Hoy debuta La Scaloneta y otra vez se despierta la “pasión”: ¿Sabrán los argentinos de dónde proviene esa palabra?

Cada semana en Capital 24, me tomo el atrevimiento de desarmar un concepto, esa noción que tenemos sobre alguna u otra cosa. La que elegí hoy nos representa y mucho. Debuta la Argentina en el Mundial 2026 y lo que sentimos todos, tiene un origen que la mayoría desconoce (estoy completamente segura). 
Región16 de junio de 2026

14Por Florencia Mascioli, de la Redacción de Capital 24

 

¡Si sabremos los argentinos de pasión! De esas benditas cosquillas en la panza cuando estamos cerquita de un partido del club de nuestros amores, de cumplir un sueño, un anhelo, o de eso que tanto nos moviliza y nos vuela literalmente la cabeza… Hoy debuta La Scaloneta en el Mundial 2026 y si alguien me dijera que no tiene ni un más mínimo vestigio de piel de gallina o de adrenalina, les juro que no le creo.

Hace algunos meses pensaba que este Mundial no tenía ese sabor de la competencia de los anteriores; ni ese sentir del orgullo nacional o ese deseo intransferible de ganar la Copa. Pero a horas del partido de esta noche me atrevo a decir me late fuerte el corazón cuando veo las banderas argentinas colgadas en los vidrios de los comercios, en los taxis, en las casas y hasta en algún hincha que ya tiene la camiseta puesta.

Hay algo que nos caracteriza y nos diferencia, que nos hace únicos en el mundo y que nos define como argentinos: el pecho inflado cuando nos toca cantar el himno, cuando hay que salir a la calle por la razón que sea y por supuesto cuando hay que alentar al tricampeón. Eso es, sin dudas, la pasión: esa palabra tan llena de sentimientos completamente viscerales, mentales y esa cosa que tiene el argentino de la corazonada, del pálpito, de la pasión compartida.

Etimológicamente la palabra “pasión” viene del latín. Proviene del verbo passio y éste del verbo patior, que significa lo siguiente: padecer, sufrir o tolerar. ¿Pero cómo? ¡Si los argentinos tenemos el mejor pogo del mundo y nos reconocen por las calles del mundo porque nos abrazamos con cualquier otro cuando gritamos “gol” como si nos conociéramos de toda la vida! Y sí, claro, porque el verbo patior también proviene de una raíz indoeuropea que indica “sufrimiento”. Se sufre en compañía, o no se sufre.

No me digan que no es un poquito lo que sentimos todos. La tercera Copa del Mundo ya es nuestra pero… ¿qué pasaría si pasa lo que todos queremos que pase? Ahí está la pasión: se defiende la camiseta a capa y espada, cueste lo que cueste. Se alienta a los que ponen la garra en la cancha o en el banco, en el arco o en la tribuna.

No es tan descabellado si pensamos que históricamente, la palabra “pasión” siempre estuvo asociada con el padecimiento físico o emocional: recordemos, sobre todo, los contextos religiosos como "La Pasión de Cristo" y su referencia a sus sufrimientos en la cruz. Filosóficamente hablando, el término “pasión” se asocia a las emociones que nos "suceden" y de las cuales no nos podemos escapar: nada está bajo nuestro control.

Y si pensamos un poco más cerca de nuestros tiempos, la pasión es algo así como una emoción intensa que nos pone patas para arriba y es capaz de alterar nuestra voluntad: se siente o no se siente. Y cuando se siente… ¡Agarrate, Catalina!

Pensemos ahora- y a horas del partido- que la pasión es eso, es un poco de todo eso: de sufrimiento anticipado, de una sensación inmanejable y de una emoción que nos hace hacer cosas que jamás hubiésemos hecho. Un argentino en un Mundial de fútbol es como una fiebre efervescente que se transforma en un volcán de gritos y llantos, de abrazos y rezos, de cábalas y silencios, de sorpresa y de deseos. Deseos que van más allá de lo que creíamos que nos pueden atravesar: ver un partido de la selección es emoción pura, es adrenalina incontrolable, es pasión en su estado más puro y natural.

No quiero ponerme muy teórica pero según el diccionario de la Real Academia Española, pasión significa “afección del ánimo, vehemente e intensa; inclinación o preferencia muy viva por algo”. Y sí, ahí está: el corazón al rojo vivo frente a una pantalla; la piel de gallina frente al relato de una jugada maestra; el alma vibrando alto cuando nos reúne una ronda de mates, una pizza, una picada y la excusa perfecta para compartir ese “sufrimiento” colectivo.

Si hablamos de pasión… involucremos también a la física: la sinergia es esa acción conjunta de dos o más elementos que produce un resultado superior al que se obtendría sumando sus efectos individuales. Algo así como "el todo es mayor que la suma de sus partes". Por eso los argentinos nos unimos como hermanos cuando hay una selección que nos representa; cuando en la cancha hay un equipo que nos motiva a tener una razón para seguir confiando en que- aunque ya tengamos tres- una cuarta Copa nos haría un poquito más felices. ¡Vamos Argentina!

 

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