Caputo promete rebote económico mientras la actividad sigue en tensión

El ministro aseguró que la economía crecerá más de lo esperado y destacó señales de mejora en industria y construcción. El Gobierno apuesta a exportaciones, inversión privada y ajuste fiscal, pero el traslado a la economía real aún genera dudas.
Política 29 de abril de 2026

NOTA LUIS CAPUTOLuis Caputo salió a jugar fuerte frente a empresarios y mercados con una premisa clara: el peor momento ya pasó. En ExpoEfi 2026, el ministro de Economía reconoció que el dato de actividad de febrero fue negativo, pero lo relativizó con una lectura estratégica. “No negamos que el dato de actividad de febrero dio mal, pero veníamos de números récord”, afirmó, en un intento por instalar que el ciclo de caída habría tocado piso y comienza una etapa de recuperación.

El mensaje no fue ingenuo ni aislado. Buscó correr el eje del debate económico desde la inflación hacia la actividad, una variable clave para sostener el clima político en un contexto de ajuste. Caputo planteó que en los próximos meses la inflación seguirá desacelerándose mientras la economía crece “más de lo esperado”, apoyado en lo que definió como “datos sólidos y cosas que ya están pasando”.

En ese marco, puso el foco en dos sectores que funcionan como termómetro de la economía real: industria y construcción. Ambos venían golpeados por la recesión y el freno de la obra pública. El Gobierno ahora intenta mostrar señales de reactivación a partir de un nuevo esquema basado en concesiones viales y participación privada. La promesa es ambiciosa: miles de kilómetros de rutas en ejecución y una reconfiguración del rol del Estado en infraestructura.

Sin embargo, detrás de ese planteo aparece una tensión estructural. La construcción fue uno de los principales motores del empleo en la última década y su caída dejó un vacío que el esquema privado todavía no logra compensar en volumen ni velocidad. Lo mismo ocurre con la industria, que enfrenta un doble frente: caída del consumo interno y presión de costos en un contexto de apertura comercial.

El otro pilar del discurso oficial es el frente externo. Caputo habló de exportaciones cercanas a los 100.000 millones de dólares y ubicó al agro, la energía y la minería como motores de una economía que busca crecer sin volver a chocar con la restricción de divisas. “Al campo cuando le das previsibilidad se genera un boom”, sostuvo, sintetizando la lógica del programa económico.

A eso sumó proyecciones de largo plazo que rozan la escala macro estructural. Según el ministro, entre energía y minería podría generarse un volumen de ingresos equivalente a un PBI en los próximos años. También anticipó nuevos proyectos bajo el RIGI y un flujo de inversiones que, en la visión oficial, terminará de consolidar el modelo.

Pero la pregunta central no está en la macro, sino en el tiempo. El desafío es cuánto tarda ese esquema en impactar sobre empleo, consumo y actividad cotidiana. Hoy, gran parte del entramado productivo sigue operando con niveles de demanda deprimidos, costos elevados y una inversión que se mueve con cautela.

Caputo construye un relato de transición: del ajuste al crecimiento. La clave política de ese relato es que el rebote llegue antes de que el desgaste social erosione el respaldo al programa. Porque si la recuperación no se traduce en ventas, producción y trabajo, la mejora quedará atrapada en los gráficos. Y en economía, cuando el dato no baja a la calle, deja de ser un dato para convertirse en un problema.

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