Charlando con el fantasma de Tolosa. Hoy: “Semana Santa bajo tierra”

-¿Qué estuviste viendo en esta Semana Santa que pasó, fantasma?
-Los precios por ascensor… y la gente cada vez más abajo. La Argentina de hoy ya no se explica con gráficos ni con porcentajes. Se explica en la góndola, en el almacén, en la carnicería del barrio. Se explica en lo que la gente deja de comprar. Porque cuando el bolsillo se achica, la realidad se vuelve más clara que cualquier discurso.
Región06 de abril de 2026

4 SEGUNDA

-Uh… qué Semana Santa…

-No hay relato que alcance. Hay una sola verdad: la gente está haciendo cuentas y cada vez le cierran menos.

-¿Qué viste?

-Vi Semana Santa pero no en la fe. La vi en el bolsillo, en la cara de la gente cuando pregunta y no compra. Porque este año no hay milagro. Hay cuentas.

-¿Qué ves en la carnicería del barrio?

-Veo la carne a dieciocho mil pesos el kilo y la escena se repite: el que antes llevaba para el fin de semana hoy pide menos o directamente no lleva nada. No es elección. Es límite.

-¿Y no comiste pescado, como marca la tradición religiosa?

-Sí… el pescado está en el fondo del mar. No en la mesa.

-¿Por qué, fantasma?

-Porque también es caro, porque también es inaccesible, porque hoy ni cambiar el menú alcanza.

-Lo mismo pasa en la verdulería, ¿no?

-Veo la papa cerca de dos mil pesos, el tomate rondando los tres mil quinientos y la fruta dejando de ser costumbre. La gente ya no elige. Solo calcula.

-A esta altura, ni quiero hacer mención de un almacén.

-Veo la leche de marca arriba de dos mil pesos, el azúcar pasando los mil setecientos, el aceite acercándose a los cuatro mil, cinco mil pesos… Y manos que agarran y vuelven a dejar. Ese gesto dice más que cualquier índice.

-¿Qué mensaje te dejaron las vidrieras de Pascua?

-Huevos de chocolate, entre quince mil y treinta mil pesos. O sea, costaban un huevo. Una  ilusión se volvió un lujo.

-¿Qué ves cuando la gente llega a su casa?

-Facturas, pero no de la panadería. Luz arriba de veinticinco mil pesos, gas subiendo, agua sumando. Y esas no esperan.

-¿Y los salarios?

-Una risa. Municipales, policías, enfermeros, auxiliares, entre trescientos mil y quinientos mil pesos.

-¿Pero eso, hasta cuándo alcanza en el bolsillo, fantasma?

-Hasta el día diez, como mucho, con suerte hasta el quince. Después empieza otra etapa. El cálculo. El recorte. La resignación. La HELADERA VACIA.

-¿Entonces, qué estamos viendo?

-No estamos viendo precios. Estamos viendo renuncias.

-¿Renuncias a qué?

-A la carne, al pescado, a la fruta, a los gustos, a lo cotidiano.

-Nada de lo prometido, me parece.

- Nos habían prometido Que los salarios iban a volar, que le iban a ganar al dólar, que el esfuerzo iba a tener recompensa. Y bla bla bla… ¿Y qué pasó? No volaron.

-¿Y qué pasó, fantasma?

-Pasó que en la Argentina de hoy los precios suben por ascensor y los salarios como la zanahoria: cada vez más enterrados.

-¿Y la gente?

-La gente ya no discute números. Cuenta días. Cuenta cuánto le queda, cuenta qué puede pagar, cuenta qué tiene que dejar.

-¿Y qué ves en este momento?

-Que mientras algunos hablan de crecimiento, a la gente la dejaron con la heladera vacía, enterrada como la zanahoria. Porque cuando una sociedad empieza a resignar lo básico, la carne, la fruta, una obra social y un regalo para un hijo ya no estamos frente a un ajuste económico. Estamos frente a un problema social. Un problema que no se resuelve con explicaciones técnicas ni con promesas de futuro, sino con respuestas en el presente y de inmediato. Porque la gente no vive a largo plazo. La gente vive hoy. Y hoy, mientras los precios suben por ascensor y los salarios siguen enterrándose cada vez más, la realidad se vuelve imposible de maquillar.

 

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