Una encuesta marca el peor momento político de Milei y una mayoría ya quiere otro rumbo

Un relevamiento nacional de M&F Consultora muestra el nivel más alto de desaprobación desde el inicio de la gestión libertaria. La economía doméstica, la inflación, los casos de corrupción y las disputas internas aparecen como los principales factores que erosionan la confianza en el Gobierno.
Política 02 de julio de 2026

NOTA CAIDA DE IMAGEN La política tiene una regla que rara vez falla: los gobiernos pueden sobrevivir a una mala semana, a una derrota legislativa o incluso a una crisis interna. Lo que resulta mucho más difícil es resistir cuando la opinión pública comienza a cambiar de humor. Ese parece ser el momento que atraviesa Javier Milei. Según el último Monitoreo de Opinión Pública de M&F Consultora, realizado entre el 12 y el 26 de junio sobre 2.600 casos en todo el país, el oficialismo alcanzó su peor registro de imagen desde que llegó a la Casa Rosada.

El dato central es contundente. El 58,2% desaprueba la gestión nacional, mientras que el 37,3% la aprueba. Nunca desde diciembre de 2023 la distancia entre ambos indicadores había sido tan amplia. La brecha alcanza los 20,9 puntos y refleja un deterioro sostenido del respaldo social que supo acompañar los primeros meses del Gobierno.

Pero la fotografía política va más allá de la aprobación presidencial. El estudio detecta que la confianza también se desgasta: el 60,5% de los consultados manifestó tener poca o ninguna confianza en la administración nacional, frente a un 37,8% que aún sostiene distintos niveles de respaldo.

 

Economía, corrupción y desgaste: las razones de la caída

En política no alcanza con explicar un resultado. Hay que entender por qué ocurre. Y los números de la encuesta ofrecen algunas pistas.

La inflación continúa siendo la principal preocupación de los argentinos, concentrando el 22,4% de las respuestas. Sin embargo, el dato más significativo es el crecimiento de la corrupción como problema nacional. Con el 20,6% de las menciones, quedó muy cerca del primer lugar y se consolidó como una preocupación creciente en la agenda pública.

Detrás aparecen la desocupación, la pobreza y la inseguridad. Pero cuando la encuesta deja la política nacional y entra al comedor de cada casa, el panorama cambia de escala.

La mayor preocupación ya no es una variable macroeconómica sino llegar a fin de mes. Casi uno de cada cuatro encuestados ubicó esa dificultad como su principal problema cotidiano. A eso se suman los bajos ingresos y la inseguridad. En conjunto, las preocupaciones vinculadas con la economía representan el 72,7% de todas las respuestas obtenidas.

La percepción sobre la situación personal tampoco acompaña el relato oficial. El 40,7% calificó su economía como mala o muy mala, mientras apenas un 25,3% la evaluó positivamente. Además, el 23,5% aseguró que ya no logra afrontar su situación económica y más de la mitad de los hogares reconoció que sus ingresos resultan insuficientes para cubrir los gastos corrientes sin dificultades.

Ese escenario termina modificando hábitos. El 84,1% admitió haber cambiado su forma de consumir durante el último año. Entre las decisiones más frecuentes aparecen postergar compras importantes, abandonar primeras marcas, reducir el consumo de carne y limitar las salidas gastronómicas.

 

El frente político también comienza a pasar factura

La economía no explica sola el desgaste. La encuesta también midió el impacto de la conflictividad interna del oficialismo y de las investigaciones que involucran a funcionarios nacionales.

El 73,8% considera que las disputas dentro del Gobierno afectan su capacidad para gobernar y casi la mitad de ese universo cree que el daño es muy importante. A eso se suma otro dato incómodo para la Casa Rosada: el 71,2% afirma que los episodios vinculados con presuntos hechos de corrupción reducen su confianza en la administración libertaria.

La tensión política tampoco pasa inadvertida para los encuestados. El 42,7% entiende que los conflictos entre el entorno de los hermanos Milei y Patricia Bullrich perjudican la gestión, mientras apenas uno de cada cinco considera que fortalecen al oficialismo.

El impacto de ese desgaste también aparece cuando se proyecta el escenario electoral. Según M&F Consultora, el 55,4% afirma que, si la elección presidencial fuera hoy, votaría por un cambio de gobierno y de políticas públicas. Del otro lado, el 41,4% acompañaría la continuidad, aunque solo el 14,6% respaldaría mantener el rumbo exactamente como está. El resto preferiría que el oficialismo siguiera, pero con modificaciones importantes.

Paradójicamente, la encuesta también revela que dos de cada tres argentinos volverían a votar igual que en 2023. Es decir, el descontento crece más rápido que la reorganización de una alternativa política.

En la Casa Rosada todavía pueden leer el vaso medio lleno y recordar que una parte importante de su electorado continúa fiel. Pero las encuestas tienen una lógica implacable: cuando los indicadores económicos, la confianza y la imagen comienzan a caer al mismo tiempo, el problema deja de ser estadístico y empieza a convertirse en político. Y esa suele ser la etapa donde las narrativas ya no alcanzan para corregir el humor social.

 

 

58,2% de los consultados desaprueba la gestión de Javier Milei, mientras que 37,3% la aprueba. Según M&F Consultora, es el nivel de rechazo más alto registrado desde el inicio del gobierno en diciembre de 2023.

 

La economía sigue condicionando el humor social: 84,1% de los argentinos asegura haber cambiado sus hábitos de consumo durante el último año y 55,4% afirma que, si las elecciones fueran hoy, votaría por un cambio de gobierno y de políticas.

 

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