Llora el fútbol: falleció “El Flaco” César Luis Menotti

Tenía 85 años y había estado internado en un sanatorio porteño tras sufrir una "anemia severa". Fue el primer DT campeón del mundo y fue vital para el nacimiento de la Scaloneta. El Flaco, tras una notable carrera como futbolista, plantó bandera para que la Selección se ubicara como la prioridad

Actualidad 06 de mayo de 2024
nota 1 menotti

Acaso como un dejo luminoso, en la tristeza de la despedida, se pueda precisar el momento: César Luis Menotti, que murió ayer a los 85 años, disfrutaba, con toda seguridad, con este presente de la Selección Argentina. Y como personaje en segundo plano, ya que no tenía funciones ejecutivas, seguramente sintió que aquella dramática, inolvidable y vibrante jornada de Qatar fue la más completa reivindicación a sus ideas, a su prédica de décadas y a una manera de entender el fútbol en cuanto a fenómeno popular. Y cultural.

Uno puede quedarse en las mil y una anécdotas que el Flaco nos ofreció a lo largo de su extensa vida, personaje irrepetible que atravesó desde su Fisherton natal en el corazón de Rosario hasta las noches bohemias de Barrio Norte, donde se instaló desde los 70 hasta estos días. También podría quedarse en aquella “grieta” cavada en el fútbol argentino, tan amarga y divisoria como la que vivimos en los ámbitos históricos, políticos o sociales. Sería mezquino. Hasta los resultados del fútbol resultan secundarios ahora, a la hora de indicar un concepto: porque la valía de César Luis Menotti como un personaje imprescindible para la historia del fútbol –y el deporte argentino- trasciende a eso. Trasciende a los primeros Mundiales que gestionó para la albiceleste y trasciende a resultados ya más secundarios y olvidables en su último ciclo como DT, en distintos equipos. Y también trasciende a los mismos géneros que provocó esa grieta (“menottistas vs. bilardistas, o lorencistas un tiempo antes, en cuánto a distintas maneras de interpretar el juego).

Porque la consecuencia de Menotti DT va por otro lado. Después de un largo período de decepciones, cuando el fútbol argentino había perdido el rumbo y la distancia –física, táctica y técnicamente- con las potencias (fecha simbólica, Suecia 1958), mientras se navegaba entre la improvisación y la desorganización, Menotti plantó bandera para que la Selección se ubicara como la prioridad. Alrededor de su personalidad y su prédica, se se pudo construir una organización, que mantuviera la identidad de futbol argentino pero que, a la vez, estuviera a la altura de las exigencias modernas por la transformación del deporte: fundamentalmente por su entorno “industrial” y por los vertiginosos avances en la preparación física.

No había tanto misterio en cuanto a la propuesta, pero Menotti fue el primero que tuvo la decisión de concretarla, más allá de los dirigentes de turnos: se requería “scouting” no solo en inferiores, sino también en la amplia geografía del país. Y así formó la Selección del interior. Se rodeó de un sólido equipo (el maestro Duchini incluido), exigió que los jugadores tuvieran como prioridad la Selección Argentina –lo que le costó no pocos disgustos, las estrellas de River en el 76, por ejemplo- y lo fundamental: se armaron calendarios intensivos de enfrentamientos con los mejores equipos de la época. Había que demostrar que, físicamente, nuestros futbolistas estaban a la altura. La serie internacional del 77 en cancha de Boca fue el mejor test que pudo tener aquella generación para encarar la conquista mundialista del 78.

Ese sistema llevó a la Argentina a sus primeros títulos mundiales: los mayores en el 78 con la victoria final ante Holanda, los juveniles al año siguiente con Maradona como estandarte. También pudo ser Argentina la favorita en el 82 pero, entre la violencia de rivales y cierta energía perdida, la ilusión se diluyó. Menotti dejó la Selección después de ocho temporadas, asumió Bilardo con una propuesta técnica totalmente distinta pero –y esto es lo esencial- la Selección Argentina se mantuvo como prioridad.

Menotti asumió como DT en un país convulsionado y tuvo que dirigir en una época aún más dura, después del golpe del 76.

La gestión de Menotti acumuló múltiples detractores en el campo futbolero, que cuestionaban cada una de sus elecciones, su apuesta por jugadores nuevos (Ardiles podría ser el caso), pero que se diluyeron una vez que, con un plantel y una línea de juego definidas, la Argentina alcanzó el primer título de su historia.

En el crudo invierno del 78, en un país políticamente irrespirable y sin un atisbo de democracia, aquel grupo de 22 futbolistas atravesó derrotas, lesiones y dificultades, hasta que desplegó su máxima expresión en la final con Holanda (hoy Países Bajos), un 3-1 en el alargue, en una demostración de coraje colectivo, de la jerarquía ofensiva de Kempes y los suyos. Un triunfo épico.

Y en 1979 la primera gran solicitada que reclamó por los desaparecidos fue encabezada por su nombre. Cuando se produjo el golpe del 76, la Selección estaba de gira por la ex URSS, Polonia y Hungría. Según reveló Menotti décadas después (Revista XXIII) “los militares sabían todo sobre mí. Y todos los meses llamaban a Cantilo, el presidente de la AFA, para que me echara. Yo no lo conocía a Cantilo, a mí me había llevado el peronismo. Pero él me salvó, presenté la renuncia y me la rechazó. Fue el tipo más leal y de palabras de todos los dirigentes que conocí. Y me defendió cuando firmé la solicitada”.

En lo específicamente futbolístico, Menotti demostró que aquel fútbol que había postulado –“romántico y lírico” descalificado desde otro andarivel- podía ser igualmente exitoso si tenía la organización, las convicciones y la capacidad física para enfrentar a los mejores.

Las disputas con los estilos que llevaba con Bilardo son anecdóticas. Fue un grande. 

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