Charlando con el fantasma de Tolosa. Hoy: “La calle no come relato”

-¿Qué estuviste viendo en la calle, fantasma?
-Estuve viendo las góndolas, suben los precios, bajan los sueldos… La cuenta no cierra aunque la hagas mil veces de nuevo. El chango vacío, la mirada cansada.
Región31 de marzo de 2026

4 SEGUNDA

-Estamos a fin de mes…

-Fin de mes llega antes que la quincena pasada. La vieja en la farmacia contando monedas. El pibe que labura y no llega a la cena.

-Y los políticos, hablando de su armado territorial…

-Si no me alcanza ni para lo esencial. Aparecen de nuevo, caras repetidas, promesas recicladas, historias ya vividas. Dicen que vuelven, que ahora sí va a cambiar. Pero la gente aprendió: ya no quiere escuchar.

-¿Los viste a Julio Alak y a Eduardo Duhalde juntos?

-Están caminando despacio y armando el viejo peronismo, pero en la calle se escucha otra canción: “No me importa tu historia, resolveme la situación”.

-¿La calle no come relato ni compra verso?

-Si no me arreglás la vida, no te voto ni por esfuerzo. La calle no olvida el pasado. La calle ya despertó. Si volvés con lo de siempre, la gente ya te soltó.

-¿Qué camino queda entonces?

-Son tres caminos y hay que elegir bien cuál tomar: si hacen las cosas bien, capaz que remontan; si dudan, quedan en medio y sin gloria; y si se equivocan, los borra la historia. No metan nombres que nadie quiere ver. No confundan experiencia con no saber perder. La gente hoy decide sin mirar color, vota al que le afloje un poco el dolor.

-¿No hay discurso?

-Es heladera. No es ideología. Es vida entera. La calle no come relato. La calle ya decidió. Si no sos parte del cambio, sos parte de lo que murió. Esto no es política.

Esto es realidad. La política a veces se mira demasiado al ombligo. Se junta, se ordena, arma estructuras y cree que eso alcanza.

-Pero afuera, la realidad es otra.

-La gente no está pensando en internas. No está evaluando trayectorias. No está analizando armados. Está viendo cuánto cuesta comer. Está viendo si llega a fin de mes. Está viendo si puede vivir. Y en ese contexto aparecen nombres conocidos.

-Alak, Duhalde…

-La pregunta no es política. Es social. ¿Esto es lo nuevo o lo que ya no funcionó? Porque la sociedad cambió. Y mucho. Ya no vota estructuras. No responde automáticamente al aparato. No se deja llevar por la historia. Hoy la gente vota algo mucho más simple: quién le mejora la vida.

-¿Es un riesgo eso?

-Si el armado se llena de nombres que la sociedad ya dejó atrás, el mensaje se contamina. Si no hay renovación real, la propuesta pierde credibilidad. Si no hay soluciones concretas, no hay votos. El escenario es claro. Pueden hacer las cosas bien, renovarse, gestionar y crecer. Pueden quedar a mitad de camino, sin convencer a nadie. O pueden cometer el error más grave: creer que la gente no cambió. Porque la gente sí cambió. Y aprendió.

-¿Qué aprendió?

-Aprendió a desconfiar. Aprendió a castigar. Aprendió a elegir distinto. Y hoy, más que nunca, está diciendo algo muy claro: la gente no vota estructuras, vota quién le mejora la vida. Y el que no entienda eso empieza la campaña perdiendo. Pero perdiendo a la gente.

 

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