Mery D’Agostino, la cantante platense suelta por Madrid: “Salir de la zona de confort vale la pena”

Hace dos años viajó a Italia para tramitar su ciudadanía y se enamoró de un pequeño pueblo. Canta desde sus dos años y ahora vive de la música. Desde Madrid, nos cuenta su historia en exclusiva para Capital 24.

Sociedad & Cultura 15 de enero de 2024
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María Celeste D´Agostino, más conocida como “Mery”, tiene 34 años. Estudió la carrera de abogacía en la UNLP. “En mi familia son todos abogados, mi padre ha sido legislador y tengo familiares en la Justicia y si bien nadie me obligó a estudiar Derecho, lo hice”, le cuenta a este diario.

 - ¿Cómo fue que decidiste dejar todo y dedicarte a la música?

 - Canto y bailo desde los 2 años. Tengo una parte creativa y artística muy desarrollada. A los 10 años, me pasaba todo el día grabando canciones en la casa de mis abuelos. Mi gran pasión en la vida es la música. Esta contradicción de mi parte racional, de haber estudiado derecho por un lado, y del arte, con un bagaje de creencias que tenía en el inconsciente sobre que no podía vivir del arte me llevó mucho procesar que me quería dedicar a esto sin importar el precio que iba a tener que pagar por perseguir mis sueños. Durante 8 años estuve haciendo los papeles de la ciudadanía que en la Argentina no me salían hasta que un día decidí irme a Italia a tramitarla y con ello tomé la decisión de decir ‘hasta acá va a ser mi vida estructurada de abogada’. Fue medio disruptivo romper todos esos patrones e ir por mi sueño, que era poder vivir de la música.

 - ¿A qué artistas admirás y qué esperás de vos en tu carrera?

 - Siempre fui fanática de Britney Spears, admiro mucho a Lady Gaga por su historia personal, la calidad de artista y a Taylor Swift. También me encantan Bon Jovi, Aerosmith. 

 - ¿Cuál fue el primer país al que llegaste y que sentiste al tocar tu primer tema en la calle?

 - Elegí una ciudad para tramitar mi ciudadanía que se llama Gaeta, que es un pueblo muy chiquitito, que fue el lugar más lindo en donde vivir toda mi vida, fue como un cuento. Ahí viví seis meses: el trámite lo hice con dos amigas, no podíamos viajar mucho por la Pandemia así que tuvimos que hacer un curso del idioma italiano para justificar la entrada a ese país. Respecto al COVID, yo no tenía la vacuna que ellos aceptaban pero disfruté mucho vivir en Italia y ahí se me despertó esta gran pasión que es ser “artista callejera”. Fue algo que descubrí haciéndolo por primera vez. Siendo ya residente italiana, pido un permiso para tocar en la calle y no tenía amplificador en ese momento, y me iba con una guitarra y un atril, me llevaba un bolsito y ahí descubrí un mundo nuevo. Canté siempre en el mismo lugar, frente a una Iglesia, con el mar detrás. Ese fue mi primer acercamiento a cantar en la calle y dije: esto es lo que quiero hacer.

 - ¿Cómo es la recepción de la gente y la repercusión de tu arte?

 - Por suerte, siempre fue muy buena. La gente se para a escuchar. En Madrid estuve cantando en el Metro, algo que pensé que jamás iba a hacer en mi vida. Irme tan lejos de la zona de confort, donde nadie me conoce, me hace animarme más a mostrarme tal cual soy: es un trabajo interno que sigo haciendo y antes de cantar, me agarran nervios. A mi me gusta mucho cantar en inglés, y en Italia se copaban un poco más con el artista callejero. En España no está tan valorado como en otros países. Hay gente que se ha parado a decirme que le gustaba mi voz y eso me da mucha satisfacción. 

 - ¿Te has encontrado con argentinos en tu misma situación?

 - En esta aventura de migrar, no solo por venirme a cumplir un objetivo de vida relacionado a lo artístico, en este camino me encontré a muchos argentinos que dejaron nuestro país. Conocí muchas historias de vida, eso me abrió mucho la cabeza: muchos artistas que vienen con sus sueños en la mochila. El desarraigo, tener crisis existenciales, dejar atrás la familia, los amigos y estar lejos tiene muchos altibajos. Venirme a Europa sin nada, fue difícil: trabajé de lavacopas, de niñera, de teleoperadora, en casas de ropa, en cafetería, tengo mi obra de teatro musical con la que hoy estoy de gira. Y me pasa, al estar en el escenario, que digo ‘esto es lo que quería’ aunque el precio sea muy alto. Hay que saber trabajar la frustración, persistir, muchos ‘no’ y con muchas personas compartimos que nos pasa lo mismo.

 - ¿Qué es lo que más extrañás de la Argentina y lo que no?

 - A mi familia y a mis amigos y después la comida. Si bien en Italia y en España se come muy bien, no hay nada como la comida argentina: una milanesa, un buen asado, lo que hay alrededor de la comida: en Argentina la comida convoca y reúne y eso acá no lo tengo. También extraño juntarme con amigos a tomar mates: esos pequeños choques culturales se sienten. Lo que no extraño es la burocracia y lo mal que maneja la gente.

 - ¿Te vas a quedar allá? ¿Cuáles son tus planes?

 - Después de haber vivido en Gaeta y en Málaga, en la playa y en la montaña, me di cuenta que me gusta la tranquilidad y la naturaleza para despertar mi lado creativo. Me agobia la cantidad de gente que hay en Madrid pero todo artista te diría que acá está el centro de todo lo artístico, la industria musical. No sé cuánto tiempo más me quedaré acá, estoy intentando aplicar para trabajar en cruceros como cantante, quiero tener esa experiencia. Hace dos años que no voy, en este tiempo tuve nueve mudanzas que fueron un desgaste energético y necesito ir a mi país para continuar con este proyecto que tengo.  

 - ¿Cómo es hacer música en otro país? 

 - Es difícil porque cuando vivía en Argentina conocía a otros colegas. Acá es como haber comenzado desde ‘menos diez’, yendo a ver a bandas. La música que se escucha en España es diferente. A mis compañeros de comedia musical les muestro cumbia villera y rock nacional y les encanta. Estuve recorriendo Italia, la Costa Amalfitana, Roma, Nápoles, Málaga, recorrí el sur de España y ahora en Madrid. 

 - ¿Qué sentís cuando la gente se detiene para verte cantar?

 - Me agarra una emoción muy fuerte: yo creo que todos los artistas en el fondo tenemos grandes inseguridades, necesidad de ser vistos. A mí me reconforta el alma poder hacer arte callejero. He llegado a lagrimear un poco porque me genera un poco de orgullo. 

 - ¿Cuál es tu sueño?

 - Qué buena pregunta. Mi sueño es vivir de la música, aprender a tocar el piano para seguir componiendo y la guitarra eléctrica y hacer ‘solos’ porque hay una rockera innata en mí. Mi objetivo es crear mis propias canciones, contar historias. Quiero seguir mirando la vida con entusiasmo, con alegría, como si fuera una niña: siempre voy por la calle cantando. 

 - ¿Qué experiencias te quedan de todo lo que estás construyendo como artista?

 - Me llevo muchas experiencias que me van a quedar grabadas en el corazón: cantar en la calle, mis canciones, haber hecho shows acústicos. De haberme quedado en la Argentina, no las habría tenido. Conocer historias distintas, de personas que la están remando mucho. Cuando nos animamos a salir de la zona de confort, el precio es alto, pero vale la pena.

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