
Un día a la vez (y la importancia de disfrutar de los procesos)

Por Florencia Mascioli, de la Redacción de Capital 24
A veces buscamos resultados inmediatos pero no queremos transitar el camino que hay que atravesar para llegar a ese punto mágico al que solemos llamar destino: “Se hace camino al andar” decía el poeta español Antonio Machado. Entonces, ¿por qué no honrar ese proceso?
Comenzó un nuevo año: lleno de oportunidades, posibilidades, probabilidades… Solo hay que poner el foco en eso que tanto añoramos y les aseguro que si cada día que pasa damos, al menos, un paso, ahí sí estaremos cada vez más cerca de la meta.
Desde hace algún tiempo cambié mi forma de ver las cosas, el mundo, la energía; porque somos eso y el Universo actúa así: donde ponemos el foco, ahí –justo ahí- va nuestra energía. Y no solo la fe mueve montañas sino que si empezamos a accionar conscientemente, cada una de las acciones que elijamos nos llevará directamente –cueste lo que cueste y tarde lo que tarde- a esos lugares a los que queremos llegar.
Con el paso de la vida aprendí que si nos hacemos un tiempito para tomar consciencia de que las cosas que se consiguen rápido se van rápido también. Y que si nos enfocamos en qué paso debemos dar primero y ponemos todas nuestras fuerzas en avanzar de a uno a la vez, el proceso también se disfruta.
¿De qué sirve llegar rápido a la meta si no podemos disfrutar del camino? En ese camino, en el que pueden aparecer miles de obstáculos, nos vamos a encontrar con situaciones, personas, lugares y hasta con emociones y pensamientos nuestros que tal vez ni siquiera conocíamos. Y es ahí donde están los mayores aprendizajes: en animarnos a enfrentar a todo eso a lo que le tememos. “Todas las cosas buenas están más allá del miedo”, dice una sabia frase; entonces, ¿por qué privarnos de eso, de dar un paso a la vez, de saber que después de animarnos a cruzar ese limbo entre lo que conocemos y lo que no, vamos a encontrarnos con eso que deseamos concretar? –y seguramente con mucho más-.
“Un día a la vez” es una frase que deberíamos tener presente en cada una de las pruebas y desafíos que nos pueda poner la vida. Porque implica que no esperemos ansiosos solamente el resultado, sino que también podamos adaptarnos a los vaivenes de ese proceso: que puede incluir dificultades (por supuesto) pero que también nos va a garantizar aprendizaje. Y ahí está la clave: en comprender que de cada obstáculo que se nos presente nos vamos a llevar una enseñanza.
¿Cuesta dar el primer paso en un camino que sabemos que será largo y doloroso? Sí, claro. ¿Cuesta enfrentar esos miedos a los que ni siquiera creíamos conocer? Por supuesto que sí. ¿Cuesta saber que lo que buscamos (un trabajo, una pareja, un viaje, un sueño) nos va a implicar dar muchos pasos, en un camino que puede volverse sinuoso y al que definitivamente no conocemos y por el que tememos transitar? Obviamente que sí. Pero si supiéramos el aprendizaje que nos va a dejar el hecho de animarse a atravesar esos miedos y la infinidad de personas con las que podemos cruzarnos en ese trayecto, estoy segura de que hoy, justo hoy, nos animaremos a dar –al menos- ese primer paso.



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