
“Mi otra yo”, tercera temporada, y esos episodios que nos erizan la piel
Por Florencia Mascioli, de la Redacción de Capital 24
“Tres amigas llegan a un pueblo costero, donde se conectan con su lado espiritual y, sin imaginarlo, enfrentan traumas familiares del pasado” decía la sinopsis de Netflix cuando se lanzó la primera temporada.
Ahora que se dio a conocer la tercera, todo cobra mucho más sentido sobre todo porque cada una de ellas lleva una historia inconclusa en sus almas, en sus antepasados, en su carne y en su sangre: porque si hay algo de lo que no se puede escapar es del linaje, y ahí es donde más se mete esta maravillosa serie que nos deleita con los viajes de autodescubrimiento que cada una encarna para ponerle fin al dolor o principio al amor.
En esta tercera y última entrega, la serie las posiciona desde otro lugar bastante más profundo en el que estaban paradas estas tres amigas aquella primera vez. Porque los retos y los desafíos que cada una enfrenta, son el aprendizaje de la otra mirándolo –por supuesto- desde otra perspectiva.
Nos vamos a encontrar con una Ada un poco más madura respecto a vínculos, pareja y hasta con deseos de maternidad; pero más consciente del valor de su cuerpo y de su alma. Leyla seguirá sosteniendo los conflictos con Erdem, pero a sabiendas de que poner los límites es también marcarse ella misma hasta dónde es capaz de permitir. Y Sevgi, que siempre siguió al amor por sobre todas las cosas, seguirá buscando cumplir su tan anhelado sueño de formar una familia con Fiko.
Lo interesante de esta tercera temporada es que nos hará ponernos a pensar a nosotros mismos, sus espectadores, cuán importante es trabajar en lo que nos duele, en lo que nos traba, con lo que a veces pareciera que no podemos seguir lidiando. El autoconocimiento no solo de la cabeza sino también de la piel y del corazón, de eso que llevamos dentro y que a veces molesta y no entendemos su causa, es una de las formas más sabias de transitar por esta vida.
“Mi otra yo” y su última entrega, nos llevará a recorrer nuestro pasado y nuestro presente; a comprender que los vínculos se construyen y que podemos elegir día tras día cómo hacerlo, con cada decisión que tomamos, con cada límite que elegimos poner y con todos aquellos que todavía no.
Ser coherentes entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos, termina siendo la mejor manera de manejar las cosas, incluso las que no sabemos desde dónde mirar. Esta última temporada debe ser la más movilizante de las tres, porque este grupo de amigas ha evolucionado en todos los sentidos posibles y eso nos demuestra que vamos por el camino correcto.


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