Docente de la UNLP estudió las brechas de género en las tareas de cuidado

Se trata de Cecilia Velázquez, licenciada en Economía por la Universidad Nacional de La Plata quien, junto a otra investigadora, aborda cómo este punto mantiene a las mujeres trabajadoras en posiciones de bajos salarios y limita sus oportunidades de acceso a puestos de liderazgo y toma de decisiones.
Región04 de mayo de 2026

14La menor inserción de las mujeres en el empleo remunerado y su mayor participación en el trabajo no remunerado es evidente, y está  bien documentada a nivel regional y global. Pero las causas del fenómeno no son tan claras. Para ilustrar el desbalance basta un dato: los varones con educación superior completa participan menos en las tareas de cuidado que las mujeres con el mismo nivel. Son 1 hora y 37 minutos menos por día -casi 25 días completos al año- dedicados a tareas como cocinar, limpiar el hogar, hacer compras, ocuparse de la ropa y las mascotas y atender niños, niñas y personas mayores o con discapacidad.

En este contexto, persiste una duda recurrente: ¿estas diferencias son el resultado de elecciones por preferencias individuales, como sostiene la visión clásica de la economía? ¿O se debe a la organización social del cuidado, la estratificación socioeconómica y las normas de género?

 

Investigación local

 

Responder esa pregunta para la región de América Latina fue el objetivo del trabajo realizado por dos economistas. De esta labor participaron la doctora, magíster y licenciada en Economía por la Universidad Nacional de La Plata, Cecilia Velázquez, docente en esa casa de estudios e investigadora del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS-UNLP) y del Centro de Estudios de Población (CENEP). Actualmente también integra el equipo del Sistema de Indicadores con Perspectiva de Género de la Dirección Provincial de Estadística de la Provincia de Buenos Aires (SIPG-DPE). También integra el trabajo de investigación Analía Calero, doctora en Economía por la Universidad de Buenos Aires (UBA), y el estudio sobre brechas de género en el trabajo no remunerado en América Latina recupera aportes de su tesis doctoral, que fue dirigida por Velázquez.

La respuesta asegura que esa brecha de género en el uso del tiempo dedicado a trabajo doméstico y de cuidado responde a condicionamientos estructurales, en línea con los aportes de la –más reciente- economía feminista.

Sobre este punto, Cecilia Velázquez reflexiona: “El 1º de mayo es una oportunidad para preguntarnos qué trabajos se reconocen y cuáles quedan invisibilizados. El trabajo doméstico y de cuidados sostiene la vida cotidiana y la economía, pero todavía recae de manera desproporcionada sobre las mujeres. Medir el uso del tiempo permite dimensionar esa desigualdad y diseñar políticas orientadas a las tres ´R´ del cuidado: reconocer, reducir y redistribuir estas tareas”.

 

Un problema, cuatro miradas

 

Según las autoras, América Latina ofrece cuatro abordajes analíticos acerca del debate sobre el cuidado, que se contraponen a la mirada tradicional que interpreta las decisiones sobre el uso del tiempo como una simple cuestión de preferencias individuales.

Estas miradas, con algunas singularidades, tienen algo en común: las reconocen como manifestaciones de dinámicas estructurales y relaciones de poder. En estas perspectivas sobre el cuidado se encuentran una propia de la economía feminista, una segunda más ligada a la sociología que lo piensa como componente del bienestar social, una tercera que se centra en el cuidado como derecho; y una última desde la ética, cercana a la antropología y la psicología social.

La incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral se ha plasmado para ellas en una doble jornada, ya que a las exigencias del trabajo no remunerado se sumaron las del empleo remunerado. Esta elevada carga tiene consecuencias: menor participación y peor posicionamiento en el mercado laboral. Fenómenos que limitan el crecimiento laboral, nombrados como “pisos pegajosos”, “escaleras rotas” y “techos de cristal”, afectan a las mujeres empleadas, y son consecuencia de estereotipos que las identifican con las tareas de cuidado familiar.  

 

Datos, no relato

 

Las expertas realizaron un análisis comparado de encuestas de uso del tiempo en los 18 países de América Latina.  Usaron datos provenientes del Observatorio de Igualdad de Género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Analizaron encuestas y módulos de uso del tiempo recopilados desde 1998 en el Repositorio de información  sobre  uso  del  tiempo  de  América  Latina  y  el  Caribe  (OIG-CEPAL, 2025). Allí figura el porcentaje del tiempo diario que las personas de 15 años o más dedican al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado.  

Sobre la situación particular de nuestro país, Velázquez explica que “en Argentina, las mediciones de uso del tiempo muestran de manera persistente que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado sigue estando fuertemente feminizado. Con Analía Calero acabamos de sistematizar todas las mediciones realizadas en el país entre 1998 y 2024, tanto nacionales como subnacionales, y, pese a las diferencias metodológicas, el resultado es robusto: las mujeres dedican sistemáticamente más tiempo a estas tareas”.

Con estos datos, las economistas mostraron que el ancho de esta grieta de género varía notablemente entre países.

El trabajo, publicado a fines de 2025 en la revista especializada Tramas y redes, muestra además que, los países con mayores niveles de desarrollo económico y menores niveles de desigualdad de ingresos tienden a registrar brechas menos pronunciadas en el uso del tiempo entre hombres y mujeres.

Es decir, estos hallazgos reflejarían diferencias contextuales en la organización social del cuidado. Pero además, las investigadoras reportan que en la mayoría de los países hay una tendencia a la reducción de esta brecha a lo largo del tiempo. Las expertas interpretan esto como una señal auspiciosa, aunque aclaran que los avances siguen siendo parciales y desiguales.

En este sentido, es la brecha de género en relación al cuidado la que mantiene a las mujeres trabajadoras  en  posiciones  de  bajos salarios  y  limita  sus  oportunidades de acceso a puestos de liderazgo y toma de decisiones. 

Según las investigadoras, “se trata de un fenómeno complejo, que debe ser abordado con una mirada multidisciplinaria, que permita diseñar políticas integrales que reconozcan, redistribuyan y reduzcan el trabajo de cuidados no remunerado, avanzando hacia un modelo de corresponsabilidad social y de género que involucre al Estado, al mercado, a las familias y a las comunidades”. Así, derribar estereotipos de género resulta un mecanismo de igualdad laboral.

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