
Escándalo en el entorno político de Vicky Villarruel: echó a Guillermo Montenegro

Por Nicolás Fernández Rivas
Horas complicadas se viven en el esquema político que comanda la vicepresidenta de la Nación y presidenta provisional del Senado, Victoria Villarruel. Nadie duda de su capacidad política. Con CFK tienen cosas en común, ambas son mujeres preparadas y ambas realizan acciones políticas con presencia y con ausencia, con opiniones y con silencios.
Villarruel fue capacitada por sectores políticos duros ideológicamente: procesistas liberales que añoran la presencia militar en todas las áreas y especialmente en la desregulación de la Economía. No son afines con Milei. El presidente está embarcado en una estudiantina anarcocapitalista. Lo dijo Mauricio Macri, “Es él, su hermana y las redes”. Por el contrario, los sectores que acunaron a Villarruel creen en el “Estado presente”, pero para expandir el poder de las Fuerzas Armadas y a la vez sostener un liberalismo conservador a lo clásico de la economía.
Jefa del “Partido Militar” que acecha a Milei y preparada “para todo” según sus propias palabras, se alista ante una salida temprana del presidente, al cual no le pone piedras, pero tampoco lo ayuda.
Políticamente fue formada por “usinas de pensamiento” anglosajonas, ultraconservadoras y ultra liberales, representante de corporaciones económicas transnacionales y locales, con las que tiene una envidiable línea directa que Milei no tiene. Por caso, el presidente, tiene como baza, un fuerte vínculo con sectores judíos y sionistas, pero que en realidad pertenecen a una pequeña minoría dentro de ese espacio de poder geopolítico. Ni siquiera su foto con Trump, representa una imagen de apoyo explícito, dado que en campaña, un candidato abraza a todo el mundo. Finalmente, su aliado Elon Musk, lo opera permanentemente con frases amorosas por la red "X" para obtener los contratos satelitales de internet en desmedro de Clarín.
“Habla de política afuera y adentro con empresarios y dirigentes clave”, asegura gente de su entorno. Sacar presidentes y poner vicepresidentes de los Gobiernos, es la especialidad que ha desarrollado en Hispanoamérica, los núcleos duros del poder. Algo que Javier sabe y por eso se protege retaceándole recursos cada vez que puede a sus proyectos de intervención en inteligencia, en las fuerzas armadas y en el poder legislativo.
Pero, en esta oportunidad nos convoca otra situación, más allá de la interna palaciega entre Vicky y Javier.
En estos días, Guillermo Montenegro, diputado libertario y principal operador político de Villarruel se alejó del entorno de la vicepresidenta en medio de un escándalo. Al parecer, Victoria se enteró de una situación comprometida entre el diputado con una concejal libertaria del norte del GBA siendo que Montenegro, se sabe desde hace tiempo, que tiene un vínculo personal cercano con la vicepresidenta.
Más allá de eso, Montenegro es un operador de primera línea, con importantes ramificaciones en comisiones clave dentro del Senado y con ascendencia en Diputados: transporte, inteligencia, relaciones internacionales: en este último punto, la designación de la edil fue lo que desató el escándalo, siendo la tercera en discordia.
El diputado ya no participa en las giras de la vicepresidenta por todo el país, donde además de visitar cuarteles, realiza reuniones con empresarios y sectores políticos junto a su edecana y mano derecha personal, Guadalupe Jones, hija del represor Juan Carlos Jones Tamayo, que falleció en diciembre pasado y que había sido condenado en 2022 a prisión perpetua múltiples homicidios agravados durante la dictadura. Ella también fue formada en “usinas de pensamiento” anglosajonas y es de perfil silencioso pero eficiente.
En sus viajes la vicepresidenta se saca fotos importantes. Se muestra dirigente, se muestra innovadora, se muestra bella y se muestra presidenciable. Custodiada por el ejercito y también por ex agentes de inteligencia militar que responden únicamente a ella. Ni siquiera reportan al presidente a quien miran con desdén.
Villarruel dialoga y arma. Se prepara. La caída en desgracia de Montenegro, de su entorno, no la amilana. Daña, por la importancia política y en lo personal, pero más allá de eso es resiliente. E implacable. En eso también se parece a Cristina Fernández, a quien ama y odia en partes iguales. O quizá no. Quizá la admira más de lo que se cree.


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