
Historia de un maestro asesinado

Por: R. Claudio Gómez, especial para Capital 24
Da gusto pasear por la ciudad y abrir los pulmones a ese aire lleno de identidad. Es cierto, hay jornadas de calor agobiantes que exceden el romanticismo, pero, cuando se puede, es un placer andar por esas calles verdes y floridas. En esa escala, la zona del Hospital Italiano y la calle 16, desde 44 a 50, resultan verdaderos universos de finos olores.
Y ese perfume el que indica que un año se va -está próximo a irse- y otro llega -ya llegó-. No es solo una cuestión de fechas, es la fragancia la que delata las condiciones de clausura de una época en lo que pasó, pasó, y el resto es porvenir.
Nadie lo sabe mejor que los estudiantes de las escuelas primarias que, al venir la primavera, ven, distraídos, cómo se empieza a colar febo por las ventanas. Igual que un rayo de ilusión a las venturas de las próximas vacaciones. Pero habrán de volver y ese último domingo, previo al final del receso, a eso de las 20, se convierte en una de las peores sensaciones que un ser humano puede experimentar. Llueve la angustia; angustia la reticencia de volver al guardapolvo y, con esa prenda blanca, a los deberes. Compromisos asumidos con los que se debe cumplir.
La educación primaria es obligatoria. Más de 200 escuelas de la ciudad esperan el próximo 2 de marzo la llegada de las pibas y los pibes, en el repetido y recordado ritual de la recepción del flamante ciclo lectivo.
Es curioso que la vuelta a clases sea, en general, un martirio infantil. Todos hicimos la primaria, al menos muchas y muchos, desde 1884, cuando irrumpió, con fortuna, la Ley de Educación Común. Sin embargo, es más fácil encontrar un Pokemón con el celular que a algún chico a quien agrade el regreso a las aulas. El resto es resignación, pura resignación.
Me contó un amigo que este no es un problema de la actualidad. Me dijo que, por el contrario, hay que rastrearlo, al menos en Occidente, bastante más atrás, en las culturas griegas y romanas. “Ahí sí los pibes sufrían a la escuela, más que a la escuela a sus maestros”, aseguró.
Me contó una historia al respecto. La espeluznante historia de Casiano. Una historia donde los útiles escolares se convierten en instrumentos feroces y mortales.
La crónica -relatada por Prudencio, en Roma, durante las persecuciones religiosas- expone que “Casiano era maestro de primaria y no demasiado amable con sus discípulos. Dirigía las tareas de los más pequeños, les enseñaba a escribir al dictado y solía infligirles duros castigos. Azotados a diario, sus alumnos incubaron una peligrosa mezcla de miedo, violencia y resentimiento”.
Lo cierto es que, por negarse a los dioses paganos, Casiano fue detenido. Según Prudencio, las autoridades romanas decidieron entregarlo, sin manto y con las manos atadas a la espalda, nada menos que a sus estudiantes.
“Todos dejan escapar con ansia la hiel y el odio que habían ido almacenando en forma de ira silenciosa. Lanzan y rompen, contra la cara de su maestro, frágiles pizarras y el puntero salta al chocar su frente. (…) Doscientas manos pinchan, a la vez, su cuerpo; unos penetran en alguna víscera, otros le arrancan la piel”, escribe Prudencio.
Quizás de aquellos viejos castigos a los estudiantes, que en algunos países se extendieron con fiereza hasta bien entrado el siglo pasado, debamos el rechazo al colegio. O, tal vez, porque nadie quiere asumir su condición de asesino en potencia, porque la tiza ya no es letal.
Ahora, las maestras, grandes heroínas de una era que les exige esfuerzos sobrehumanos, son más buenas que Casiano. No sé si será cierto. Me lo contó un amigo.


Hoy se presenta la muestra “Permanecer en la orilla” en el Teatro Argentino de La Plata
Región20 de marzo de 2026
La UNLP participará de un proyecto internacional para desarrollar tratamientos contra el Chagas
Región20 de marzo de 2026





La Plata tendrá una cargada agenda de actividades por la Semana de la Memoria
Región19 de marzo de 2026


Cuando la corrupción mata: 34 acusados por fraude a IOMA con medicamentos oncológicos, a juicio
Región20 de marzo de 2026



