VALTICA, carteras platenses con raíces lituanas

Pavla Jegorova llegó a Berisso desde Vilna cuando era niña, vivió en Londres y regresó a la Argentina para convertir su pasión por el cuero en una marca que ahora busca llegar a los mercados internacionales. 
Actualidad 09 de septiembre de 2026

2 aPor: Gabriel Ríos Malan.

 

Pavla Jegorova, sí, con V, vino a Argentina a los cinco años. Llegó a Berisso con sus padres, Miroslava y Dmitrij, y su hermana mayor Lina. El destino no fue casual. En la Capital del Inmigrante vivía su bisabuelo Julián, un polaco que había llegado al país después de la guerra.

Para Pavla, aquella visita fue el comienzo de una historia que todavía hoy tiene algo de viaje. Su madre vino a Argentina a los 28 años para conocer a su abuelo. Pensaba quedarse un tiempo, pero terminó acompañándolo durante su último año de vida. La familia decidió quedarse.

Pavla nació en Vilna, la capital de Lituania, en 1990. Era demasiado chica para tener recuerdos de aquel viaje, pero no para crecer rodeada de historias familiares, de nombres difíciles de pronunciar para sus compañeros de escuela y de una parte de su vida que siempre quedó del otro lado del océano.

Durante un breve tiempo vivió en Berisso y después en La Plata. Con los años, esa Argentina que primero había sido una visita terminó convirtiéndose en su lugar. Sin embargo, las raíces quedaron. Tiene familiares en Lituania y cada tanto vuelve a visitarlos.

“Soy lituana, pero muy argentina”, dice, como si no hubiera necesidad de elegir entre una cosa y la otra.

Estudió Diseño de Indumentaria y Textil en UADE y se recibió en 2014. Trabajó en Bensimon, Chocolate y UMA, entre otras marcas. Durante esos años empezó a conocer desde adentro el mundo de la moda argentina.

Pero quería irse.

A los 28 años armó las valijas y se fue a Londres. Llegó sin trabajo. Además, fue en una época complicada, mientras el Reino Unido atravesaba el proceso del Brexit.

Consiguió trabajo en una empresa dedicada a restaurar productos de lujo. Y allí ocurrió algo importante. Empezó a mirar el cuero de otra manera.

Su trabajo consistía en encontrar materiales para reparar carteras y zapatos de marcas como Chanel o Saint Laurent. Podía pasar horas buscando un cuero que tuviera exactamente el color, la textura y la forma de aquel que había que reemplazar en una cartera de los años 80. A veces era una hebilla. Otras, una parte del calzado.

También comenzó a viajar a ferias internacionales de cuero y materiales. Conoció proveedores y productos de distintos lugares del mundo. Cuanto más conocía, más confirmaba que el cuero argentino tenía una calidad que no tenía nada que envidiarle a los mejores.

En especial la sorprendió el cuero de curtido vegetal, trabajado con sustancias como la corteza de quebracho. Es un proceso más lento y diferente al curtido convencional con cromo, que le da al material una textura y una apariencia particulares. Pavla se enamoró de ese cuero. Y también del trabajo que había detrás.

Su relación con las carteras había comenzado unos años antes, en 2016, cuando empezó a desarrollar VALTICA, su propia marca, mientras trabajaba. Compraba cuero, buscaba talleres, elegía herrajes y vendía las primeras piezas por Instagram. Fueron muchas horas de aprendizaje.

Uno de esos aprendizajes llegó de la mano de Rodolfo, un trabajador de uno de los talleres con los que comenzó a producir, y de su pareja. Ellos le enseñaron a cortar, coser y terminar el cuero.

Pavla no se quedó solamente con el diseño. Quiso entender cómo se hacía cada cosa. Todavía hoy se define como artesana. Le gusta trabajar con las manos y conocer el recorrido completo de una pieza. Cuenta, incluso, que actualmente está haciendo a mano el vestido de novia de una amiga.

Después de cuatro años en Londres regresó a la Argentina. Primero se instaló en Buenos Aires y, más tarde, asumió como directora de la carrera de Diseño de Indumentaria y Textil de UADE. Estuvo allí unos años.

Hasta que decidió dejarlo. Había algo que seguía esperando.

Era VALTICA, la marca que había comenzado algunos años antes y que finalmente se convirtió en su trabajo de tiempo completo.

Hoy diseña desde La Plata y trabaja con pequeños talleres. Cada pieza de cuero se corta de manera individual porque no existen dos cueros iguales. Hay marcas, arrugas, diferencias de textura. Después vienen el pegado, el martillado, la costura y el trabajo manual de los bordes.

Es un proceso que no se puede apurar demasiado.

Por eso las carteras que hace no buscan competir con la lógica de la moda rápida. Pavla habla de “menos es más” y de hacer productos que puedan acompañar a una persona durante muchos años. Ella misma conserva sus carteras desde hace más de una década.

Pavla fue y vino. En cada viaje parece haber traído algo consigo.

De Lituania quedaron los recuerdos familiares y los nombres de las ciudades que homenajea con sus carteras. De Londres, una experiencia que le permitió conocer el mundo del cuero de lujo desde adentro. De la Argentina, el lugar donde creció, los talleres y una materia prima que descubrió que podía competir con cualquiera.

VALTICA lleva en su nombre esa mezcla. Los modelos recuperan nombres de ciudades de Lituania, Letonia y Estonia. Es una manera de mantener cerca un origen que está lejos.

Ahora Pavla quiere hacer otro viaje, aunque esta vez sus carteras serían las que crucen las fronteras.

Hasta ahora vende en Argentina. Su próximo objetivo es exportar. Mira especialmente los mercados donde existe un público para los productos de diseño y calidad. También encuentra una ventaja en la particularidad de sus piezas. Cada cuero tiene marcas, texturas, características propias, y el trabajo artesanal hace que no existan dos carteras exactamente iguales.

Sabe que crecer no significa necesariamente producir cientos de carteras de un día para otro. El cuero tiene sus tiempos y el trabajo artesanal también. Cada pieza necesita atención.

Diseña, revisa, elige materiales y piensa en nuevos modelos. Sigue viajando cuando puede y mantiene el contacto con esa parte de su familia que se quedó en Europa.

Pavla llegó desde Vilna hace más de tres décadas y quizás no imaginaba que terminaría construyendo su propia historia en esta parte del mundo.

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