El impacto de la inseguridad alimentaria en las infancias de La Plata

Un equipo de investigadores del Laboratorio de Investigaciones en Ontogenia y Adaptación de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP estudia esta problemática en los denominados “barrios populares” de la periferia, territorios marcados por la vulnerabilidad socioeconómica y el déficit de infraestructura.
Región23 de junio de 2026

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La malnutrición infantil es una problemática compleja que no solo depende de lo que se ingiere, sino también del entorno en el que se vive. En Argentina, aunque existe suficiencia alimentaria a nivel nacional, la falta de equidad en el acceso debido a ingresos insuficientes provocó que la inseguridad alimentaria alcance al 32,2% de los niños, niñas y adolescentes en áreas urbanas.

En este sentido, un equipo de investigadores del Laboratorio de Investigaciones en Ontogenia y Adaptación (LINOA) de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata estudia esta problemática en los denominados “barrios populares” de la periferia de La Plata, territorios marcados por la vulnerabilidad socioeconómica y el déficit de infraestructura.

La seguridad alimentaria no solo implica que haya comida disponible todos los días, sino que las personas tengan acceso físico y económico a alimentos que sean nutricionalmente adecuados, inocuos y culturalmente aceptables. Cuando estas condiciones fallan, surge la inseguridad alimentaria, una situación de acceso limitado o incierto, tanto en términos de calidad como de cantidad, que suele preceder a la malnutrición.

 

El estudio

 

La investigación se centra en diferentes barrios de la periferia de La Plata, como Villa Elvira, Altos de San Lorenzo, Los Hornos, Arana, Melchor Romero y San Carlos. Estos territorios se definen por la falta de títulos de propiedad y el acceso irregular a servicios básicos como agua corriente, electricidad o cloacas, condiciones adversas para el crecimiento y desarrollo infantil y adolescente.

Para obtener los datos, el equipo del LINOA trabaja en establecimientos escolares públicos mediante un abordaje integral que combina distintas estrategias. Por un lado, se realizan encuestas a las familias con el objetivo de caracterizar el contexto socioeconómico y ambiental de residencia y los hábitos alimentarios del hogar. A su vez, se llevan a cabo mediciones antropométricas, como el peso y la talla, para luego evaluar el estado nutricional de los niños y niñas.

También se registra la presión arterial y, en articulación con el Centro de Parásitos y Vectores (CEPAVE) de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo (UNLP-CONICET-CIC), se implementan talleres donde se habla de las parasitosis intestinales y su efecto negativo en la salud, además de realizarse análisis gratuitos para su detección. Los resultados de esos análisis son entregados a las familias para que puedan acudir a los centros de salud cercanos en caso de necesitar tratamiento.

Finalmente, el equipo elabora informes técnicos que sirven como insumo para la elaboración y puesta en marcha de políticas públicas.

 

Un escenario crítico

 

Los datos obtenidos por los investigadores durante los últimos dos años de trabajo evidencian un escenario crítico. En cuanto a la infraestructura de los hogares analizados, el 87% no cuenta con red cloacal y el 88% debe utilizar gas envasado para cocinar o calefaccionar. Además, la precarización laboral es una constante: solo el 19% de los padres declaró poseer un empleo formal y una situación similar se registró entre las madres.

También se encontró que el 60% de los hogares analizados experimenta algún grado de inseguridad alimentaria, afectando directamente al 37% de la población infantil.

Estas condiciones ambientales tienen un impacto directo en la salud individual y poblacional. Los datos relevados en 2025 muestran que 7 de cada 10 niños y niñas están parasitados y que un 20% de ellos presenta tres o más especies de parásitos intestinales, siendo las especies más frecuentemente halladas Blastocystis sp. y Enterobius vermicularis.

Según la Dra. Mariela Garraza, investigadora del proyecto, “estos resultados están estrechamente vinculados al hacinamiento y al consumo de agua y alimentos contaminados, lo que hace necesario avanzar en mejoras habitacionales, garantizar el acceso a agua potable y sistemas seguros de eliminación de excretas”.

 

La “doble carga” de la malnutrición

 

La investigación arroja luz sobre una paradoja nutricional: mientras la desnutrición crónica (baja talla) disminuyó en las últimas décadas, el exceso de peso (sobrepeso y obesidad) creció más de un 15%. Actualmente, más del 45% de los escolares de estos barrios presenta sobrepeso u obesidad.

La Dra. María Laura Bergel Sanchís explica que la malnutrición es una “manifestación biológica de las desigualdades sociales”, ya que las restricciones económicas empujan a las familias a dietas monótonas, de bajo valor nutricional pero elevada densidad energética, configuradas por un mercado que prioriza la ganancia sobre la salud y que promueve el sobrepeso y la obesidad desde edades tempranas.

Consecuencias a largo plazo: el riesgo cardiovascular

Por su parte, la Dra. Florencia Cesani, directora del proyecto, explicó que “uno de los hallazgos más preocupantes del estudio es la detección de alteraciones en la presión arterial. Se registró que 2 de cada 10 escolares presentan valores elevados, una cifra que supera los promedios informados para otras poblaciones infantiles del país”.

Asimismo, agregó que tanto la malnutrición por déficit como por exceso comprometen el crecimiento y desarrollo psicofísico de las infancias, y que la obesidad, en particular, aumenta el riesgo de padecer otras enfermedades crónicas no transmisibles, como diabetes, hipertensión y cáncer, entre otras.

Los investigadores subrayan que para revertir esta situación no basta con intervenciones aisladas. Es prioritario articular políticas alimentarias, sanitarias, habitacionales y laborales que mejoren las condiciones de vida en los barrios populares. Solo mediante un abordaje integral se podrá garantizar el acceso efectivo a alimentos saludables y promover entornos que protejan el crecimiento y desarrollo de los niños y las niñas de nuestra región.

El equipo interdisciplinario, que cuenta con la dirección de la Dra. María Florencia Cesani y la codirección de la Dra. Mariela Garraza, está integrado por antropólogos y biólogos de la UNLP, el CONICET y la CIC, y lleva más de 25 años analizando la situación nutricional infantil en el partido de La Plata y otras regiones del país.

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