semestre inmediato anterior. Frente al primer semestre de 2025, cuando había sido del 31,6%, la diferencia es menor.
Tampoco alcanza con explicar el resultado por un único despido, una tarifa o un precio. La pobreza combina ingresos del trabajo, cantidad de ocupados por hogar, transferencias y costo de vida. La política económica incide sobre esas variables y debe responder por sus resultados, pero el dato semestral no identifica por sí solo cuánto aportó cada decisión. La prueba inmediata para el Gobierno es más concreta: su apuesta a la estabilización todavía no se tradujo, en este período, en una mejora sostenida de los ingresos frente a las canastas.
En los partidos del GBA, el 36,9% pone una escala a esa prueba: casi 4,9 millones de personas bajo la línea de pobreza y una indigencia cercana a una de cada diez. Para modificar ese número no basta con anunciar que los precios aumentan más lento. La cuenta recién empieza a cerrarse cuando el trabajo y los demás ingresos permiten comprar lo que la familia necesita. Por ahora, el INDEC registra que esa distancia volvió a agrandarse. Ahí se juega la promesa de recuperación.


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