Malvinas: 61% ve oportunismo en el giro soberanista de Milei

Una encuesta nacional de MYF Consultora revela que seis de cada diez argentinos atribuyen el cambio de Milei sobre Malvinas a conveniencia política. La cadena tuvo enorme alcance, pero no logró fabricar credibilidad soberanista: para buena parte del público, detrás de la bandera todavía asoma la campaña.
Política 07 de septiembre de 2026

nota Javier Milei quiso envolver su giro sobre Malvinas en celeste y blanco, pero la operación encontró un problema bastante argentino: el público conoce al actor. El 61,1% cree que el cambio de postura del Presidente responde principalmente a conveniencia política y apenas el 24,7% lo atribuye a una convicción. El dato surge de una encuesta nacional de MYF Consultora, realizada entre el 4 y el 6 de septiembre sobre 1.000 personas de 16 a 75 años, con un margen de error de +/-3,1%.

No es un detalle. El Gobierno consiguió que el discurso llegara: el 90,3% sabía de la cadena nacional. Lo que no consiguió fue controlar cómo debía interpretarse. Entre quienes la conocían, 44,6% vio medidas concretas y 44,2% declaraciones generales. Y cuando MYF preguntó cuál había sido el objetivo principal, 35,9% eligió la defensa de la soberanía y 34,5% marketing o posicionamiento electoral. Prácticamente un empate entre Malvinas y campaña.

 

El problema no es la bandera, es quién la sostiene

La explicación está menos en las Islas que en la biografía política reciente del mensajero. Milei construyó su política exterior alrededor de un alineamiento explícito con Estados Unidos e Israel y buscó aproximar a la Argentina al universo estratégico occidental. Ese recorrido no invalida por sí mismo una política soberana sobre Malvinas. Pero vuelve mucho más difícil vender un repentino nacionalismo sin que una parte importante del público pregunte qué cambió y, sobre todo, por qué ahora.

La encuesta muestra exactamente esa desconfianza. Entre quienes aprueban al Gobierno, 57,9% interpreta el giro como convicción. Entre quienes lo desaprueban domina la lectura de conveniencia. Milei no logró convertir Malvinas en una zona neutral: llevó hasta las Islas la misma grieta que organiza su liderazgo.

Hay otro dato incómodo. El 43,7% dijo que los anuncios no modificaron su imagen del Presidente, pero 36,5% afirmó que empeoró y sólo 17,9% que mejoró. Es decir, la cadena tuvo enorme conocimiento público, pero el saldo de imagen entre quienes cambiaron de opinión fue claramente negativo.

La oposición tampoco recibe un cheque en blanco. El 55,1% cree que será crítica del proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional principalmente para hacer campaña, mientras sólo 25,1% espera que actúe con responsabilidad institucional y acompañe la política de Estado. Y, pese a la sospecha sobre ambos lados, 57% estima que la iniciativa terminará aprobándose en el Congreso.

Ahí aparece la paradoja. Malvinas conserva una potencia que excede a Milei y a sus adversarios, pero justamente por eso apropiársela electoralmente tiene límites. Se puede anunciar sanciones, endurecer discursos y llenar una cadena nacional de soberanía. Lo que no se puede decretar es credibilidad.

La sociedad no come vidrio. Puede acompañar una medida concreta sobre Malvinas y al mismo tiempo sospechar del hombre que la anuncia. Milei quiso cambiar de libreto sin cambiar de personaje y el público parece haber reconocido la maniobra. En política exterior las banderas importan, pero también importa quién las levanta. Y el 61,1% acaba de avisarle al Presidente que, por ahora, debajo de la celeste y blanca todavía le ve la campaña.

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