Una empresa platense apuesta a la madera del futuro

Con tecnología WPC, Ewar produce un material durable que reduce mantenimiento y uso de madera natural.

Región11 de febrero de 2026
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Por: Gabriel Ríos Malan, especial para Capital 24

 

La economía circular dejó de ser una consigna abstracta para convertirse en un campo de disputa concreto entre materiales, procesos productivos y modelos de negocio. 

 

En ese terreno, donde se cruzan la presión ambiental, la innovación tecnológica y la necesidad de competitividad económica, aparece Ewar, una PyME industrial argentina que desde La Plata lleva dos décadas desarrollando un madera biosintética capaz de reemplazar a la tradicional y, al mismo tiempo, reconfigurar la relación entre residuos, durabilidad y costo.

 

El producto que fabrica Ewar es una madera tecnológica compuesta por plásticos a reciclar y fibra vegetal, principalmente cáscara de arroz. No requiere mantenimiento, resiste a la intemperie, no absorbe humedad, no genera hongos, no es atacada por insectos y no produce astillas. 

 

Puede caminarse descalzo, soporta lluvias, sol extremo y heladas. Como si fuera poco mantiene sus propiedades durante décadas. La empresa ofrece una garantía de 25 años, aunque sus propios ensayos indican una vida útil que podría superar ampliamente ese plazo. 

 

En un mercado históricamente dominado por la madera natural, con sus costos ocultos de reposición, tratamientos químicos y mantenimiento, la propuesta apunta a algo más que a un reemplazo funcional, busca redefinir la ecuación económica y ambiental del material.

 

Ewar es una empresa 100% argentina. Produce en su planta de La Plata utilizando, entre otros insumos, polietileno proveniente de los plásticos que se usan como cobertura de invernáculos en las zonas hortícolas de la región, polipropileno recuperado de bolsones industriales y cáscara de arroz descartada por las arroceras. 

 

Tres residuos que, sin este proceso, tendrían como destino final la basura. En conjunto, esos materiales dan lugar a un nuevo compuesto que tarda cerca de cien años en degradarse y cuya huella de carbono, medida por el INTI, resulta diez veces menor que la de una madera virgen de plantación si se la compara en un horizonte de 25 años, el período de garantía comercial del producto.

 

La historia de la empresa comenzó hace dos décadas, cuando el concepto mismo de madera sintética era prácticamente inexistente en el mercado argentino. “La idea inicial empezó hace 20 años y venía de un desafío interesante como el de un producto nuevo, mercado nuevo, sin canal comercial. Así que era todo un desafío y nos gustó”, recuerda Roberto Pacheco, gerente general de Ewar y uno de sus creadores. Desde el inicio, la compañía se radicó en La Plata, primero en el Parque Industrial I y luego en el II, donde hoy opera su planta.

 

Lejos de surgir como un emprendimiento ambientalista en sentido estricto, el proyecto nació con una lógica económica. Pacheco explica que, en aquel momento, la motivación central no era la tala de árboles ni el impacto ecológico, sino la durabilidad. “Considerábamos que era un producto nuevo que se podía imponer porque tarda 500 años en degradarse. 

 

Comparativamente con la madera, si vos tenés en cuenta el costo de mantenimiento, el producto se pagaba varias veces a lo largo de su vida útil”, señala. La garantía inicial de 25 años no respondía a un límite técnico, sino a la imposibilidad de demostrar empíricamente una duración mayor en un producto que recién comenzaba a instalarse en el mercado.

 

Con el tiempo, y a partir de la incorporación de un nuevo socio, Juan Patricio Pardo, con formación específica en medio ambiente, la empresa fue integrando de manera más explícita la dimensión ecológica. “Ahí empezamos a ver otros beneficios aparte del directamente comercial”, admite Pacheco. 

 

Ese giro estratégico no modificó el núcleo del negocio, pero sí amplió su narrativa y su inserción en un contexto donde la sustentabilidad comenzaba a ganar peso en la toma de decisiones.

 

Desde el punto de vista tecnológico, la madera de Ewar pertenece a la familia del WPC (Wood Plastic Composite), un material que existe en distintas partes del mundo. Sin embargo, la clave de su viabilidad local estuvo en una innovación desarrollada por EKT Global, una empresa brasileña. “Antes nadie traía el WPC porque el costo era infernal. 

 

Pero en Brasil, a través de un cambio tecnológico, lograron bajar los costos y hacerlo viable”, explica Pacheco. La diferencia central reside en el proceso productivo, en lugar de utilizar plástico reciclado ya procesado, la tecnología permite ingresar el plástico directamente desde la etapa de residuo a la máquina, eliminando los pasos de lavado, secado, re-fusión y pelletizado. El resultado es una reducción significativa de costos y de consumo energético.

 

El desafío de la credibilidad

 

La construcción del mercado fue, probablemente, el mayor obstáculo que enfrentó la empresa en sus primeros años. “Primero es que no te creen, tenés que demostrarlo”, resume Pacheco. Arquitectos y desarrolladores se mostraban interesados, pero la falta de antecedentes jugaba en contra. La pregunta era siempre la misma: dónde estaba instalado el producto y cuánto tiempo llevaba en uso. Frente a esa resistencia, Ewar optó por una estrategia directa hacia el consumidor final, instalando sus productos en obras reales para generar antigüedad comprobable. “Lo más difícil fue poner antigüedad a un producto que le estás diciendo que dura 100 años”, reconoce.

 

Hoy, algunos de esos primeros trabajos siguen funcionando como prueba empírica. Los bancos de la calle 12, en pleno centro de La Plata, fabricados por Ewar, llevan entre siete y ocho años a la intemperie sin degradarse. A simple vista, resultan indistinguibles de la madera natural, salvo para quien conoce el material en detalle.

 

El argumento económico continúa siendo el principal motor de decisión para los clientes. Según Pacheco, la mayoría no compra el producto por su impacto ambiental, sino por conveniencia. 

 

El costo de una instalación de madera tecnológica equivale, en promedio, a entre tres y cinco años de mantenimiento de una madera tradicional. Pinturas, tratamientos y mano de obra dos veces al año, antes del invierno y del verano, terminan encareciendo una solución que, además, suele requerir reemplazo completo al cabo de pocos años. 

 

En contraste, la madera tecnológica elimina esos costos y también otros factores cada vez más valorados, como la necesidad de permitir el ingreso de terceros al hogar para realizar tareas de mantenimiento.

 

En términos comparativos, Ewar compite con maderas duras de origen nativo, cuyo precio puede triplicar al del WPC, y con maderas tratadas con sales de cromo, cobre y arsénico, sustancias altamente contaminantes cuyo uso está prohibido en muchos países, pero que aún persisten en el mercado local. “La gente no sabe sobre lo que camina”, advierte Pacheco. Ante ese escenario, la madera tecnológica se posiciona como una verdadera alternativa a la madera común, con una durabilidad y un impacto ambiental muy superiores.

 

 

La empresa emplea de manera directa a 25 personas y genera trabajo indirecto para al menos un centenar más, entre recolectores de plástico, transportistas y proveedores. Ese entramado territorial refuerza el carácter local de un modelo productivo que articula residuos de distintas cadenas agroindustriales.

 

Sin embargo, el contexto macroeconómico actual plantea desafíos significativos. La caída de la construcción y la estabilidad de precios alteraron una lógica que durante años favoreció la acumulación de stock. “Hoy tener un stock clavado en estabilidad es totalmente antieconómico”, explica Pacheco. 

 

La empresa se ve obligada a reducir o frenar la producción para evitar acumulaciones que inmovilicen capital, aunque mantiene la calidad del producto y continúa introduciendo mejoras tecnológicas con apoyo del desarrollador original y capacitación interna.

 

Mirando hacia el futuro, Ewar explora aplicaciones de mayor escala, como la fabricación de durmientes ferroviarios para reemplazar los de quebracho. Las pruebas técnicas existen y las normas ya están definidas, pero el obstáculo es político y contractual. La inversión necesaria solo se justifica con proyectos de largo plazo y compromisos firmes de compra, algo que hoy no abunda en el sistema ferroviario argentino.

 

Aun así, la empresa se proyecta como un actor transversal en la transición hacia materiales más sustentables. “Somos una PyME, una empresa privada y 100% ecológica, totalmente demostrado”, afirma Pacheco. Con obligaciones negociables ya colocadas y canceladas en el mercado de capitales, una marca consolidada y veinte años de experiencia, Ewar representa una de esas historias industriales que avanzan sin estridencias, empujadas menos por consignas que por una combinación rigurosa de tecnología, economía y persistencia. 

 

En tiempos donde la economía circular busca ejemplos concretos, su madera tecnológica propone una forma distinta de pensar qué hacemos con lo que desechamos y cuánto nos cuesta, en el largo plazo, seguir haciendo lo mismo de siempre.

 

 

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