
La Plata, Berisso, Ensenada y Brandsen: Kicillof dejó la calle en manos del delito

Por: Maximiliano Ibarra Guevara (*), especial para Capital 24
No es sensación: es información oficial.
Cuando un comerciante cierra temprano porque sabe que lo van a reventar, eso no es sensación. Cuando un trabajador vive mirando para atrás por miedo a que lo encañonen, eso no es sensación. Eso es realidad. Y es una realidad que en la Provincia de Buenos Aires se volvió cotidiana.
Hoy Buenos Aires no está insegura… Buenos Aires está descontrolada. Y lo peor: está descontrolada por falta de decisión política, por falta de presencia territorial, por falta de conducción. Porque el delito no avanza por casualidad: avanza cuando el Estado se corre.
Y cuando el Estado se corre… el barrio queda liberado.
Datos duros: esto no es opinión, es información
Según el Ministerio Público de la Provincia de Buenos Aires, durante el año 2024 se iniciaron 1.105.189 Investigaciones Penales Preparatorias (IPP). Repito: un millón ciento cinco mil ciento ochenta y nueve causas penales en un solo año. Y el mismo informe registra 1.273 homicidios y 191 homicidios criminis causa, es decir: matar para robar, matar para garantizar impunidad, matar como parte del delito. Esto no es una discusión ideológica. Esto es una provincia herida.
Y el delito que más golpea al bonaerense no es el que aparece en los discursos: es el que aparece en la puerta de tu casa. Los delitos contra la propiedad concentran una parte central de las causas iniciadas, con fuerte peso de robos y hurtos. Por eso la gente vive con miedo: porque el robo se volvió una fábrica permanente.
Motochorros, entraderas, arrebatos, asaltos violentos, robos a trabajadores, robos a jubilados… y una impunidad que ya se volvió rutina.
Y esto no pasa solo en el conurbano profundo. Pasa acá, en nuestra región.
Pasa en La Plata, donde los barrios reclaman prevención real y patrullaje sostenido, no presencia intermitente.
Pasa en Berisso, donde el vecino siente que está solo cuando cae la noche y el delito se mueve con ventaja.
Pasa en Ensenada, donde el trabajador vuelve con miedo, y cada esquina se vuelve una ruleta.
Y pasa en Brandsen, donde la inseguridad dejó de ser “algo de otros” y golpea a familias y comerciantes que antes vivían con tranquilidad.
La policía pone la cara, pero el responsable es el gobernador. Porque el policía de calle no decide el presupuesto, no decide cuántos móviles hay, no decide el combustible, no decide el equipamiento, no decide la planificación. El que decide eso es el poder político. Y si el sistema fracasa, el que tiene que rendir cuentas es el poder.
La Provincia de Buenos Aires no necesita excusas: necesita conducción. No necesita relato: necesita presencia. No necesita propaganda: necesita orden. Porque cuando el Estado se corre, la calle no queda vacía: la ocupa el delito. Basta de provincia liberada. Basta de miedo. Basta de un gobierno que no se hace cargo.
(*) Abogado y excandidato a diputado bonaerense
por la Octava Sección Electoral (La Plata)


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