Cómo ser una reportera gráfica y no morir en el intento

Si alguna vez viste a alguien en medio de una manifestación, con dos cámaras colgando del cuello, el pelo enredado en la correa sumado a un teleobjetivo, y un sandwichito de dudosa procedencia, esa soy yo. Bienvenidos a mi oficina.

Actualidad 19 de enero de 2026
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Por: Marcela De Francesco, especial para Capital 24

 

 

Ser reportera gráfica es, básicamente, una mezcla entre ser atleta de alto rendimiento, ninja invisible y, ocasionalmente, un escudo humano, los invito a compartir un día en mi vida, basado en hechos reales y un par de moretones. 

Mi día empieza cargando una mochila que pesa más que mis ganas de jubilarme. Llevo el cuerpo de la cámara principal, el de repuesto (por si el primero decide suicidarse), un 70-200 que pesa como un recién nacido, y tarjetas de memoria suficientes para documentar el fin del mundo. El humor del destino es que siempre pero siempre, la foto más importante del día ocurre siempre cuando decidiste hidratarte y morder un bocado de algo que encontraste en la mochila. He aprendido a masticar y enfocar al mismo tiempo, habilidad que no te enseñan en ninguna facultad. 

Llegás al evento, hay otros 50 fotógrafos. La mayoría son hombres de un metro noventa que parecen haber nacido con un monopie en la mano. Mi estrategia es la infiltración por debajo, mientras ellos empujan por arriba, yo me deslizo como un gato con un sensor de 45 megapíxeles. 

Regla de oro: si alguien grita “¡Cuidado!”, no mires atrás. Agáchate y protege el lente. Tu cara puede sanar, el lente no. 

 

El “Ecosistema político”: sonrisas de plástico y codazos reales

 

Cubrir políticos no es fotografía de retratos, es fotografía de naturaleza salvaje. El espécimen político tiene una habilidad biológica para cerrar los ojos justo cuando disparas o para ponerse a hablar con un asesor, en el preciso instante en que la luz lo favorece.

La guerra de los “Corralitos”: nos encierran en un área delimitada, con vallas, que sospecho fueron diseñadas para ganado pequeño. Ahí estamos 20 fotógrafos, en dos metros cuadrados. Es como jugar al Twister, pero con cámaras de dos mil dólares. Si sentís un codo en la oreja, no es personal, es que el colega de al lado está intentando no taparle el plano al cronista de la tele. 

El “Operativo Valla”: Siempre hay un guardaespaldas de dos metros de ancho que decide que su lugar ideal en el mundo es, justamente, entre mi lente y el candidato.

He desarrollado una técnica de tos falsa junto con el permiso, permiso, disculpe que necesito para capturar el gesto o la mirada de pánico del funcionario. 

El arte del “Off the récord”: Lo más interesante nunca pasa en el atril. Pasa a los costados. Mientras los más jóvenes apuntan al que habla, los que tenemos más experiencia buscamos al asesor que se rasca la cabeza, o al opositor que pone los ojos en blanco, o la sonrisa cómplice de quienes saben que lo que está diciendo es mentira. Esa es la foto que termina siendo tapa. 

 

Las marchas y el sentirte la Michael Jackson del asfalto

 

Caminar de espaldas es un acto de Fe. Es confiar en el instinto, una coreografía absurda donde el escenario es un campo minado de baches y gases lacrimógenos. Mi vida depende de un sentido arácnido que solo se activa cuando estoy a punto de tropezar con un perro o con un cordón policial, cosa que pasó varias veces; eso sí, la cámara siempre en alto. No morí en el intento, aunque mis rodillas tengan otra opinión al respecto. Bajé la cámara, recuperé mi dignidad y volví a caminar de frente, descubriendo con sorpresa que el mundo es mucho más fácil de entender a través del visor mientras hacés el Moonwalk entre la furia.  

Después de todo el caos, uno pensaría que el final del día es como en las películas: una copa de vino frente al gran ventanal de la redacción mientras la ciudad duerme. Spoiler: pues “NO”, mi ciela, pero eso lo dejamos para otra entrega. 

Morir en el intento es una posibilidad real, pero hay una adrenalina especial en ese clic, cuando la luz es perfecta, cuando capturás esa lágrima o la emoción de los pibes y pibas en su primera movilización. Mientras tenga batería y espacio en la memoria seguiré corriendo detrás de la noticia.

 

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