Hoy hacen falta cuatro salarios mínimos para no ser pobre en el Conurbano

Mientras el Salario Mínimo Vital y Móvil alcanzó en junio los $367.800, una familia tipo necesitó casi $1,5 millones para superar la línea de pobreza en el Gran Buenos Aires. La brecha entre ingresos y costo de vida expone una de las principales contradicciones de la economía argentina actual.
 
Actualidad 17 de junio de 2026

NOTA SALARIO MINIMO La economía argentina atraviesa una paradoja cada vez más difícil de ocultar. La inflación ya no corre a las velocidades de otros tiempos, pero para millones de trabajadores llegar a fin de mes sigue siendo una carrera cuesta arriba. Los números oficiales difundidos durante junio permiten observar con crudeza esa distancia: el salario mínimo se ubicó en $367.800, mientras que una familia tipo del Conurbano necesitó $1.498.741 para no ser considerada pobre.

La cuenta es sencilla y contundente. Para alcanzar la línea de pobreza definida por el INDEC, un hogar integrado por dos adultos y dos niños necesita el equivalente a poco más de cuatro salarios mínimos completos. Dicho de otro modo: un trabajador que percibe el ingreso mínimo legal apenas cubre una cuarta parte de los recursos que requiere una familia para mantenerse fuera de la pobreza.

El dato adquiere relevancia porque el Salario Mínimo Vital y Móvil no es una referencia menor. Además de funcionar como piso legal para numerosos trabajadores, sirve para calcular prestaciones sociales y beneficios vinculados al sistema de protección laboral. Sin embargo, su evolución continúa mostrando dificultades para acompañar el costo real de vida.

Durante junio, el salario mínimo aumentó apenas 1,32% respecto de mayo, cuando se ubicaba en $363.000. El incremento quedó por debajo del 2,1% de inflación registrado por el INDEC en ese período. En términos prácticos, el poder adquisitivo del salario mínimo volvió a retroceder.

 

La economía real detrás de las estadísticas

Mientras el debate económico suele concentrarse en el equilibrio fiscal, el riesgo país o la acumulación de reservas, la vida cotidiana se organiza alrededor de otra variable mucho más concreta: cuánto cuesta llenar la heladera y sostener los gastos básicos del hogar.

Los datos del INDEC muestran que la Canasta Básica Total aumentó 2% en mayo y llevó la línea de pobreza para una familia tipo hasta los $1.498.741. La Canasta Básica Alimentaria, que determina la indigencia, avanzó aún más rápido: subió 2,4% y alcanzó los $681.246.

La diferencia entre ambas mediciones también resulta significativa. Para no ser indigente una familia necesitó casi dos salarios mínimos. Para no ser pobre, más de cuatro.

Además, los alimentos continúan creciendo por encima del promedio general de bienes y servicios. En los primeros cinco meses del año la canasta alimentaria acumuló una suba de 15,6%, mientras que la canasta total avanzó 14,5%. Puede parecer una diferencia pequeña, pero impacta directamente sobre los sectores que destinan la mayor parte de sus ingresos a comer.

El problema se vuelve más visible en el Conurbano bonaerense, donde conviven trabajadores registrados, empleados informales, jubilados y beneficiarios de programas sociales. Allí, la línea de pobreza se mueve todos los meses hacia arriba mientras los ingresos avanzan con mucha menor velocidad.

Los próximos aumentos del salario mínimo ya fueron establecidos: $372.400 en julio y $376.600 en agosto. Incluso con esas actualizaciones, la distancia respecto del ingreso necesario para no ser pobre seguirá siendo enorme.

La estabilidad macroeconómica puede ser un objetivo legítimo de cualquier programa económico. Pero la economía real tiene una forma mucho más sencilla de medir el éxito o el fracaso de un modelo: cuánto necesita una familia para vivir y cuánto dinero efectivamente entra a su casa. Hoy, en el Conurbano, la respuesta es tan incómoda como evidente. La pobreza exige casi cuatro salarios mínimos y medio. El mercado laboral, en cambio, sigue pagando apenas uno.

  

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