El riesgo maximalista de Milei: La Ley Ómnibus puede terminar siendo una “Ley Remis” que arrastre su Gobierno

La Ley cada vez más negociada pierde fuerza y carácter libertario. Muy pocas cosas cambiarán con los ajustes que le hizo la “oposición dialoguista” que no quiere cargar con el costo político de medidas impopulares y de difícil aplicación. El maximalismo, es decir su extremismo ideológico puede ser la trampa que deje KO su gobierno.

Política 22 de enero de 2024
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Por Nicolas Fernández Rivas

El domingo 22 de junio de 1941, Hitler ordenó el inicio de la “Operación Barbarroja” (Unternehmen Barbarossa), la invasión de la Unión Soviética, lo que daría comienzo a la acción bélica más grande de la historia. Los éxitos de la Wehrmacht, que lanzó 3 millones de soldados sobre las fronteras soviéticas fueron tan rápidos y demoledores que para octubre del mismo año ya se encontraban a las puertas de Moscú, con el Ejército Rojo de rodillas.

La clave para Hitler, que también le había servido para ocupar los países de Europa Occidental fue el uso de la “blitzkrieg”, la guerra relámpago, que combina fuerza área, blindados y milicias en rápidos movimientos para ocupar los territorios y provocar un colapso fulminante del enemigo.  

Sin embargo, el ímpetu nazi se chocó de frente con la tenacidad soviética. La resistencia y hasta la brutalidad del Ejército Rojo en la defensa de su territorio, tanto en Moscú, Leningrado y especialmente en Stalingrado, sometieron al ejército alemán a una guerra de desgaste, de largo aliento, que debilitó sus recursos, minó su moral y finalmente toda voluntad ofensiva.

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Los alemanes avanzaron rápidamente en el territorio soviético buscando una victoria rápida.

Los soviéticos comenzaron una implacable contraofensiva que las fuentes dan por iniciada en la llamada “Operación Urano” (Операция Уран) -del 19 de noviembre de 1942- que terminó con la derrota alemana y la capitulación final el 9 de mayo de 1945.

Pocos días antes, el 30 de abril, Hitler se había volado la cabeza, lo último que escuchó antes de dispararse fue la artillería pesada soviética operando sobre el Reichstag.

En cierta forma, Hitler había perdido su capacidad de comprensión y análisis político. De hecho, se negaba a hacer política, que es lo que lo hizo llegar al poder, y se había entregado a una sobre ideologización retroalimentada por su círculo más cercano de colaboradores. Había caído en un idealismo maximalista -si se puede llamar así a tal horrenda ideología- de todo o nada, a cualquier precio.

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El maximalismo de Hitler terminó con la bandera roja flameando en el Reichstag

Muchos meses antes, su camarada, el líder fascista Benito Mussolini, bien italiano y bien práctico, le había aconsejado que abandonará la idea de ocupar la Unión Soviética, pero Hitler convencido de una victoria final, no midió ninguna consecuencia y entregó todo su proyecto político a los brazos de una derrota absoluta.

La guerra es solo otra forma de hacer política y los estudios de la guerra, especialmente del comportamiento de los decisores bien sirve para comprender los actos políticos en general.

Toda esta introducción, tiene que ver con entender el grave riesgo al cual el presidente Javier Milei, se está exponiendo con la “Ley Ómnibus” y la búsqueda de aprobación exprés del DNU, con el cual busca legislar.

Milei fue construido durante varios años, con mucha publicidad viral en redes sociales, hábil explotación de su perfil disruptivo y contó con la ayuda incondicional del pésimo gobierno de Alberto Fernández, que con su perfil socialdemócrata descuidó la economía para entregarle a las clases medias urbanas y progresistas, un puñadito de bienes simbólicos, como reivindicaciones identitarias, que siempre son individualistas, como todo lo que es hijo del liberalismo.

Casi no tuvo que hacer política para llegar al poder. De hecho, se fue desprendiendo de armadores como Carlos Maslatón y metió en freezer al “Chino” Kikuchi. Le bastó con lograr salir segundo en la primera vuelta electoral.

Luego, la habilidad política de un importante sector de Juntos por el Cambio, le entregó la presidencia al sumarse a su proyecto presidencial con el cual obtuvo la victoria en la segunda vuelta. El poder de fuego original de Milei es el 30% que lo votó en las generales. El resto se lo aportó el Pro con el radicalismo, su siempre servil furgón de cola.

Milei, es un fanático libertario capitalista. Un idealista que se atreve a enseñarle a ser capitalistas a los grandes poderes capitalistas de occidente que siempre se sirvieron del Estado para desarrollarse. No le gustan las negociaciones, las roscas y a su hermana “El Jefe” Karina Milei, mucho menos.

La política tiene más de 8 mil años de antigüedad y se remonta a la primera civilización documentada, Sumeria, en el creciente fértil de Oriente Medio. Aunque apenas unos milenios más tarde también se registró comportamiento político en la cultura Caral, ubicada en Perú, unos 4 mil años antes de Cristo. También en China, por esos años ya existía Imperio, Estado y carrera administrativa.

El proyecto de Milei tiene apenas 6 años. Y no se puede cambiar lo que se construyó en centurias. Es una fuerza tectónica indestructible. 

Incluso la cuna de su pensamiento liberal nació en 1776 con la Declaración de Independencia de los EEUU y con la Revolución Francesa de 1789. Paradójicamente, ambas revueltas armadas tuvieron por objetivo el ascenso de un Estado que apalancara el desarrollo de las naciones. El caso del país del Norte, es el de más prolífico vínculo entre el Estado y el sistema empresario, su proteccionismo e industrialismo -que hoy pregona Donald Trump- crearon el poderoso país que es hoy. Incluso, ese proteccionismo costó una guerra civil, fue impuesto a fuego, con más de 600 mil muertos en la Guerra de Secesión.

Otro caso, fue la Era Meiji de Japón en 1868, emperador que creó el capitalismo desde el Estado convirtiendo a los samuráis en los poderosos empresarios del país y hoy Japón es el país más desarrollado del mundo, con una calidad de vida excepcional y un poderío industrial que sigue siendo formidable. También podemos citar, el caso de Alemania, bajo el poder de Otto von Bismarck, canciller, que desde 1870, impulsó una rápida industrialización del país desde el Estado. Para 1914, el Imperio Alemán era la segunda potencia mundial.  

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Milei anuncia su plan de shock, el decretazo y la "Ley Ómnibus"

Volviendo a Milei, luego de asumir se sentó en la idea del ajuste total, como una razón de vida, con su frase que quedará para la historia, “no hay plata”, palabras demasiado vulgares como para que resuenen en la eternidad.

Luego de provocar un shock de políticas duras que la sociedad no pudo procesar rápidamente lanzó un decreto gigantesco que se arroga poderes legislativos y un Proyecto de Ley Omnibus, que pomposamente llamó “Ley de Bases y Puntos de Partida para La Libertad de los Argentinos” que tenía por objetivo, refundar la Argentina, demoler todo estatismo y liberar las fuerzas productivas al punto de hacer de cada asunto público un negocio. Con cientos de artículos viene a reformar todo para que “vengan las inversiones”, un cuento de la buena pipa que tiene muchas décadas en Argentina. El aleonado mandatario lanzó su blitzkrieg para una victoria rápida frente a sus opositores.

El proyecto es absolutista. Tiene el sello de Milei, busca ser revolucionario. Quiere el busto internacional de la defensa del liberalismo: privatizaciones totales, desregulación laboral, desregulación de salud, eliminación de todo proteccionismo económico para permitir que los extranjeros hagan negocios sin importar que terminen con la competencia local. Y mucho sufrimiento y nada de beneficio tangible.

Ahora bien. La iniciativa cargada de fanatismo idealista chocó contra la realidad de la política. Y tuvo que ceder: cada día que pasa, la “Ley Ómnibus” se hace más chica, con menos transformaciones, al punto que no son pocos los que ya la llaman jocosamente la “Ley Remis”.

Con cada adelgazamiento que recibe la norma por parte de los aliados con los que negocia, más poder entrega y más daño recibe en su base política, tan fanática e idealista como su líder.

Entre las cosas que tuvo que “entregar”, podemos mencionar que la fórmula de jubilaciones se modifica, ahora se ajustará por inflación mensualmente lo que aumentará el costo fiscal de las mismas, en una mayor medida que con el índice del Gobierno anterior. La ley de medicamentos, la potestad seguirá en las farmacias. Fuera de ellas, solo se podrá vender analgésicos y antiácidos (lo normal que se consigue en cualquier kiosko). Adiós al proyecto de que los médicos tengan que recomendar marcas comerciales obligatoriamente: sigue la proscripción de genéricos y el médico solo puede sugerir. En la farmacia el cliente puede comprar la droga que quiera según su bolsillo (Igual que antes).  Las retenciones para las economías regionales se mantienen en cero (como antes) y los “aliados” -que buscan exprimirle al máximo su debilidad política- presionan para que no se aumenten las retenciones cerealeras (igual que antes). YPF no podrá ser privatizada (Igual que antes). Las demás empresas como el Banco Nación, ARSAT y más, solo podrán venderse una parte del paquete accionario y la mayoría quedará en poder del Estado (Modificación parcial). En cuanto a la pesca, la prioridad internacional desaparece (Igual que antes) y así innumerables artículos que no podrán ser tocados.

La mega ley termina siendo un bluf edulcorado que tiene muy poco para ofrecer y muchísimo para perder: enoja de igual manera a la mayoría que ya lo repudia y embronca a sus seguidores porque no hay ningún cambio contundente.

Además, Milei dio marcha atrás con las modificaciones a la Ley de Bosques que favorecían a Eduardo Elsztain, promotor del “León”, un terrateniente y financista muy poderoso conectado con el Lobby Israelí de los EEUU, gente con la cual ya está quedando mal.

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La Ley del terrateniente Elsztain fue para atrás y empezaron los cortocircuitos con su promotor.

Las peleas por quien negocia la ley están a la orden del día Martin Menem ya no puede negociar, Santiago Caputo, el Peaky, gana espacio de nuevo y Espert,  aunque que no es muy amigable para convencer es el principal interlocutor. Guillermo Francos, el hombre que habla, el nuevo John Wayne del Hombre Quieto, relegado a predicar en el desierto.

Ahora incluso recrudeció la presión fiscal sobre las empresas triplicando el interés por las deudas impositivas y busca crear un impuesto a los ingresos personales, en rigor más fiscalismo, más impuestos. Menos libertad económica. ¿Qué dirán sus votantes?

Milei busca ir por todo pero no le da el peso político específico para hacerlo. La política lo cachetea día a día. Hasta parecería ser que se conformaría con “victimizarse” ante la sociedad si fracasa su empeño legislativo.

Para colmo, estamos a vísperas de un paro y movilización que se prevé multitudinaria. Aquí hay otra muestra de fanatismo idealista imposible de aplicar: El Gobierno impulsa un protocolo anti-marchas con una militarización de las calles. ¿Podrá aplicarlo ante medio millón de personas? Sus seguidores creen que sí, pero no es realista.

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Pablo Moyano: "La Dictadura no pudo con los trabajadores, mucho menos podrá este Gobierno"

Milei, vuelve a quedar atrapado en su maximalismo. Si no lo puede llevar a cabo perderá toda iniciativa en las calles: Pablo Moyano adelantó que esa cantidad de manifestantes desborda el operativo “por más milicos que pongan” y que marcharán por las calles como siempre.

Si lo aplica y empieza a reprimir, podría terminar con personas heridas y hasta fallecidas lo cual acelerará una situación social explosiva. Si hiciera política y no fuera fanático, habría negociado para que todo sea en paz. Pero, su núcleo duro quiere violencia pretoriana y todo lo que no haga en ese sentido lo desprestigia con los propios.

Pero, esta opción puede dar pie a una escalada social sin precedentes: ¿Qué pasará cuando la inflación y los tarifazos golpeen socialmente y se multipliquen las protestas?, ¿Cuándo el desempleo empiece a golpear las puertas de los ciudadanos?, ¿Qué pasará cuando los salarios a la baja no sirvan ni para cubrir los alquileres?

Milei no se da cuenta, pero su idealismo fanático puede estar llevándolo rápidamente a estancarse en Moscú, Leningrado y Stalingrado. En el frío y el barro de las trincheras. Y de ahí, solo queda el retroceso. Y la derrota final.

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