De España al mundo, BONAMASA abre las puertas de su universo musical

Grupo Mediatres tuvo la oportunidad de dialogar con el artista español Franchi Giuliodoro, creador de BONAMASA, para conocer más detalles sobre el proyecto y cómo fue su proceso de realización.

Sociedad & Cultura 06 de mayo de 2024
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Por Florencia Belén Mogno. 

 

En el arte y en el caso particular de la música, existen combinaciones que pueden dar lugar a proyectos innovadores que, en cierta forma, vienen a transformar las estructuras y a ofrecer miradas y sonidos diferentes. 

 

Sin dudas, un ejemplo claro de estas “experiencias de renovación sonoras” es el de BONAMASA, el proyecto musical del artista español Franchi Giuliodoro en el cual los sonidos de la “naturaleza” confluyen en armonía con las sonoridades de las grandes ciudades y la vorágine urbana.

 

Grupo Mediatres tuvo la oportunidad de dialogar con el músico para conocer más detalles sobre su proyecto y los diferentes es que lo constituyen. Además, reflexionó sobre su recorrido artístico hasta el momento y habló sobre sus planes para el futuro. 

 

Franchi Giuliodoro es un músico, compositor, multi-instrumentista y productor español. Sus primeros contactos con la música tuvieron lugar durante su infancia y esta disciplina artística lo ha acompañado a lo largo de si vida. Tal es así que con el paso de los años logró crear el estudio de branding sonoro Santa Ágata Studio, con presencia en Barcelona y Nueva York. 

 

 

 

Los sonidos del mundo

 

¿De qué manera surgió BONAMASA?

 

F.G: La idea desde la que nace Bonamasa es realmente una necesidad. Es una necesidad personal porque yo llevo años haciendo música para televisión y para marcas, y ese trabajo hacía que yo realmente no escuchara mi interior musical. Estaba haciendo música con un objetivo 100 por ciento comercial, con un objetivo capitalista, y no estaba haciendo música para crear algo que yo llevara adentro. Bajo esa premisa, el año pasado decidí frenar y decidí escuchar a mi interior realmente y esa escucha me hizo crear una voz propia que eso es BONAMASA.

 

En relación a esto que comentas de BONAMASA como resultado de esa búsqueda de tu propia voz, ¿cómo describirías este proyecto?

 

F.G: Es una música en la que no he buscado referencias para hacerla o no he buscado parecerme a nadie. Simplemente han sido procesos de sentarme enfrente del piano y dejar que los dedos fueran solos. Y en esa unión de dejar que los dedos fueran solos y fueran creando música, también había una intención de recoger por la calle sonidos y todos esos aspectos sonoros de la ciudad o de la gente que me interesaban. Yo pienso que BONAMASA es como una especie de rincón sonoro en el que la gente se puede refugiar y que a la gente puede servirle, al igual que me sirvió a mi, como espacio en el que puedes huir del ruido, puedes huir de la velocidad y puedes volver a conectarte con lo que tienes dentro. Al final, BONAMASA es una analogía entre todo lo suave y lo natural, una analogía entre la naturaleza y todo lo que es acelerado y sintético de la realidad actual en la que vivimos.

 

 

 

BONAMASA es un proyecto que se desarrolló entre las ciudades de Osaka, Tokio y Berlín. En consideración de la fusión de sonidos que integran el proyecto, ¿cómo influyeron estas regiones en tu inspiración para crear BONAMASA?

 

F.G: Yo funcionaba un poco como una esponja. Dejaba que la energía del lugar y la emoción del lugar se metiera dentro de mí y luego yo buscaba ser un catalizador, o sea, el transformador de esa energía de la ciudad o ese sentimiento de la gente en música. Y por ejemplo, en Berlín, para mí Berlín tiene una mezcla muy equilibrada de naturaleza y a la vez de cosas industriales. Son muchos parques, muchos espacios verdes y un cuidado por la naturaleza, y por otro lado tiene una parte fuerte de electrónica, de sonido pesado, de ruido, un poco esa mezcla. Entonces para mí en Berlín (el EP) hay esa mezcla y al final siento que se percibe o se captura un poco eso en lo compuesto. Luego Osaka es muy diferente, la energía de Osaka es muy sutil, es un sitio tranquilo en el que la gente te saluda, hay muchos parques. Es un sitio como muy tranquilo, entonces todo lo compuesto ahí refleja un poco eso. Y por otro lado Tokio es lo contrario, es una megaciudad llena de gente, personas que van todo el rato corriendo, y en la que hay muchas tensiones del día a día, y en el disco se percibe eso.

 

En línea con lo que fue tu trabajo para este proyecto, ¿de qué manera llevas adelante la composición de tu música?

 

F.G: A la hora de componer suelo nutrirme de muchas cosas. Casi siempre tengo en la mano la grabadora de audio y suelo estar con los oídos puestos cuando camino, cuando estoy en la ciudad, cuando escucho algo que me gusta. Entonces muchas veces directamente estar en la ciudad y escuchar cómo sopla el viento y cómo suenan las hojas o cómo suenan los coches pasando por una carretera que está mojada hace poco; todos esos sonidos casi siempre me llevan a componer algo. Y en ese proceso normalmente intento generar paisajes sonoros. Por otro lado, soy una persona bastante metódica en el sentido de que todos los días me siento al piano y veo qué me viene. Yo pongo la antena, pongo las manos y dejo que haya un proceso un poco ahí estático de intentar meditar, poner la mente en blanco y dejar que las manos vayan solas y a ver qué sale. Entonces al final cada día hago música y funciona un poco como un diario sonoro, en el que uso la música como si fuera un diario. 

 

A lo largo de estos próximos meses continuarán los lanzamientos dentro del proyecto de BONAMASA, ¿qué sueño te gustaría cumplir en el futuro?

 

F.G:  En cuanto a sueños, la verdad es que no tengo nada escrito. Realmente ya soy feliz en el proceso actual, y soy feliz en sentarme al piano y ponerme a componer y esa música, sacarla a la luz y que la gente la pueda oír. Eso para mí ya es felicidad. Muchas veces pienso en la idea de acabar siendo conocido o muy conocido dentro de la industria musical y hay en partes en las que pienso que incluso no me gustaría, como toda esa exposición pública; me parece que te desenfoca de la esencia que es seguir haciendo música y seguir generando y sacando emociones y haciendo que la gente pueda sentir esas emociones. Así que yo ya soy feliz con lo que hago y el sueño ya está cumplido.

 

Por último y en consideración de la conexión que mantenés con tu arte, ¿qué significa la música en tu vida?

 

F.G: Cuando no puedo expresar cosas con palabras, emociones con palabras, lo hago con la música. Por tanto, para mí la música es un lenguaje, es la forma en la que muestro mis emociones, es la forma en la que me abro y también es la forma en la que espero que la gente pueda utilizar esta música, pueda escucharla y pueda sentirse representada o sentirse en sintonía con eso.

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