
El déficit habitacional golpea al Conurbano con millones de familias en precariedad
En el Conurbano bonaerense, la situación adquiere una dimensión crítica: barrios sin agua potable ni cloacas, viviendas precarias y miles de familias expuestas a inundaciones muestran una deuda estructural que atraviesa décadas.
La crisis habitacional en la Argentina dejó hace tiempo de ser un problema vinculado únicamente a la falta de casas. Hoy también habla de barrios sin cloacas, calles que se inundan, viviendas deterioradas y familias que, aun teniendo un techo, viven lejos de condiciones mínimas de calidad. En ese mapa, el Conurbano bonaerense concentra algunas de las expresiones más duras de una deuda social que permanece prácticamente inalterable desde hace más de una década.
Un informe elaborado por el Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda Argentina (OFAVA), impulsado por la Asociación de Empresarios de la Vivienda (AEV) y la Cámara Empresaria de Desarrolladores Urbanos (CEDU), estima que 5.743.365 hogares presentan algún tipo de déficit habitacional. El estudio también calcula que el país necesita alrededor de 1,7 millones de viviendas nuevas para resolver los casos más críticos, aunque advierte que la mayor parte del problema requiere otro tipo de respuestas.
El drama no es solo construir casas
La investigación propone una mirada más amplia sobre el acceso a la vivienda. Según el trabajo, una parte importante de las familias no necesita mudarse, sino acceder a mejoras básicas que les permitan vivir con dignidad. Refacciones estructurales, ampliaciones, conexiones a redes de agua potable y cloacas o infraestructura urbana aparecen como necesidades mucho más extendidas que la construcción de nuevos barrios.
Los datos muestran que el déficit habitacional permanece cerca del 40% de los hogares desde hace diez años. Hubo una leve mejora antes de la pandemia, impulsada por mayor inversión y algo más de financiamiento, pero luego la situación volvió a deteriorarse y desde entonces prácticamente no registró avances significativos.
Para los especialistas que participaron del estudio, detrás de ese estancamiento aparecen varios factores combinados: bajo crecimiento económico, dificultades para acceder al empleo formal, escasez de crédito hipotecario y una sucesión de políticas públicas que cambiaron con cada administración sin lograr consolidar una estrategia sostenida.
Pero cuando las estadísticas nacionales bajan al territorio, el diagnóstico adquiere otra dimensión.
En la provincia de Buenos Aires, distintos relevamientos estiman que el déficit habitacional alcanza aproximadamente 1,7 millones de hogares. A su vez, el Registro Nacional de Barrios Populares (RENABAP) identifica 2.065 barrios populares, donde viven más de medio millón de familias con importantes carencias de infraestructura.
El Conurbano resume buena parte de esa realidad. Según datos de la Universidad Nacional de General Sarmiento, apenas el 17% de los hogares de barrios populares cuenta con acceso formal al agua corriente y menos del 5% dispone de red cloacal. Son cifras que ayudan a explicar por qué muchas enfermedades, problemas ambientales y situaciones de vulnerabilidad terminan concentrándose en los sectores más postergados.
A eso se suma otro fenómeno que expone las desigualdades urbanas. Entre 1991 y 2022 la cantidad de viviendas construidas creció un 374%, mientras que la población aumentó alrededor de un 40%. La diferencia evidencia que el problema no pasa únicamente por la cantidad de inmuebles disponibles. También intervienen el acceso al suelo, la capacidad económica de las familias, el mercado inmobiliario y las dificultades para financiar una vivienda.
La vulnerabilidad ambiental completa un escenario cada vez más complejo. En numerosos barrios del Área Metropolitana, especialmente en municipios como Florencio Varela, Moreno, Merlo, José C. Paz, Pilar, La Matanza y sectores de La Plata, las lluvias intensas vuelven a poner en evidencia la fragilidad de miles de hogares construidos en zonas inundables o con infraestructura insuficiente.
Las inundaciones recientes en distintos puntos de la provincia recordaron que la vivienda no termina en las paredes de una casa. También depende del barrio, del drenaje, de los servicios públicos, del acceso al transporte y de un entorno que permita desarrollar una vida cotidiana con seguridad.
La crisis habitacional no puede resumirse en la falta de ladrillos. Es el reflejo de un modelo urbano que durante años creció con profundas desigualdades. Mientras millones de familias esperan una solución, el desafío ya no consiste solamente en construir viviendas. También implica construir ciudades donde el derecho a vivir dignamente deje de depender del código postal.



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