
El maltrato que vemos, el maltrato que callamos
Por: Lic. Sandra Campos (*)
Hay una pregunta incómoda que debería ingresar de lleno en la agenda pública: ¿Por qué la sociedad reacciona con mayor rapidez frente al maltrato infantil que frente al maltrato hacia las personas mayores?
El maltrato hacia personas mayores aparece mucho más oculto, menos denunciado y menos institucionalizado como problema público. Nadie discute que la niñez y la adolescencia requieren máxima protección. Pero el dato comparativo abre una alarma distinta: cuando se mira el peso demográfico de cada franja etaria y se lo cruza con los casos registrados de violencia doméstica, las personas mayores aparecen mucho menos de lo que deberían aparecer. No necesariamente porque sufran menos, sino porque denuncian menos, son escuchadas menos y, demasiadas veces, su dolor queda archivado bajo la etiqueta de “problema familiar”.
Según la OMS, el maltrato a personas mayores incluye abuso físico, sexual, psicológico/emocional, financiero o patrimonial, abandono, negligencia y pérdida grave de dignidad y respeto. Estima que alrededor de 1 de cada 6 personas mayores de 60 años sufrió alguna forma de maltrato en el último año en contextos comunitarios, y advierte que en instituciones de larga estadía los niveles reportados son particularmente altos.
Mirada universal
Desde una mirada de derechos humanos, el maltrato es una forma de violencia. La diferencia central entre culturas aparece en el umbral de tolerancia. En algunas sociedades, decidir por una persona mayor “por su bien” todavía se considera cuidado. En una mirada actual de derechos, si esa decisión anula su autonomía, puede ser maltrato. Lo mismo ocurre con infantilizar, aislar, administrar su dinero sin consentimiento, obligarla a convivir con alguien, forzarla a ir a una residencia o impedirle una nueva pareja.
La mirada comparativa por culturas y países permite comprender que el maltrato tiene una base universal -daño, sufrimiento, abuso de poder, negligencia o vulneración de derechos- pero adopta formas distintas según qué se considera maltrato, qué se naturaliza, quién denuncia, quién calla y qué respuesta da el Estado. Veamos algunos ejemplos:
América Latina y Argentina
En América Latina pesa mucho la familia: la idea de que la familia debe cuidar siempre. Esto puede ser protector, pero también puede ocultar violencias. El abuso aparece con frecuencia como violencia psicológica, abandono afectivo, abuso económico, presión para firmar poderes, apropiación de jubilaciones, convivencia forzada o maltrato por sobrecarga del cuidador.
En Argentina, la Ley 27.360 adhirió a la “Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores”, con jerarquía constitucional. Significa que el buen trato es una obligación ética, social, institucional y legal. También establece deberes estatales para prevenir aislamiento, abandono, sujeciones físicas, hacinamiento, infantilización, tratamientos médicos inadecuados y otros tratos crueles o degradantes..
Europa
En muchos países europeos el debate se concentra en la autonomía, el consentimiento, la calidad de los cuidados y el riesgo de abuso institucional. Allí se discuten con fuerza temas como sobremedicación, sujeciones físicas, aislamiento en residencias, trato despersonalizado, negligencia médica, falta de consentimiento informado y abuso financiero.
El enfoque de derechos humanos europeo subraya que el edadismo, la discapacidad, la orientación sexual, la migración, el género y la pobreza pueden aumentar el riesgo de violencia, abuso o negligencia.
Estados Unidos y países anglosajones
En Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Australia suele haber una cultura más marcada de autonomía individual y denuncia institucional. El maltrato se aborda a través de servicios de protección de adultos, justicia, salud, bancos, residencias y líneas de reporte. Allí aparece con mucha fuerza el abuso financiero: estafas, uso indebido de tarjetas, fraudes digitales, familiares que “toman prestado” sin devolver, cambios sospechosos de testamento o poderes.
Asia oriental
En China, Japón, Corea y otros países de influencia confuciana existe una fuerte tradición de piedad filial: los hijos deben cuidar y respetar a sus padres. Culturalmente, abandonar a una persona mayor puede ser visto como una falta moral grave. Pero esa misma norma puede hacer que la víctima no denuncie, porque hacerlo implicaría exponer el fracaso familiar.
El problema actual es que la urbanización, la migración laboral, la reducción del tamaño de las familias y el envejecimiento acelerado debilitan el modelo tradicional. En sociedades donde antes se suponía que la familia cuidaba, muchas personas mayores viven solas o quedan a cargo de cuidadores saturados.
India y Asia del Sur
En India el tema está fuertemente asociado al deber de los hijos de sostener a sus padres. La Ley de Mantenimiento y Bienestar de Padres y Personas Mayores de 2007 prevé mecanismos de mantenimiento y bienestar para padres y personas mayores de 60 años,incluso contempla consecuencias cuando los hijos no cumplen con órdenes de manutención.
Culturalmente, el maltrato puede tomar la forma de abandono después de transferencias patrimoniales, convivencia hostil con hijos o nueras, presión económica, expulsión del hogar, maltrato verbal y negligencia. En sociedades donde el honor familiar pesa mucho, la denuncia puede vivirse como una traición o una vergüenza pública.
África
En varios contextos africanos, especialmente rurales y con débil protección estatal, el maltrato puede mezclarse con pobreza, conflictos por tierra, viudez, acusaciones de brujería y desconocimiento de enfermedades como la demencia. La Associated Press documentó casos en Uganda y otros países donde personas mayores —muchas veces mujeres— son golpeadas, expulsadas o incluso asesinadas tras acusaciones de brujería; activistas señalan que las acusaciones también pueden usarse para justificar el abandono de personas mayores dependientes.
Allí el maltrato no nace solo de la crueldad individual, sino de la combinación entre ignorancia sanitaria, superstición, pobreza, género y falta de redes de cuidado.
Países mediterráneos
En España, Italia, Grecia y parte de América Latina hay una cultura de fuerte proximidad familiar. Eso puede evitar soledad, pero también puede generar dependencia, control y silenciamiento. El maltrato suele verse menos como delito y más como “conflicto familiar”.
La clave cultural es que el afecto familiar no garantiza buen trato. Puede haber cariño y maltrato al mismo tiempo: una hija agotada que grita, un hijo que administra mal la jubilación, una familia que decide sin consultar, una residencia que cuida el cuerpo pero anula la voluntad.
Conclusión
El maltrato hacia las personas mayores tiene una raíz común: la pérdida de su reconocimiento como sujeto pleno de derechos. Cada cultura enmascara de un modo distinto. En algunas sociedades de obediencia filial, en otras, de protección familiar, de eficiencia institucional, de tradición, de pobreza inevitable, o de amor mal entendido.
La vara ética debería ser universal: hay buen trato cuando la persona mayor conserva dignidad, voz, autonomía, seguridad, intimidad, afecto, participación y control sobre su vida. Hay maltrato cuando alguien -familia, Estado, institución, mercado o comunidad- decide que por ser mayor vale menos, molesta más, decide menos o merece menos.
En niños, niñas y adolescentes suele haber más puertas de detección, en cambio, en personas mayores la violencia muchas veces queda encerrada en el hogar, naturalizada como “problema familiar”, “carácter difícil”, “cuidado agotador” o “cosas de la edad”.
El cruce proporcional revela algo más profundo que una diferencia estadística: revela una diferencia de mirada. La infancia logró instalarse como sujeto prioritario de protección. La vejez todavía pelea por ser reconocida como sujeto pleno de derechos. Allí está la deuda. Porque una sociedad verdaderamente humana no se mide solo por cómo protege a quienes empiezan la vida, sino también por cómo respeta, escucha y cuida a quienes la han sostenido durante décadas.
(*) Directora de Masa Madre Consultora.
Especialista en Economía Plateada y Longevidad Positiva.


Marcos García seguirá preso: la Justicia rechazó otra vez la prisión domiciliaria por el caso Rocío Alvarito
Región31 de julio de 2026
Un ingeniero de la ciudad advierte por los efectos que puede causar el fenómeno “Súper Niño”
Región31 de julio de 2026


La Plata se prepara para un “apagón, alarmazo y cacerolazo” contra la inseguridad
Región31 de julio de 2026
El derrumbe de Flybondi pone en jaque la promesa libertaria de los cielos abiertos: cancelaciones y pésimo servicio
Actualidad 31 de julio de 2026
La Plata se prepara para un “apagón, alarmazo y cacerolazo” contra la inseguridad
Región31 de julio de 2026
Un ingeniero de la ciudad advierte por los efectos que puede causar el fenómeno “Súper Niño”
Región31 de julio de 2026
Marcos García seguirá preso: la Justicia rechazó otra vez la prisión domiciliaria por el caso Rocío Alvarito
Región31 de julio de 2026



