“Sobran las palabras”: la historia de una cantante adolescente que nace en una familia con sordera

Recién estrenada en Netflix, esta película nos toca las fibras más íntimas. Única oyente de su familia, la joven Eletta nos mostrará, con tan solo 16 años, hasta dónde es capaz de llevarnos un sueño.  
 
Región22 de abril de 2026

14 PRINCIPALPor Florencia Mascioli, de la Redacción de Capital 24

 

Reconozco que suelo emocionarme hasta las lágrimas con los finales de las películas románticas, pero en este caso hay otro tipo de amor que circula dentro de esta historia y que, me atrevo a asegurar, será capaz de llevarnos a lugares bastante más duros y emotivos de lo que estamos acostumbrados.

 

La película transcurre en Italia, en el seno de una familia cuya madre, padre y hermano mayor tienen sordera. Menos ella, Eletta, una joven de 16 años que ha vivido toda su vida siendo el puente entre la granja familiar en la que subsisten y la sociedad que vive lejos física y emocionalmente de su cotidianidad.

 

Mientras su mamá, su papá y su hermano viven casi aislados en lo que sería una economía sustentable, en medio de una vida tranquila, criando animales y produciendo su propio alimento, ella tiene la aparente obligación de conectar esa burbuja “diferente” con el resto del pueblo, aunque eso signifique tener que resignar su propia vida.

 

En un mundo de ruido y voces, de palabras y apuros, de sistemas y amores, el silencio del lenguaje de señas hará mecha en eso que a veces nos cuesta ponernos a pensar. ¿Hasta qué punto ella debería hacerse responsable de una condición que ni ella misma ha elegido antes de nacer? ¿En qué lugar queda la fortaleza de una adolescente con ansias de descubrir el mundo, cuando en verdad desde su propia familia lo que menos pueden ofrecerle es esa libertad de ayudarla a buscar su propia identidad?

 

Eletta es joven, fuerte, bondadosa y perseverante. Pero en el medio de una casa en donde reina el silencio, ella tiene voz y no solo la utilizará como medio de comunicación entre su diminuto círculo social dentro de casa y la sociedad entera que espera de ella más de lo que pareciera poder dar.

 

Cuando por fin descubre que su don es la pasión por el canto y la música; cuando reconoce que lo que lleva guardado en el alma tiene nombre y se llama voz, y que la hace destacar entre el resto, se pondrá en juego una verdad dolorosa pero que la hará replantearse hasta dónde vale la pena postergarse.

 

Su madre no logra ser capaz de comprender que la dulzura de su voz es capaz de llevarla a los escenarios menos pensados, incluso, en donde ella misma no pueda escucharla nunca. Su hermano dos años mayor que ella, con la misma condición, será quien la incentive a ir por eso que tanto ansía aunque ese deseo implique dejar de ser sostén de su familia, en todos los sentidos posibles. Y su padre, un granjero laborioso que toma conciencia de que lo que le sale del alma a su hija no es solamente una hermosa voz, sino también una vocación incesante por comerse el mundo a través del canto.

 

La película surfea entre la tristeza y el amor, entre la injusticia y el miedo, entre el deber ser y los sueños: esos motores que llevamos dentro y que nos impulsan aunque el afuera duela. La historia navega entre esos mandatos familiares que se nos imponen desde el nacimiento y contra los que solemos tener que luchar para ser dueños de nuestra propia vida.

 

Cuánto dolor se esconde entre la vocación impoluta de una adolescente tímida y responsable, y la rebeldía de una familia que no concibe darle su merecida independencia en medio de un mundo bastante hostil. Sobre todo porque no podrán escuchar nunca ni la voz de su hija: y eso duele, incluso más que lo ellos creen. Recomendadísima: eso sí, prepárense para secarse las lágrimas. 



 

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