
La universidad pública, un refugio que me salvó la vida
Por Florencia Belén Mogno.
Hoy, 15 de octubre, nuevamente las calles de Argentina se llenan de personas unidas bajo un grito colectivo: exigir que el Gobierno Nacional deje su política de empobrecimiento y destrucción de la educación superior y se digne a cumplir con la Ley de Financiamiento Universitario para sostener a nuestras instituciones y al personal docente y no docente que trabaja en ellas.
En este escenario y motivada por la indignación y la bronca, me reconforta contar con el espacio que tengo en Grupo Mediatres para invitar a la reflexión a través de mi historia personal. Yo soy “hija” de la universidad pública, hija de mi amada Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM). Yo fui la primera en mi familia en estudiar una carrera universitaria. Cursé la Licenciatura en Comunicación Social y puedo decir que tanto la carrera como la UNLaM y los docentes que trabajan allí me cambiaron la vida.
A lo largo de mi recorrido académico, tuve que cursar más de 40 materias y pude conocer a docentes que me formaron como profesional y como persona. Y es en este contexto en el que nos encontramos en nuestro país que elijo escribir estas líneas para destacar lo que significan en mi vida los docentes universitarios.
Para empezar, recuerdo a mi mentor en periodismo gráfico. De él atesoro un simple dibujo (el cual guardo hasta hoy), que fue mi guía para poder hacer cada una de las notas que compartimos en los talleres. Él me formó y contribuyó a que la escritura sea mi pasión; me enseñó que “no se puede hacer periodismo con miedo” y, gracias a él, hoy vivo mi trabajo con amor y cada nota que escribo puedo hacerla con la calidad y el rigor que mi profesión me exige.
Por otra parte, hay otro docente que guarda un lugar especial en mi corazón. Él definió mi futuro universitario e incluso profesional. Su materia, su manera de enseñar y su forma tan socrática y mayéutica de hacer que nosotros, sus alumnos, fuésemos capaces de desarrollar nuestro pensamiento crítico fueron fundamentales para mí. Con él aprendí a analizar la realidad y el mundo como nunca antes lo había logrado. Él me inspiró a elegir mi tema para hacer mi tesis; me encontré implementando explicaciones y recursos suyos en la redacción de cada texto académico que he hecho. Gracias a él, hice un trabajo final de grado que amé desde el primer día y, también a él, le debo el haber descubierto mi fascinación por su materia y mi sueño de algún día poder ser docente y enseñar esta asignatura en mi amada UNLaM.
A ellos se suma otra profesora fundamental para mí: mi tutora durante el proceso de la tesis. Por ese entonces, yo atravesaba el peor momento de mi vida. Es terrible para mí escribir estas líneas sin convertirme en un mar de lágrimas, pero, antes de graduarme, yo perdí a mi mamá. Hasta ese momento, yo no sabía lo que era llevar el dolor dentro de los huesos. Perder a mi mamá fue y es lo peor que me pudo haber pasado y, sin embargo, ahí estuvo mi tutora. Durante todo el proceso en el que yo intentaba hacer una tesis, mientras el dolor me comía por dentro, mi profe estuvo ahí: me ayudó con material, me escribía constantemente —incluso durante sus vacaciones— para decirme que siguiera adelante porque yo me tenía que recibir. El día que me gradué fui sola, lloré a mares dentro de la UNLaM por no tener a mi mamá conmigo, y la primera persona que me escribió para saber cómo me había ido fue mi tutora.
Hoy, 15 de octubre, en el marco de una nueva marcha universitaria, elevo mi voz para exigir que se cumpla con la Ley de Financiamiento, pero también para decir gracias. Gracias a mis profes, gracias a mi adorada UNLaM y gracias a la universidad pública. Agradezco porque, en el peor momento de mi vida, esa universidad pública a la que iba todos los días a cursar y en la que pasaba horas estudiando fue el refugio que me contuvo cuando mi mundo se había desmoronado. La UNLaM y los docentes de mi carrera me formaron, me dieron herramientas para mi profesión, pero también fueron mi casa y, lo más importante, a mí, la UNLaM, una universidad pública y sus docentes, fueron quienes me salvaron la vida.
Fuente fotografías: redes sociales


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