
Acerías Berisso reabrió devastada: 7 empleados y 30 despedidos reclaman
Acerías Berisso volvió a producir. Pero volvió hecha otra cosa. Después de casi un año de parálisis, la planta de 128 entre 4 y 5 retomó actividad con apenas siete trabajadores. Afuera quedaron alrededor de 30 extrabajadores que todavía reclaman indemnizaciones y discuten con la empresa las condiciones en las que fueron despedidos. Adentro, la primera tarea ni siquiera fue volver a fundir acero.
Hubo que revisar hornos, cerraduras, puertas, cables e insumos para poner otra vez en marcha una planta que había quedado prácticamente detenida.
Eso alcanza para decir que Acerías Berisso reabrió. No alcanza para hablar de recuperación.
La empresa, dedicada a la fundición de hierro y acero, moldes y repuestos industriales, había quedado paralizada después del conflicto que estalló en 2025. Hubo atrasos salariales, reducción de personal, protestas y finalmente el cierre de la planta en octubre.
Meses después, la firma empezó a plantear que podía volver, pero con una estructura mucho más chica. La reapertura llegó esta semana.
Siete personas volvieron a entrar a una fábrica que antes tenía una plantilla muy superior y que todavía arrastra una situación financiera delicada. La propia empresa reconoce una deuda cercana a $4.000 millones y proyecta, si logra sostener la actividad, ampliar eventualmente la dotación hasta trece trabajadores.
La distancia entre siete y trece dice bastante sobre la escala de esta vuelta.
Qué quedó realmente en pie
La pregunta ahora no es sólo si los hornos volvieron a encenderse. Hay que saber cuánto pueden producir. La empresa necesita recuperar clientes, despachar trabajos pendientes, conseguir nuevos pedidos y generar caja suficiente para sostener salarios, gastos corrientes y una deuda que sigue pesando sobre su estructura.
Meses atrás, sus representantes ya habían planteado que la única posibilidad de supervivencia era reabrir con una plantilla reducida y crecer de manera gradual.
La situación laboral, mientras tanto, sigue abierta.
Un grupo de extrabajadores reclama indemnizaciones y rechaza la posición empresaria de que los despidos fueron con causa. La compañía sostiene que hubo conductas vinculadas con la toma y el bloqueo de la planta que justificaron las desvinculaciones y afirma que viene negociando acuerdos individuales para evitar litigios prolongados. Son dos versiones enfrentadas que todavía deben resolverse.
También sigue bajo discusión una restricción perimetral dictada contra uno de los delegados. La empresa sostiene que esa medida permitió que quienes querían volver a trabajar pudieran ingresar sin conflictos. Los extrabajadores rechazan esa explicación y mantienen sus reclamos.
La reapertura ocurre, además, en un momento particularmente malo para buena parte de la industria.
La fundición, la metalurgia y las actividades vinculadas a la construcción y a los bienes industriales vienen mostrando dificultades por menor demanda, costos financieros y caída de actividad.
Acerías Berisso no puede explicarse únicamente por la macroeconomía. Arrastra problemas propios, deuda y un conflicto laboral de larga duración.
Pero tampoco puede separarse del escenario que la rodea.
Berisso intenta recuperar un perfil industrial después de décadas de retroceso fabril y el Municipio viene poniendo expectativas en el puerto, nuevas inversiones y proyectos que prometen empleo.
En ese paisaje, una metalúrgica que logra volver a abrir podría parecer una buena noticia.
El problema es medir qué significa realmente abrir.
Una fábrica con siete trabajadores, deuda millonaria, maquinaria que recién empieza a ser reparada y unos 30 extrabajadores reclamando no es una planta recuperada.
Es una planta que sobrevivió. Y ahora falta saber cuánto de Acerías Berisso puede volver a ser fábrica.


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