China le marcó la cancha a Milei por Juan Doe y recordó quién tiene las fichas sobre la mesa

Beijing convocó a la representación argentina tras los ataques de Juan Pablo Carreira. El Gobierno intenta bajar la espuma, pero detrás de un tuitero aparecen el swap, el comercio, las inversiones y una relación con China que Milei necesita mucho más de lo que admite.
Política 03 de septiembre de 2026

NOTA CHINA

Juan Pablo Carreira puede tuitear como si todavía estuviera peleando una interna libertaria desde un monoambiente. El pequeño inconveniente es que ahora es funcionario nacional. Y China no es otro usuario de X al que se bloquea después de una discusión: compite con Estados Unidos por la hegemonía global, sostiene una porción crítica de la liquidez internacional argentina y tiene capacidad para convertir una bravuconada digital en un problema bastante más analógico.

La Cancillería china convocó a la representación diplomática argentina en Beijing después de que Carreira, director de Comunicación Digital del Gobierno y conocido como Juan Doe, responsabilizara políticamente al Partido Comunista chino por la catástrofe ocurrida en Nepal. Como el embajador Marcelo Suárez Salvia estaba fuera del país, la protesta fue recibida por el consejero Guillermo Simunovich.

Beijing además acumuló la factura: cuestionamientos por la exclusión de compañías chinas de licitaciones argentinas y malestar por contactos de funcionarios argentinos con representantes de Taiwán. Eso ya excede ampliamente las habilidades diplomáticas de un influencer con cargo público.

En Casa Rosada intentan quitarle dramatismo. No habría, por ahora, disculpas públicas y dentro del propio oficialismo admiten que Carreira actuó con la lógica comunicacional de 2023. Traducido: tuiteó como militante cuando cobra como funcionario.

 

Cuando el troll se encuentra con la geopolítica

Xi Jinping probablemente no perdió un minuto de sueño por Juan Doe. Tampoco debería. Las potencias no organizan su política exterior alrededor del timeline de funcionarios menores. Pero justamente porque China juega como potencia, el episodio no podía quedar sin respuesta.

Argentina mantiene con Beijing una relación que trasciende cualquier simpatía ideológica. China disputa año tras año los primeros lugares entre los socios comerciales del país, es una fuente relevante de inversiones y financiamiento y, fundamentalmente, sostiene mediante el swap de monedas con el Banco Popular de China una pieza decisiva del esquema de reservas del Banco Central.

Por eso la política exterior tiene una desagradable costumbre: obliga a distinguir entre aquello que uno quisiera que fuera el mundo y aquello que efectivamente es.

Milei ya aprendió algo de eso. Durante la campaña prometía no negociar con comunistas. En el Gobierno terminó definiendo a China como un socio comercial importante. No fue una conversión maoísta: apareció la restricción externa. Los dólares, los yuanes y las exportaciones suelen tener extraordinarias capacidades pedagógicas.

El problema mayor aparece cuando esa contradicción convive con el alineamiento casi automático con Washington. Milei apuesta a que su cercanía con Estados Unidos produzca concesiones extraordinarias para Argentina. Pero las grandes potencias rara vez administran relaciones internacionales por gratitud ideológica.

Carreira puede creer que discutía comunismo. China estaba discutiendo poder.

Y ésa es la diferencia entre una cuenta de X y una Cancillería: en las redes alcanza con tener una opinión; en geopolítica conviene saber primero quién tiene los dólares, quién tiene los yuanes, quién compra tus exportaciones y a quién vas a llamar cuando falten las tres cosas.

Carreira quiso explicarle a China cómo se construye infraestructura. Beijing, que juega la disputa por la hegemonía mundial mientras Argentina cuenta dólares para llegar a fin de mes, respondió de una manera bastante menos digital: llamó a la representación diplomática y "esperamos evitar daños a las relaciones y las cooperaciones sino-argentinas."

Te puede interesar
Ranking