El streaming, las fake news y esa ambición visceral de querer dar una primicia, aún, sin estar chequeada

Después del escándalo que se armó en los últimos días con la falsa noticia sobre la muerte del padre de Messi que se difundió en el canal de streaming LUZU TV, comenzó un gran debate en los medios sobre el rol del periodista. ¿Hay un abismo entre los “streamers” y los periodistas y profesionales capacitados? 
Región22 de junio de 2026

14Por Florencia Mascioli, de la Redacción de Capital 24

 

Durante muchos años se bastardeó la profesión del periodista alegando que “cualquiera puede estar al frente de un micrófono, de un canal de televisión o en la redacción de un diario”. Este debate vuelve a estar al frente de la escena pero esta vez, se suman nuevos actores a esta realidad que nos compete.

En mi caso, soy Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de La Plata, Locutora Nacional (Mat. 11.933) y Docente Universitaria en la Universidad Nacional Madres de Plaza de Mayo desde hace tres años en varias materias de primer y tercer año. Lo primero que les enseño a mis alumnos es que –citando al gran Tomás Eloy Martínez en su “Decálogo del periodista”- nunca se debe dar una noticia de la que no se tenga plena certeza y la cual no esté chequeada con una o más fuentes periodísticas. Es una de las primeras enseñanzas de las carreras de Comunicación y Periodismo ni bien los estudiantes ingresan a la Universidad: algo así como la llave maestra con la cual la puerta se abre pero uno ni sabe a dónde lo puede llevar.

Pero hoy en día, se ha abierto algo como así como un portal entre lo real y lo falso, en donde el limbo es un poco difuso. El streaming ha ganado tanto terreno que frente a un micrófono a una cámara no hay casi periodistas formados profesionalmente, con todo lo que eso implica: con una carrera universitaria detrás, autores leídos, prácticas hechas, errores cometidos en un aula y no frente a miles de televidentes u oyentes; personas de carne y hueso que pueden verse atravesadas por una noticia cuyo impacto no sabemos hasta dónde o hasta quién puede llegar.

El riesgo de dar una noticia falsa siempre está. Pero antes de llegar a eso, hay un camino que recorremos los profesionales de la comunicación, que tiene mucho que ver con saber que hay una responsabilidad ética y un compromiso no solo con la información que se brinda sino también con la labor de un periodista que sabe que antes de “tirarlo al aire” tiene que estar chequeada por una o más fuentes.

El mundo del streaming en la actualidad y toda esta ambición de querer tener la primicia por sobre la verdad, nos tiene atosigados con tanta información que ya no sabemos qué es verdad y qué no: hay que leer la letra chica de las palabras que pronuncian quienes no tienen la expertise de esta labor y de esta profesión que va más allá de abrir la boca y decir algo.

Cuando se trata de informar sobre la muerte de alguien, hay un protocolo que un periodista tiene que seguir y que tal vez no esté a la vista, pero sí forma parte de “la previa”, del trabajo de producción e investigación que se debe llevar adelante mucho antes de dar, sobre todo, una última noticia.

Por supuesto que en el periodismo la objetividad no existe. Estamos atravesados por bagajes personales, culturales, biológicos, sociales e históricos que pueden hacer –y hacen- que una misma noticia pueda ser contada desde aristas diferentes. Ahora bien –y aunque siempre decimos que la verdad es relativa- no alcanza con saber que tenemos la capacidad de pronunciar palabras.

En esta época donde todo pareciera ser tan fugaz, tan instantáneo y tan poco duradero, el mundo del streaming se transformó en un espacio en donde las cosas se dicen, pasan y se van. Nada permanece. Entonces… ¿en qué lugar queda la responsabilidad ética de quienes tienen un micrófono a mano y son la voz de muchas noticias que impactan y que pueden transformarlo absolutamente todo?

El periodismo es una profesión que se lleva con responsabilidad. Que solo quienes hemos transitado bibliotecas y fotocopias de Tomás Eloy Martínez, Ryszard Kapuściński, Rodolfo Walsh, Leila Guerriero, Jorge Halperín, Nerio Tello y muchísimos otros autores más; que solo quienes nos hemos tomado el trabajo de equivocarnos y corregir los errores durante la marcha y no una vez que se hayan cometido; que solo quienes sabemos que nuestra “función” es ser un servicio y ponerle voz a quienes tal vez nunca la tengan, entendemos que lo que llevamos con orgullo no es solamente un título colgado en la pared. Es un sinfín de aprendizajes, de valores que compartimos, de metodología de la investigación que encaramos sin dudar, de fuentes que consultamos una y otra vez para constatar los hechos.

Quienes están frente a un streaming (no todos, por supuesto) parecieran estar confundiendo el rating con la inmediatez, la velocidad con la realidad, la primicia por sobre la verdad. Y acá no puedo no opinar al respecto: el periodismo es una profesión que se ejerce a sabiendas de que lo que digamos puede hacer muy bien o puede hacer muy mal. Ahí está el secreto: en estar preparados para asumir las consecuencias.

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