El vocero Ravier suma otra pifia: ahora afirmó que el 40% de los alumnos de la UBA son extranjeros

Después del traspié por anticipar un dólar a $1.800, el vocero presidencial volvió a quedar en el centro de la escena al utilizar un dato que prometió revisar para justificar el cobro a estudiantes extranjeros. En la Casa Rosada crece una secuencia de errores que desgasta la comunicación oficial.
 
Política 28 de julio de 2026

NOTA UBA En política hay errores que duran un día y otros que empiezan a convertirse en un patrón. Adrián Ravier todavía intentaba dejar atrás el ruido que generó al mencionar un dólar a $1.800 cuando volvió a abrir otro frente, esta vez con una afirmación sobre la Universidad de Buenos Aires que rápidamente encendió la polémica y obligó al propio funcionario a dejar una puerta abierta para corregirse.

Durante su conferencia de prensa habitual, el vocero presidencial aseguró que "un 39% exacto" de los estudiantes de la UBA son extranjeros. Lo hizo mientras defendía la posibilidad de que las universidades nacionales cobren aranceles a alumnos provenientes de otros países. Pero, frente a la insistencia de los periodistas, terminó admitiendo una frase que reveló más de lo que buscaba: "Si es falso, lo revisaremos".

No fue un detalle menor. En la comunicación política los datos no son decoración. Son el andamiaje que sostiene un argumento. Cuando el número empieza a tambalear, también lo hace el relato que intenta justificar una decisión.

 

Una secuencia que empieza a inquietar en la estrategia comunicacional

Ravier explicó que el Gobierno considera necesario evitar que recursos financiados por los contribuyentes argentinos se destinen a formar estudiantes extranjeros que luego regresan a sus países. "Estamos dedicando dinero a formar extranjeros que eventualmente se vuelven a sus países, y pensamos que tenemos que cuidar el dinero de los argentinos para ayudar a los más humildes", sostuvo.

Después aclaró que la intención oficial no consiste en imponer un arancel obligatorio, sino en habilitar que cada universidad, en uso de su autonomía, pueda decidir si cobra o no a estudiantes extranjeros.

"Es una manera de gestionar mejor y que los recursos de los contribuyentes los administremos de la mejor manera posible", agregó.

El problema para el Gobierno ya no pasa solamente por el contenido del debate universitario. Pasa por quién lo comunica y cómo lo comunica.

La secuencia empieza a acumular episodios difíciles de ignorar. Primero fue la referencia al dólar de $1.800, una definición que obligó al oficialismo a salir a explicar el contexto de sus palabras en medio de un mercado especialmente sensible. Ahora llegó una afirmación estadística utilizada para respaldar una reforma que el propio vocero terminó condicionando al reconocer que podría requerir revisión.

En la Casa Rosada saben que una conferencia de prensa nunca es solamente una conferencia de prensa. Es uno de los pocos momentos donde el Gobierno habla sin intermediarios y fija agenda. Cuando quien ocupa ese lugar encadena errores no forzados, la conversación pública deja de girar alrededor de la medida que se quiere instalar y pasa a concentrarse en la credibilidad del mensajero.

Ese es el verdadero costo político. No porque una cifra equivocada cambie por sí sola una política pública, sino porque instala una duda mucho más incómoda: si el Gobierno pretende justificar reformas sensibles con datos discutidos o todavía pendientes de verificación, el problema ya no es la oposición. Es que el propio libreto empieza a competir contra quien debe interpretarlo. Y en comunicación política, pocas cosas resultan más costosas que convertir al vocero en la principal noticia del día.

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