La economía crece, pero destruye empleo: la amenaza que Milei no logra resolver

Un análisis de Bloomberg advierte sobre la paradoja del modelo argentino: mientras avanzan inversiones en energía y minería, se perdieron 241.000 empleos privados formales y 73.000 públicos. La informalidad ya alcanza al 44% de los trabajadores y el empleo comienza a convertirse en una amenaza política para 2027.
Actualidad 20 de agosto de 2026

NOTA ECONOMÍA

La macroeconomía puede mostrar equilibrio fiscal, inversiones multimillonarias anunciadas bajo el RIGI, exportaciones energéticas y una inflación muy inferior a la heredada. Pero existe otra economía, bastante menos elegante, que empieza cuando alguien sale a buscar trabajo. Allí aparece uno de los problemas más difíciles para Javier Milei: Argentina puede crecer sin crear empleo formal y, peor todavía, destruirlo.

Un relevamiento de Bloomberg puso números a esa contradicción. Desde diciembre de 2023 desaparecieron alrededor de 241.000 puestos asalariados privados registrados, equivalentes al 4% del total, mientras el ajuste estatal eliminó otros 73.000 empleos públicos. Paralelamente, la cantidad de empresas privadas cayó hasta aproximadamente 482.000, el menor registro desde 2007, según datos de Fundar citados en el análisis.

La geografía tampoco muestra todavía aquel desplazamiento virtuoso prometido desde actividades poco competitivas hacia sectores modernos. Equilibra detectó que Neuquén, empujada por Vaca Muerta, fue la única provincia donde aumentó la cantidad de empresas durante la gestión libertaria.

Ahí está el problema. Vaca Muerta puede funcionar extraordinariamente bien sin que funcione una fábrica de muebles en el Conurbano. Una minera puede anunciar miles de millones de dólares de inversión sin reemplazar los puestos perdidos por una pyme industrial. El RIGI puede atraer grandes capitales y, al mismo tiempo, convivir con una economía cotidiana donde conseguir un trabajo estable resulta cada vez más difícil.

El modelo tiene enclaves ganadores. Todavía debe demostrar que puede construir alrededor de ellos una economía que derrame empleo sobre el resto del territorio.

 

El refugio de la informalidad

La tasa de desocupación llegó al 7,8%, pero ese número cuenta apenas una parte de la historia. La informalidad laboral alcanza ya al 44% de la fuerza de trabajo. Investigaciones de la Universidad Católica Argentina muestran además que el fenómeno atraviesa cada vez más niveles educativos y sociales.

Eso permite comprender una aparente contradicción estadística. No toda persona que pierde un empleo formal pasa a integrar inmediatamente las filas de los desocupados. Puede terminar haciendo changas, trabajando por cuenta propia, manejando una aplicación o aceptando alguna ocupación sin aportes, vacaciones pagas ni cobertura laboral.

La economía, entonces, no necesariamente expulsa a todos del trabajo: degrada una parte del trabajo existente.

Bloomberg recoge otro dato particularmente revelador. Fundación Oficios recibió este año más de 3.500 solicitudes para apenas 700 vacantes de capacitación en carpintería, electricidad y otros oficios. Fue un crecimiento del 40% interanual. No es una encuesta de expectativas. Son personas buscando herramientas para volver a ganarse la vida.

El fenómeno también alcanza sectores supuestamente beneficiados por la transformación económica. La contratación en petróleo, minería y tecnología no muestra todavía una expansión suficiente para compensar las pérdidas. Incluso empresas tecnológicas comienzan a mirar hacia Brasil o Colombia frente al aumento del costo laboral argentino medido en dólares.

Y aparece otra paradoja del dólar barato: puede ayudar a contener precios y facilitar importaciones, pero también encarece producir y contratar dentro del país frente a otras economías.

El asunto dejó además de ser exclusivamente económico. Según LatAm Pulse de AtlasIntel para Bloomberg, el desempleo desplazó a la inflación como principal preocupación económica durante el último año. Es una señal que cualquier gobierno debería mirar con cuidado.

Milei consiguió algo políticamente formidable al bajar una inflación que parecía fuera de control. Pero ese éxito modifica las demandas. Cuando el precio deja de cambiar cada mañana, el ciudadano vuelve a preguntarse cuánto gana, dónde trabaja y si llegará a fin de mes.

Ese será probablemente el examen económico de 2027. El Gobierno puede exhibir Vaca Muerta, minería, equilibrio fiscal y grandes inversiones. Pero las elecciones no se votan en una planilla del RIGI. Se votan también desde una fábrica que cerró, un comercio que vende menos o una mesa familiar donde alguien lleva meses buscando trabajo. Y ninguna macroeconomía permanece exitosa demasiado tiempo si la microeconomía donde vive la gente empieza a contar otra historia.

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