Messi se retiró de la Selección: el adiós al capitán que convirtió una camiseta en un abrazo nacional

Lionel Messi cerró después de más de dos décadas su historia con la Selección argentina. Se va como campeón del mundo, máximo goleador y símbolo de una generación, pero deja algo que no entra en ninguna estadística: millones de recuerdos compartidos por un país que aprendió a abrazarse con sus goles.
 
Actualidad 31 de agosto de 2026

NOTA MESSI Lionel Messi anunció su retiro de la Selección argentina y el país pareció quedarse sin una respuesta preparada. No porque nadie imaginara que este día iba a llegar, sino porque hay despedidas que uno conoce de antemano y aun así duelen cuando finalmente ocurren. Después de más de veinte años con la camiseta celeste y blanca, el capitán cerró una historia que empezó con un chico tímido y terminó convirtiéndose en una de las mayores alegrías colectivas que vivieron varias generaciones de argentinos.

Messi se va de la Selección con 207 partidos, 125 goles y 68 asistencias. Ganó el Mundial de Qatar 2022, las Copas América de 2021 y 2024 y la Finalissima de 2022. Antes había sido campeón mundial Sub 20 en 2005 y medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. También perdió finales, cargó durante años con críticas feroces y hasta llegó a despedirse en 2016, cuando sintió que ya no podía seguir soportando el peso de una camiseta que parecía pedirle siempre una prueba más.

Pero volvió. Y ese regreso terminó cambiando su historia y también la nuestra. La noche del Maracaná en 2021 quebró una espera demasiado larga. Qatar hizo el resto. Allí dejó de existir la discusión absurda sobre si Messi debía demostrar algo para ser definitivamente argentino. El tipo que había sido acusado de no cantar suficiente el Himno, de vivir lejos, de no parecerse a Maradona o de no tener la personalidad que algunos reclamaban terminó levantando la Copa del Mundo rodeado por compañeros que lo querían y por un país entero que lloraba frente a una pantalla.

 

El 10 que terminó siendo de todos

Ahí está quizás la dimensión más profunda de su despedida. Messi no fue solamente un futbolista extraordinario. Durante años terminó funcionando como un extraño punto de encuentro en una Argentina acostumbrada a discutir todo. En una plaza de La Matanza, un club de barrio de Lanús, una casa de Rosario, un departamento en Palermo o una vereda de cualquier pueblo bonaerense, la camiseta 10 significaba prácticamente lo mismo. Padres, hijos, abuelos y nietos pudieron compartir una emoción sin preguntar primero a quién votaba el de al lado.

Eso también es comunidad. El fútbol no arregla un salario, no baja una tarifa y no resuelve los problemas de una familia. Pero construye recuerdos compartidos, lenguajes comunes y momentos en los que millones de personas sienten que pertenecen a algo más grande que su propia vida cotidiana. Messi nos dio muchos de esos momentos. Un gol podía sacar gente a los balcones, juntar desconocidos en una esquina o conseguir que un barrio entero gritara al mismo tiempo.

Su último Mundial volvió a mostrar esa capacidad. Argentina llegó otra vez a una final y Messi volvió a empujar al equipo hasta el último partido. La derrota ante España dejó una herida deportiva, pero no modificó aquello que ya estaba conquistado. Esta vez no hubo una deuda que reclamarle. Ya no quedaba ninguna cuenta pendiente entre Messi y la Selección. Había dado todo.

Por eso su anuncio tiene un tono distinto al de aquella despedida de 2016. Entonces había frustración. Ahora hay cansancio, dolor y una inmensa paz detrás de la decisión. Messi explicó que había escrito sus palabras dos días después de la final y que la muerte de su padre terminó de reafirmar lo que ya había decidido. No eligió marcharse en medio de una celebración perfecta. Eligió irse cuando sintió que se había vaciado y que detrás venían otros jugadores que merecían ocupar ese lugar.

También ahí aparece el capitán que construyó con los años. El liderazgo de Messi nunca fue el del discurso grandilocuente. Fue más silencioso, a veces incómodo para quienes confundían liderazgo con gritar más fuerte. Con el tiempo encontró una generación que entendió ese idioma. Scaloni, Aimar, Di María, De Paul, Dibu Martínez y tantos otros ayudaron a formar un grupo en el que el mejor jugador del mundo podía ser, además, uno más adentro del vestuario.

Ahora empieza una Argentina sin Messi dentro de la cancha. Habrá otro capitán, otra camiseta 10, nuevos chicos que llegarán desde clubes grandes o potreros olvidados con el mismo sueño. La Selección seguirá porque siempre siguió. Pero algo será distinto. Durante dos décadas supimos que, mientras él estuviera ahí, todavía podía ocurrir una jugada imposible.

Messi dice que desde ahora alentará desde afuera. En realidad, ya estaba del mismo lado que nosotros desde hace mucho tiempo. Solo que hasta ayer tenía botines puestos. Se retira el futbolista de la Selección, no el vínculo que construyó con millones de argentinos. Quedan las copas, los récords y los goles, claro. Pero queda algo bastante más difícil de contar: haber conseguido que un país golpeado tantas veces pudiera abrazarse, aunque fuera por noventa minutos, y sentirse feliz de estar junto.

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